Fernando Simón y el estupor

Simón activa el interruptor del cabreo social porque su imagen diaria en TV aviva el recuerdo de la tardanza en actuar contra el virus. Los datos de nuevos contagios de este viernes están en cuestión

Foto: El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. (EFE)
El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. (EFE)
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Ya sabemos por fuentes diversas y fiables que el covid-19 campaba a sus anchas por Europa en el mes de enero y que había evidencias de que en febrero infectaba en España. Ahí están los estudios del Instituto Carlos III y el que se conocerá de inmediato en la revista 'BMJ Open'. En función de esa certeza el reproche al Gobierno por su lentitud en adoptar medidas drásticas es tan recurrente como lógica. Los más complacientes con Pedro Sánchez aseguran que los "expertos" no hicieron las advertencias perentorias que el peligro requería y que las críticas por el sobreseimiento en las precauciones responden más a la inquina antifeminista por las manifestaciones del 8-M que a opiniones ecuánimes.

Lo cierto es que, a estas alturas, España presenta unas cifras de fallecidos y contagiados tan desoladoras que relevan de ulteriores comentarios, aunque sea irracional imputarlas a un propósito doloso del Ejecutivo. Pero ahí está el 85% de los consultados por la demoscópica 40dB que cree que "el Gobierno pudo haber reaccionado antes" (encuesta publicada en 'El País' el pasado 19 de abril). Este viernes, el portavoz de Sanidad recibió un nuevo varapalo por la confusión de las cifras de nuevos contagiados con argumentos sólidos de Miguel Sebastián ('La Sexta'), Kiko Llaneras ('El País'), todo ello muy bien reflejado en la documentada crónica de este diario de Antonio Villareal y Jesús Escudero ('Lo que revelan los datos de hoy: no Simón, no hay más altas que contagios')

Fernando Simón y el estupor

Lo que causa asombro es que el valedor técnico de la banalidad de la pandemia durante los meses de enero y febrero, director desde 2012 del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, que erró reiteradamente hasta el mismo día 7 de marzo, sea de forma diaria y retransmitida el rostro y la voz oficial que informa de la cruenta marcha de la pandemia. Y cuya asepsia técnica es —insisto: este viernes se pudo comprobar— discutida por analistas de la mayor solvencia.

El epidemiólogo que negó la posibilidad de que sucediese algo parecido a lo que está ocurriendo hasta unos días antes de la declaración del estado de alarma el 14 de marzo se ha convertido, además, en un inquisidor expidiendo certificados de decencia a los medios y periodistas que han criticado —cada día con más fundamento— el papel que el Gobierno ha encomendado a la Guardia Civil en la tutela de la libertad de expresión.

Más aún, la desinhibición de Simón alcanza tal grado de desconexión con la realidad que, además de dirigir el concierto desafinado de las ruedas de prensa corales en la Moncloa todas las jornadas desde que estamos confinados, se permite aplaudirse a sí mismo y a sus compañeros de comparecencia. Fernando Simón es, seguramente, un buen epidemiólogo pero, en la misma medida, un mal y dócil asesor del Gobierno y un profesional que, dadas las actuales circunstancias, no debería estar al frente del organismo de alertas y emergencias sanitarias del Gobierno. En beneficio del propio Ejecutivo y del suyo propio, porque su credibilidad no es la debida.

Fernando Simón, segundo por la derecha, en una comparecencia del Comité de gestión de la crisis. (EFE)
Fernando Simón, segundo por la derecha, en una comparecencia del Comité de gestión de la crisis. (EFE)

La cuestión es que en tanto este portavoz siga comunicando los avatares de la pandemia (con la utilización de un lenguaje melifluo, aproximativo, especulativo, utilizando el adverbio "obviamente" y la frase puente "también es cierto" con una recurrencia insufrible) el Ejecutivo de Sánchez se pega cotidianamente un tiro en el pie porque el doctor es el elefante en la habitación y el recordatorio del error de la tardanza gubernamental. Extraña que por soberbia o por incompetencia (la una y la otra suelen ir de la mano), la Moncloa no haga caso a los manuales más trillados y básicos de la comunicación política y de crisis.

George Lakoff escribió hace ya años 'No pienses en un elefante', un ensayo que los comunicólogos consideran de culto. Y lo es. Este autor se refiere al "inconsciente cognitivo" que se activa cuando una palabra o un signo (por ejemplo, un rostro) establecen un marco mental dentro del cual se desenvuelven los razonamientos pero también los sentimientos. Fernando Simón enciende todos los días el interruptor de un sordo cabreo social.

Un compañero de oficio ha escrito que se puede criticar al director de alertas y emergencias sanitarias pero constata que hay gente que le odia. Estoy de acuerdo: odiar, además de resultar un sentimiento destructivo, es estéril. Pero acierta el colega al suponer que Simón es ampliamente detestado por demasiada gente.

Causa sorpresa por eso, que el Gobierno no le haya relevado de sus actuales responsabilidades; más sorprendente aún que la presencia en las ruedas de prensa diarias del general José Manuel Santiago al que su directora general, la clandestina María Gámez, no ha defendido públicamente. En la prepotencia del Gobierno debe inscribirse que el experto que no vio venir el desastre —cuando la pandemia ya emitía signos de serlo— e incluso lo negaba, sea ahora el oráculo de Delfos de esta catástrofe. Y que, por si algo faltaba, sus datos sean rebatidos.

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