La clave del 28-A, el éxito o el fracaso de Rivera

Ciudadanos tendrá éxito en las elecciones si con sus diputados suma con PP y Vox y si lo hace también con el PSOE, aunque no sobrepase a los populares

Foto: Albert Rivera. (EFE)
Albert Rivera. (EFE)

Hoy es un día especialmente importante para Ciudadanos. Silvia Clemente, expresidenta de las Cortes castellanas por el PP y que ha abandonado ese partido, apoyada por la mayoría de los dirigentes liberales, se ha impuesto por un puñado de votos a Francisco Igea, al parecer, muy arropado por la militancia.

Este episodio de desentendimiento interno en Cs es expresivo de una situación inestable en su plana mayor e indiciario de una cierta divergencia de criterios. Pareciera que el gran desafío del 28-A pesa demasiado sobre las espaldas de los naranjas entre los que empieza a cundir el nerviosismo.

No es para menos porque lo que pueda ser –en su viabilidad y en sus características- la próxima legislatura depende en muy buena medida de los resultados que obtenga Cs el 28-A. Se dan en este periodo preelectoral algunas certezas.

Por ejemplo: 1) ganará el PSOE con un número de diputados que superaría con holgura el centenar, 2) está amortizado el descalabro del PP que difícilmente obtendrá 90/95 escaños, 3) el descenso de Podemos será de vértigo y perdería la mitad de sus efectivos parlamentarios y 4) la fuerza emergente será Vox. Esas certezas genéricas enmarcan las previsiones del 28-A y contextualizan la gran pregunta: ¿qué resultados obtendrá Ciudadanos?, ¿el número de sus escaños colmará o no las expectativas que se han ido creando? Parece improbable que Cs sobrepase al PP.

Todo lo que no sea doblar el número de escaños de la legislatura pasada estará por debajo de las expectativas y Rivera tendrá un problema

Hay una métrica para determinar si Rivera logra o no sus objetivos el 28-A. Si Cs obtiene un número de escaños que sume mayoría absoluta con el PP y Vox, será un éxito. Si Cs logra un número de diputados que, con los del PSOE, permita un gobierno de coalición, el líder catalán también conseguiría un logro significativo. Si ninguna de esas dos hipótesis se cumple, el envite electoral habría sido un fiasco para Cs.

En otras palabras, todo lo que no sea doblar el número de escaños de la legislatura que acaba de terminar (32) estará por debajo de las expectativas y Albert Rivera tendrá un serio problema.

Por razones muy distintas, tanto el PP como el PSOE observan con inquietud la trayectoria de Cs. Los populares creen que un buen resultado de los naranjas daría para reiterar la fórmula de gobierno andaluza. Y amplios sectores del socialismo desean que una suma suficiente entre sus escaños y los de Cs permita que Sánchez no tenga que volver a depender de los independentistas, o que ante una fragmentación irreductible opte por repetir las elecciones.

Rivera y la ejecutiva de su partido acordaron que no negociarán en ningún caso un posible Gobierno con el PSOE de Sánchez. Está por ver si esa decisión es táctica, para evitar la fuga de votos por la derecha, o es estratégica. Si la ecuación PSOE + Ciudadanos permitiría el 28-A la formación de un Ejecutivo con mayoría absoluta, la presión sobre Rivera para que se formalice una coalición con Pedro Sánchez –con él o sin él en el Gabinete- va a ser constante y muy potente. España, ciertamente, necesita un gran carril central por el que circulen las políticas de Estado y se evite así la polarización y el enfrentamiento entre bloques antagónicos.

Arrimadas, que será cabeza de lista por Barcelona, podría ser el comodín para una operación con el PSOE si dan los números para un entendimiento

En estas circunstancias, y teniendo en cuenta las pésimas relaciones políticas y personales entre Sánchez y Rivera, adquiere una gran relevancia la figura de Inés Arrimadas que el propio presidente de Cs ha introducido en la oferta electoral del próximo 28 de abril. La líder catalana, que será cabeza de lista por Barcelona, podría ser el comodín para una operación con el PSOE si dan los números para un entendimiento, manteniéndose Rivera al frente del partido y en posición vigilante.

Algunos dirigentes importantes de Cs –y la mayoría de los intelectuales que inspiraron la fundación del partido- están por no excluir al PSOE de una posible política de pactos. Entienden, con razón, que no basta con apelar a Sánchez para que no pacte con los independentistas, sino que, además, hay que ofrecerle una alternativa para que no lo haga.

Ciudadanos y Rivera, tendrán que revisar sus decisiones con los resultados electorales en la mano. Con los propios, pero también con los ajenos. Y valorar si, sea por razón de un éxito, o por la concurrencia de un fracaso, el partido tiene que alterar sus planteamiento tácticos y de fondo.

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