Ya no hay conspiraciones como las de Esperanza Aguirre
  1. España
  2. Notebook
José Antonio Zarzalejos

Notebook

Por

Ya no hay conspiraciones como las de Esperanza Aguirre

Ayuso y Casado no se divorciarán, ni la presidenta de Madrid conspirará como Aguirre en 2008 contra Mariano Rajoy. Media un pacto entre ellos mientras renquea la legislatura que puede apuntillar el nuevo Gobierno catalán

placeholder Foto: Esperanza Aguirre. (EFE)
Esperanza Aguirre. (EFE)

El domingo 9 de marzo de 2008, Mariano Rajoy perdió por segunda vez las elecciones generales frente a José Luis Rodríguez Zapatero. Las listas populares obtuvieron 154 escaños (en 2004, 148) y las socialistas 169 (en 2004, 164). En la madrugada del día 10, se respiraba una fuerte tensión en la sede del PP en la calle Génova 13. Se fraguaba un auténtico 'golpe' contra el 'perdedor' Rajoy y la llamada a encabezar la conspiración que le disuadiese de seguir al frente del partido era Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, a la sazón y desde 2003 presidenta de la Comunidad de Madrid. Al menos tres medios de comunicación —entre ellos, 'El Mundo' y la COPE— estaban preparados para secundar la operación con la posibilidad de que 'ABC' se uniera a ella. Algo ocurrió, porque Rajoy encajó, con estoicismo y viniéndose arriba, la segunda derrota ante un candidato del PSOE que se tenía por frágil. Rita Barberá y Francisco Camps —los dos dirigentes del PP valenciano con un enorme poder, ella alcaldesa de la capital y este presidente de la comunidad— se plantaron: “Mariano, debes seguir, porque la alternativa es Esperanza y eso destroza el partido”.

Y Rajoy, al día siguiente, volvió a sentarse en su despacho de presidente nacional del PP. Aguirre no supo aprovechar las escasas horas que mediaron entre la depresión por la derrota y la intervención de los dirigentes levantinos. El gallego celebró el XVI Congreso del partido en junio en Valencia y salió reelegido, pero con un 21% de los compromisarios en contra, con un Aznar renuente y distante y con un amago —otro más— de Esperanza Aguirre que, con un discurso demoledor (“No me resigno”), pareció estar dispuesta disputar el puesto a Rajoy. No lo hizo y ya nunca más lo intentó, porque abandonó en 2012 la presidencia de Madrid mientras el registrador disfrutaba de una holgada mayoría absoluta (186 escaños) obtenida en diciembre del año anterior.

placeholder Esperanza Aguirre, junto a Mariano Rajoy. (EFE)
Esperanza Aguirre, junto a Mariano Rajoy. (EFE)

Este es el único episodio de ruptura entre la presidencia madrileña y la del PP nacional. Entre Alberto Ruiz-Gallardón (en la Puerta del Sol entre 1995 y 2003 y en la alcaldía entre 2003 y 2011) y José María Aznar no reinó la plena armonía y las expectativas del que fuera ministro de Justicia con Rajoy fueron recurrentes. Ruiz-Gallardón siempre supo que su papel institucional era de importancia fundamental y se mantuvo leal, aunque siempre ambicioso en el mejor sentido del término. Las relaciones entre Esperanza Aguirre y Aznar resultaron de subordinación, porque venía de ser ministra de Cultura con él y presidenta del Senado. Y pésimas con Rajoy que, además, le emplazó a largarse y constituir un partido liberal. Ahí sigue la expresidenta de Madrid, retirada pero parlanchina, recordando los días de vino y rosas. Todavía este lunes pontificaba en un periódico.

Entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso no hay ni atisbo de las asperezas que signaron las relaciones entre Rajoy y Aguirre. Los que apuesten por el enfrentamiento o el divorcio entre ambos se confunden. Son personalidades que conocen sus capacidades y sus debilidades. Y por lo tanto, se atienen a su papel y no aspiran al del otro o a imponerse en una pelea estéril. Sería lógico que Díaz Ayuso presidiera el PP madrileño, pero no imprescindible, como bien acredita la trayectoria de Pío García Escudero en la organización matritense. En todo caso, la lideresa madrileña no pronunciará contra Casado el discurso de Aguirre contra Rajoy, conocido por el remoquete de “no me resigno”. ¡Vaya si se resignó!

