Casado se impone a Rivera y Sánchez barre a Iglesias

La jornada de ayer resultó razonable para Sánchez, al que se le escapó Madrid; salvó de la quiebra al PP de Casado; devolvió a la realidad a Rivera, y sentenció la suerte de un Iglesias abrasado

Foto: Sánchez y Borrell. (Reuters)
Sánchez y Borrell. (Reuters)

El 26-M ha sido reparador para Pablo Casado tras el descalabro del PP el pasado 28-A. Los populares, con Ciudadanos y Vox, sumaron mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Madrid y retuvieron, con la misma ecuación, la Asamblea de la Comunidad de Madrid. En las elecciones europeas, lograron 12 escaños (incrementaron en más de tres puntos el porcentaje de las generales) y, en conjunto, el primer partido de las tres derechas salvó los muebles y mediatizó el que podía haber sido un ciclo imparable de poder central y territorial del PSOE de Sánchez.

Pero eso no fue todo: el presidente del PP se impuso a las ansias de sorpaso de Albert Rivera, que se quedó muy lejos de sus objetivos. Los de Ciudadanos perdieron fuelle desde las pasadas generales y no superaron a los conservadores en ninguna de las tres urnas. Resultó especialmente llamativo que, en circunscripción única y, por lo tanto, sin necesidad de estructura territorial, la lista europea de Luis Garicano obtuviese solo siete escaños, uno más que Unidas Podemos. De tal manera que Rivera, al final de este largo trayecto electoral, no ha logrado ninguno de sus objetivos: ni liderar la derecha ni colocar a alguno de sus líderes en el cajón más alto del podio.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera (c), con el resto de su equipo. (EFE)
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera (c), con el resto de su equipo. (EFE)

Parece inevitable que, allí donde sea posible, los tres partidos de la derecha —incluido el ultra Vox, que se ha convertido en imprescindible— implanten la 'fórmula andaluza', aunque las formaciones de Rivera y de Abascal impongan una negociación global para que el mapa del poder allí donde puedan obtenerlo implique un reparto de competencias, influencias y visibilidades con el PP. Empieza para los tres partidos —y en particular para PP y Cs— una fase de profunda reflexión y reformulación de sus respectivos proyectos. Rivera, seguramente, repensará su táctica de asaltar el liderazgo derechista y los conservadores tratarán de reabsorber el radicalismo de Vox con un discurso más integrador, transversal y moderado.

Sánchez no pudo ayer ofrecer trofeos llamativos. El PSOE ganó brillantemente las europeas (20 escaños), retuvo sus feudos autonómicos y mejoró posiciones en otros muchos, así como en municipios importantes. Pero, de nuevo, Madrid —comunidad y capital— se le escapó de las manos. Aunque el esfuerzo de Ángel Gabilondo fue enorme, no resultó suficiente, porque al espectro del electorado a su izquierda (el que dominan UP y Más Madrid) le faltó energía y unidad de acción. Pablo Iglesias fue, claramente, el líder derrotado. Lo fue en la Comunidad de Madrid, en donde Errejón le batió ampliamente. Y de no haber sido por la candidatura de Carlos Sánchez Mato en la ciudad —que Iglesias animó a votar a última hora—, quizás hoy Carmena seguiría en la alcaldía de Madrid. Muchos 'ayuntamientos del cambio' —uno de los grandes éxitos de UP en las pasadas municipales— se vinieron abajo y los morados perdieron posiciones en todos los demás municipios y autonomías en los que ostentaban representación. Un desastre.

Casado se impone a Rivera y Sánchez barre a Iglesias

El actual presidente en funciones y secretario general del PSOE no tiene ni en Iglesias ni en su partido un contrafuerte. En estas circunstancias, el líder morado queda barrido por el socialista. El Gobierno de coalición se aleja y aunque los 42 escaños de UP en el Congreso siguen siendo imprescindibles, la organización se ha fragilizado por completo. Su capacidad de presión sobre el inquilino de la Moncloa ha disminuido drásticamente, aunque no haya desaparecido. Iglesias, que regateó la quiebra electoral el pasado 28-A, no ha logrado zafarse de la crisis que atenazaba su partido en los comicios de ayer. Sus resultados fueron malos —en algunos casos, pésimos—, de tal modo que la ebullición crítica en Unidas Podemos alcanzará pronto perfiles revisionistas y es muy posible que Iglesias deba dar un paso atrás. Definitivamente, la química UP-PSOE no funciona y el dirigente morado ha dejado de aportar. Resta, mientras que dirigentes que fueron fundacionales de su organización (Errejón) conservan considerables opciones de futuro y más serias posibilidades de cooperación con el socialismo.

La jornada de ayer resultó, en términos de balance, razonable para Sánchez, al que se le escapó el poder en Madrid; salvó de la quiebra al PP de Pablo Casado, que podrá continuar al frente del partido aunque con cambio de caras y de discurso; devolvió a la realidad a un Rivera que perdió su sitio político hace muchos meses, y sentenció seguramente la suerte de un Pablo Iglesias abrasado por la crisis interna de UP y, ahora también, por la electoral.

Las cuatro fuerzas más importantes de España deben reflexionar, finalmente, sobre el gravísimo cariz que para el régimen constitucional están tomando los acontecimientos electorales en Cataluña. La lista independentista de ERC con Ernest Maragall ganó en Barcelona. Y Junqueras y Puigdemont obtuvieron actas en el Parlamento de la Unión Europea. La cuestión catalana no solo no remite sino que, siendo realistas, debemos reconocer que se agudiza.

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