La renuncia de Sánchez

Las razones para que Casado apoye a Sánchez, las derribó el propio socialista en su discurso de renuncia al escaño el 29 de octubre de 2016 para no tener que abstenerse en la investidura de Rajoy

Foto: Pedro Sánchez, en su escaño en el Congreso de los Diputados. (EFE)
Pedro Sánchez, en su escaño en el Congreso de los Diputados. (EFE)
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Pedro Sánchez exhibe una trayectoria de notables singularidades. Fue el primer secretario general del PSOE destituido por el Comité Federal de su partido (octubre de 2016) y el primero también que recuperó el puesto tras unas elecciones primarias (mayo de 2017) convocadas por una comisión gestora.

El líder socialista es el único candidato a la presidencia mandatado por el jefe del Estado que se ha apuntado dos investiduras fallidas (mayo de 2016 y julio de 2019). Es también el primer presidente del Gobierno que ha accedido a la magistratura que ahora ostenta en funciones tras prosperar una moción de censura constructiva (1 de junio de 2018) apoyada por todos los grupos nacionalistas e independentistas y, entre otros registros, es el primer candidato 'in pectore' a la presidencia del Ejecutivo que ha firmado un preacuerdo con Unidas Podemos para conformar un inédito Gobierno de coalición en la democracia española. Y, en fin, es el presidente que convoca elecciones anticipadas en el espacio de seis meses y obtiene un resultado peor que el anterior (28-A y 10-N, respectivamente). Nunca antes sucedió tal cosa.

Pedro Sánchez es, seguramente, el político más volátil desde que echó a andar el sistema democrático en España. Ha pasado de vetar al secretario general de Podemos (julio de 2019) a asegurarle la vicepresidencia en su Gabinete (12 de noviembre de 2019); de confesarse insomne si se sentasen en el Consejo de Ministros titulares de carteras ministeriales pertenecientes a Unidas Podemos, a ofrecerles, además de una vicepresidencia, hasta cuatro ministerios; de asegurar que no deseaba depender de los independentistas para mantenerse en el poder (octubre y noviembre de 2019) a iniciar negociaciones con ERC (28 de noviembre de 2019) para que colaboren en su investidura y, en su caso, en la legislatura. Con razón argüía el filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman que vivimos en tiempos líquidos. Sánchez sería un paradigma de la significación de esa fluidez ideológica, táctica y estratégica.

Sea por volatilidad, sea por azar, por oportunidad o por oportunismo, sea por un reinado tuerto en el territorio de los ciegos, ahí está Pedro Sánchez que definió la situación política de España antes de las elecciones como un "laberinto" apelando a una "mayoría cautelosa" que no escuchó sus cantos de sirena y en vez de incrementar su capacidad se la disminuyó, rebajando también las cotas de poder parlamentario de su "socio preferente". Y en vez de buscar salidas a ese laberinto parece que Sánchez se desafía a sí mismo y se introduce aún más en sus ignotos pasadizos. Nada menos que el 44% de los electores votó influido por la crisis catalana y él se quiere amigar con un partido que protagonizó aquella sedición.

Corre la especie de que el Partido Popular debería —en un acto de patriotismo democrático— hacer de lazarillo para que Sánchez encontrase la salida al laberinto en el que él, y solo él, se ha introducido con unas dosis de imprudencia que bordean la temeridad. Ocurre que las razones para que Pablo Casado apoye a Sánchez, las destrozó el propio Sánchez en su discurso de renuncia al escaño en el Congreso de los Diputados el 29 de octubre de 2016 para no tener que abstenerse en la investidura de Rajoy ni tampoco desafiar el mandato de la dirección de su partido.

En aquel texto de despedida temporal, Sánchez dijo, entre otras cosas, las siguientes:

  1. Que se iba "para refundar un Partido Socialista autónomo y alejado del PP"
  2. Que se iba porque estaba en "profundo desacuerdo con facilitar el gobierno a Mariano Rajoy", apostillando que, "como muchos socialistas", mantenía su "no, firme y claro"
  3. Que se iba porque la abstención "es una ruptura con nuestro compromiso electoral y contraria a la posición política" de los órganos de dirección del PSOE
  4. Que se iba porque "la democracia representativa supone reflejar fielmente la voluntad de nuestros representados. Estoy convencido de que la mayoría de ellos (…) no eligieron al PSOE en unas elecciones para apoyar aquello que quieren cambiar"
  5. Que se iba porque con su renuncia deseaba "contribuir a dar a la política un sentido de fidelidad a la palabra dada, y un sentido del compromiso que vaya más allá de la conveniencia personal"
  6. Que se iba porque él no podía fallar a su "partido" ni a su "compromiso con los millones de votantes que confiaron en el PSOE (…) y compartieron con orgullo el camino de decir no es no a Mariano Rajoy" y
  7. Que se iba porque "los votos del Grupo Socialista contrarios a la investidura de Rajoy (fueron 15) serán la expresión del sentir mayoritario de nuestros votantes y militantes".

Si donde se escribe PSOE se escribe PP y donde se dice Rajoy se dice Sánchez, Pablo Casado tendría hecho el discurso para eludir el apoyo al actual presidente en funciones. Quizás no se dé el caso porque el líder socialista logre ser investido con la colaboración de ERC, pero si no fuese así, es más verosímil que tenga que redactar otro discurso de renuncia a su investidura (convocando otras elecciones o dando un paso atrás) que un texto de agradecimiento al apoyo de los populares.

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