Madrid Central, el Orgullo y la ofensiva del "carmenismo"

La nueva izquierda madrileña tiene como referencia a Manuela Carmena y como gestor político a Íñigo Errejón, tras un cuarto de siglo de impotencia electoral del PSOE en la capital y en la comunidad

Foto: Más Madrid convoca una concentración en apoyo a Manuela Carmena. (EFE)
Más Madrid convoca una concentración en apoyo a Manuela Carmena. (EFE)

El PSOE madrileño lleva ofreciendo síntomas de impotencia electoral desde hace casi un cuarto de siglo. Tuvo que ser "Ahora Madrid" de Manuela Carmena, apoyada en 2015 por Podemos, la plataforma que recuperase para la izquierda el Ayuntamiento de la capital de España que, en buena medida por falta de empuje de la lista socialista, perdió —aun siendo la lista más votada el pasado 26 de mayo. El legado de la magistrada jubilada ha sido el "carmenismo" que se ha reunido en la plataforma Mas Madrid, enfrentada a Unidas Podemos y bien avenida con el partido socialista y con la que Íñigo Errejón ha ganado ampliamente la partida a Pablo Iglesias el pasado 26 de mayo.

La candidatura autonómica de Mas Madrid obtuvo en las pasadas elecciones 471.538 votos y 20 escaños en la Asamblea de Vallecas, cuarta fuerza política, frente a los 179.046 de Unidas Podemos que se quedó en siete escaños. En conjunto, los que tenía en la anterior legislatura, pero repartidos con una significación política e ideológica muy diferente. Errejón quiere encarnar una izquierda verde, urbana, "amable", que gestiona la "vida de la gente" y que se maneja con un lenguaje desprovisto de la agresividad y hostilidad tradicionales en Iglesias y Montero.

Que en la misma medida en que ambos consideraron un "traidor" a su excompañero, se distanciaron de Manuela Carmena hasta el punto de prescribir en las últimas horas de la campaña el voto a Sánchez Mato para la alcaldía de la capital. Sin embargo, la exalcaldesa logró el 26-M el 30,94% de los sufragios y 19 concejales y el candidato del secretario general de UP no superó el 3% de los votos.

El PSOE, no ayudó: solo mantuvo sus resultados en el parlamento autonómico (37 escaños) y Pepu Hernández, candidato socialista al Ayuntamiento, escogido por el mismo Pedro Sánchez, no aguantó la posición y perdió un concejal (se quedó en 8) respecto de los que obtuvo en 2015 Antonio Miguel Carmona. La fuerte emergencia de Carmena-Errejón (el "carmenismo" como expresión de una izquierda que ya se adjetiva de "madrileña") no ha contado, en la mejor situación del PSOE de los últimos años, con un estirón electoral socialista suficiente para impedir que las tres derechas sumasen mayoría absoluta en la ciudad y en la comunidad.

Inicialmente, los resultados provocaron una desolación que esa izquierda ha comenzado a remontar con la posibilidad –remota pero no inverosímil- de que Vox no se pliegue ante Ciudadanos en la negociación del pacto del Gobierno autonómico, y, sobre todo, con la utilización simbólica y muy política de la defensa del mantenimiento de Madrid Central —el logro más reconocible de la gestión de Carmena— y la exclusión de los actos del Orgullo no solo del PP, sino también, y muy expresamente, del partido de Rivera.

El "carmenismo" como expresión de una izquierda que ya se adjetiva de “madrileña” no ha contado con el estirón electoral socialista


Las derechas han manejado mal los dos asuntos. En los pactos paralelos del alcalde popular con Vox y Cs (punto 44 en los documentos de ambos) se mantienen propuestas contradictorias respecto de Madrid Central. Martínez Almeida y Begoña Villacís, además de acordar una moratoria de multas que comenzará el lunes, se proponen revisar esa área de la ciudad pero sin el propósito de liquidarla. El alcalde y Ortega Smith, sin embargo, acuerdan "acabar con la política de prohibiciones y restricciones de los últimos cuatro años de Madrid Central" y apuntan a un soterramiento del tráfico en la Gran Vía.

Ahora bien, ¿cómo son de compatibles los dos acuerdos entre sí? Difícilmente, y por eso, el "carmenismo" —o sea, esta nueva izquierda madrileña— saldrá hoy a la calle (de la plaza de Callao a la de Cibeles) para reivindicar determinadas políticas a través de la exigencia de mantener Madrid Central, cuya reversibilidad, por otra parte, sería especialmente dificultosa si es que el nuevo Ayuntamiento la termina por abordar. Se generarían contradicciones muy complicadas.

Pero el próximo sábado, cuando culmine con el desfile el Orgullo por el centro de Madrid, esa misma izquierda (que hoy en Barcelona no admitirá tampoco a los partidos de la derecha), recuperará de la hemeroteca reciente la propuesta de Vox de trasladar los festejos LGTBI a la Casa de Campo, esgrimiendo, además, que en su pacto con el PP se contempla potenciar las celebraciones de la Navidad y la Semana Santa en Madrid. El "carmenismo" trataría así de apoderarse simbólicamente de acciones gestoras del anterior consistorio como es Madrid Central, y de retirar a los tres partidos que controlan el Ayuntamiento de la capital la credencial de tolerancia y modernidad que implican las políticas amigables con el movimiento LGTBI.

El PP y Cs —Vox también, pero de manera diferente— se enfrentan a una ofensiva que, aunque evidente en sus intenciones, es también sutil porque no ofrece apariencia de identidad ideológica sino que se muestra transversal, con ese estilo de Manuela Carmena que tanta huella ha dejado en la ciudad, marcando una muesca en la forma de gestionar diferente de la convencional. Hoy por hoy hay causas (la sostenibilidad urbana, la movilidad en las ciudades, la integración de la diversidad) que ningún partido político, con sus propias formulaciones, puede marginar porque, con mayor o menor intensidad, responden a demandas sociales auténticas. El "carmenismo" tiene su referente en la exalcaldesa y su nuevo gestor político en Errejón que, no se olvide, ha batido a Iglesias sin contemplaciones. Y no pretende "asaltar los cielos" sino atenerse a la realidad de las aspiraciones ciudadanas.

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