Buch y los Mossos, la dignidad y el miedo

El consejero de Interior catalán es de los que tiene su nivel de dignidad por encima del nivel de su miedo. Y el miedo tiene un nombre ahora en Cataluña: "Botifler"

Foto: El 'coseller' de Interior, Miquel Buch (c), el director general de Policía, Andreu Martínez (d), y el jefe de los Mossos d'Esquadra, Miquel Esquius (i). (EFE)
El 'coseller' de Interior, Miquel Buch (c), el director general de Policía, Andreu Martínez (d), y el jefe de los Mossos d'Esquadra, Miquel Esquius (i). (EFE)

Se ha escrito que siempre habrá soledad para aquellos que son dignos. Miquel Buch, consejero de Interior del Gobierno de Quim Torra, parece un hombre digno porque se muestra solitario en el ejercicio responsable de sus funciones públicas en la Cataluña devastada por la fiebre insurreccional. Afirmar tal cosa de un político, que aceptó en mayo de 2018 entrar en el Gabinete del presidente vicario de la Generalitat de Cataluña, podría resultar arriesgado porque cada cual se define por sí mismo y por sus circunstancias y la de este hombre de 44 años, expresidente de la Asociación de Municipios por la Independencia, acarrea una tan tremenda como es la que constituye estar inmediatamente próximo y bajo las órdenes de la magistratura del actual inquilino de San Jaime.

Cuando el propio Torra y los dirigentes de los partidos separatistas —en un ejercicio desvergonzado de complicidad con las asonadas callejeras de estos días— reclaman cuentas a su propia policía y exigen para sus efectivos medidas disciplinarias y hasta acarician la idea de una comisión parlamentaria de investigación sobre el comportamiento de los Mossos en los últimos disturbios, Miquel Buch defiende al cuerpo de la policía integral de Cataluña, respalda a sus mandos y se enfrenta abiertamente a su presidente y compañeros de partido que, en una cotidiana labor de destrucción de la institucionalización catalana, desean domeñar su propósito y el de los Mossos de cumplir con su deber.

Según informaciones del todo fiables, Torra desearía cesar a Buch con tanta intensidad como los manifestantes que le insultan exigen su destitución. El consejero de Interior se ha impuesto a su propio presidente y ni ha sido cesado ni ha renunciado al cargo. También culebrean otras versiones poco creíbles en atención a los acontecimientos y según las cuales Torra y Buch estarían repartiéndose los papeles. El 'president' adularía a la marabunta de los CDR y demás compañía y el consejero satisfaría a los ámbitos cívicos a los que horroriza la deriva del separatismo. Es posible que sea así, pero es preferible aferrarse a la tesis según la cual hay hombres que sobreponen el servicio público y el cumplimiento de la ley a las pulsiones estrictamente ideológicas y emocionales.

Miquel Buch, a la izquierda, junto a Pere Aragonès (centro) y Quim Torra, en una reunión del Govern. (EFE)
Miquel Buch, a la izquierda, junto a Pere Aragonès (centro) y Quim Torra, en una reunión del Govern. (EFE)

Si los Mossos d'Escuadra no estuvieran bajo la responsabilidad de Miquel Buch, que garantiza, además, la coordinación con la Policía Nacional y la Guardia Civil, resultarían inevitables medidas extraordinarias, fuera el 155 o cualquiera otra que asegurase que 17.500 hombres y mujeres armados servían a las leyes y a la sociedad y no se constituían en instrumentos de esa suerte de revolución que propician las instituciones de Cataluña dominadas por el separatismo. Es perceptible, casi obvia, la irritación que provoca la policía catalana por el simple hecho de atenerse al cumplimiento de su obligación. Los Mossos, como servicio policial, están siendo estigmatizados por el independentismo institucional y por el callejero. Miquel Buch se merece un respeto por estar ahí, en una tesitura que para él ha de ser difícil, aunque muy pedagógica porque mostraría cómo puede conciliarse la aspiración independentista con el mandato legítimo de cumplir la ley.

En el País Vasco no tuvimos consejero de Interior más activo contra la banda terrorista ETA que el muy nacionalista Juan María Atutxa. Lo fue durante toda su gestión entre 1991 y 1998, dirigiendo la Ertzaintza. Los terroristas quisieron asesinarle y recibió toda clase de descalificaciones. La diferencia con Buch es que, aunque algunos sectores del PNV deseaban que ofreciese un perfil "más bajo", nunca fue desautorizado por el 'lehendakari' Ardanza ni por el grupo parlamentario nacionalista. Tampoco por el EBB del PNV. Y si alguien duda de su acendrado nacionalismo, que recuerde cómo ejerció de presidente del Parlamento Vasco (1998-2005) y cómo comanda ahora la Fundación Sabino Arana.

Hoy se celebra en Barcelona una gran concentración separatista. Mañana, otra constitucionalista. La responsabilidad de mantener el orden público, por una parte, y de amparar los derechos de manifestación y expresión, por otra, corresponde a los Mossos d'Escuadra y, por lo tanto, es también responsabilidad de Miquel Buch. Ese cuerpo policial, contemplado en el Estatuto de Cataluña y regulado por una ley del Parlamento autonómico, no podría comportarse, tal y como quieren los insurrectos con Torra al frente, como un instrumento para facilitar los planes de la secesión, como policía política para coaccionar a los disidentes del independentismo o como amenaza armada contra el Estado.

Y ese peligro existía y en ese riesgo querían incurrir algunos ineptos, descerebrados o revolucionarios insensatos. Miquel Buch parece que se comporta, por ahora y hasta que pueda, con una contención lúcida e imprescindible que debe ser reconocida. Porque, además, y en frase de Chillida, el consejero de Interior catalán es de los que tiene su nivel de dignidad por encima del nivel de su miedo. Y el miedo tiene un nombre ahora en Cataluña: "Botifler".

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