Foto: La expresidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre. (EFE)

Dicho lo cual, no será Díaz Ayuso la que hostigue a Pablo Casado ni este a ella. Porque el presidente nacional popular sabe que debe ser céntrico en las idiosincrasias de sus barones. Algunos, tan 'rajoyistas' como Núñez Feijóo (Galicia) y Moreno Bonilla (Andalucía), y otros tan adaptables como López Miras (Murcia) o Fernández Mañueco (Castilla y León). En Génova, ya saben que la victoria aplastante de Ruiz-Gallardón en las autonómicas de mayo de 1995 (50,90% de los votos populares y 54 escaños en una Cámara, entonces, con 103 parlamentarios) fue la que precedió a la de José María Aznar en las generales de 1996. Porque, ciertamente, los resultados madrileños no son en todo extrapolables, pero establecen el clima ambiental en el que se olfatea el cambio de ciclo o de tendencia. Incluso con el PSOE más débil —el de Pedro Sánchez—, el ahora denostado Ángel Gabilondo ganó los comicios en Madrid en mayo de 2019 con un 27,3% de los votos y 37 escaños, subsiguientes a la victoria del PSOE en las generales de abril y antecedentes de otra en noviembre de ese mismo año. Ahora el viento de popa favorece al PP.

Díaz Ayuso ha puesto nombre y expresión a una teoría ultraliberal que endurece pero no extrema a la derecha popular. Pero los liberal-conservadores tienen la oportunidad de ganar en unas legislativas si siguen varios pasos: 1) absorber por completo a Ciudadanos, 2) contener y disminuir a Vox y 3) buscar una templanza ideológica que sea un mínimo común denominador en todas las autonomías, que es lo que tratará de lograr Casado en la convención del partido en octubre próximo. Sobre la base de que, a despecho de lo que desea la izquierda, entre el presidente del PP y la de Madrid no habrá divorcio. En Génova 13 —casi de mudanza— ya no se gestarán conspiraciones al estilo de la de Esperanza Aguirre en 2008 porque, en palabras del palentino, “la legislatura entra en una vía muerta” (aunque no está todavía muerta). Solo el inmediato futuro Gobierno de la Generalitat puede darle la puntilla.

El domingo 9 de marzo de 2008, Mariano Rajoy perdió por segunda vez las elecciones generales frente a José Luis Rodríguez Zapatero. Las listas populares obtuvieron 154 escaños (en 2004, 148) y las socialistas 169 (en 2004, 164). En la madrugada del día 10, se respiraba una fuerte tensión en la sede del PP en la calle Génova 13. Se fraguaba un auténtico 'golpe' contra el 'perdedor' Rajoy y la llamada a encabezar la conspiración que le disuadiese de seguir al frente del partido era Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, a la sazón y desde 2003 presidenta de la Comunidad de Madrid. Al menos tres medios de comunicación —entre ellos, 'El Mundo' y la COPE— estaban preparados para secundar la operación con la posibilidad de que 'ABC' se uniera a ella. Algo ocurrió, porque Rajoy encajó, con estoicismo y viniéndose arriba, la segunda derrota ante un candidato del PSOE que se tenía por frágil. Rita Barberá y Francisco Camps —los dos dirigentes del PP valenciano con un enorme poder, ella alcaldesa de la capital y este presidente de la comunidad— se plantaron: “Mariano, debes seguir, porque la alternativa es Esperanza y eso destroza el partido”.

Señor con maletín

Detrás de toda gran historia hay otra que merece ser contada

Conoce en profundidad las 20 exclusivas que han convertido a El Confidencial en el periódico más influyente.
Saber más
Esperanza Aguirre Mariano Rajoy Partido Popular (PP) PSOE
El redactor recomienda