Tumbar al PNV
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José Antonio Zarzalejos

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Tumbar al PNV

Bildu vota los presupuestos y comienza el proceso de sustitución del PNV como partido-guía de Euskadi. El nuevo secretario general del PSE imagina ya un tripartito en Vitoria

Foto: El portavoz de PNV en el Congreso, Aitor Esteban (c). (EFE/Mariscal)
El portavoz de PNV en el Congreso, Aitor Esteban (c). (EFE/Mariscal)
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El Partido Nacionalista Vasco es de derechas y conservador. Con marchamo democristiano. Su fundación en 1895 por Sabino de Arana y Goiri se hizo al grito de “¡Dios y leyes viejas!” y el conjuro sacrificial de “Bizkaia para Dios”. No le gustó al PNV la República —se ausentó en el Pacto de San Sebastián de 1930— y parlamentó en Pamplona con el 'director' de la sublevación de 1936 que fue el general Mola, aunque no llegó a un acuerdo. Era vaticanista y los republicanos anarcos quemaban iglesias. Pero Franco los cohibía. Así que una parte de la actual Euskadi se quedó bajo el control de los franquistas y otra bajo el de los nacionalistas, que llegaron a enviar al Gobierno de la República al navarro Manuel de Irujo para que se ocupara de la cartera de Justicia.

Pese a esa trayectoria, la izquierda española padece un auténtico síndrome de Estocolmo con los nacionalistas vascos. Y nadie fue más generoso con ellos que José María Aznar en 1996. Pero todas las historias finalizan y esta va acabando. El PNV tiene ya alternativa aquí en Madrid y allí en Vitoria: EH Bildu, que forma parte del paisaje vasco con una naturalidad que causa perplejidad. La vasca es una sociedad que digiere piedras. Pablo Iglesias incorporó a los legatarios de ETA a la 'dirección estratégica del Estado' y ahí siguen.

Foto: El portavoz de PNV en el Congreso, Aitor Esteban, ofrece una rueda de prensa en el Congreso de los Diputados, este miércoles. (EFE/Chema Moya)

El concierto económico es el único vector transversal que vincula a la inmensa mayoría de los vascos. Sin el sistema paccionado, el País Vasco tendría la renta per cápita de la media de las comunidades españolas, porque la demografía es catastrófica (en 40 años, solo ha aumentado en poco más de 40.000 habitantes) y sus sectores económicos industriales se están hundiendo poco a poco y emerge el sector de los servicios, más propio del Mediterráneo que del Cantábrico oriental.

El PNV hasta ahora ha dominado el guion según el cual fue un partido antifranquista y ardorosamente opositor al dictador y que ello lo legitima cualificadamente en la democracia; y que su versatilidad ideológica le permite estar con unos (el PSOE) y con otros (el PP). La primera narrativa es hiperbólica y la segunda, una simulación. Durante el franquismo, los nacionalistas del interior prosperaron. Franco fue generoso con los dineros y avaro y brutal con la identidad euskaldún. Lo de la versatilidad ideológica es una coartada: el PNV lo atrapa todo y es una gestoría eficiente de intereses varios. Cambia de cliente como de camisa. A eso —que tantas veces es puro mercadeo— lo denominan pragmatismo. Que se lo digan a Rajoy.

El PNV lo atrapa todo y es una gestoría eficiente de intereses varios. Cambia de cliente como de camisa. A eso lo denominan pragmatismo

Los nacionalistas han contado con la ayuda permanente del PSE-PSOE por la fascinación que ejercía sobre el socialismo y para contener el terrorismo. Todos los lendakaris han sido del PNV menos Patxi López, que lo fue entre 2009 y 2012, gracias al apoyo del PP, que sumó sus 13 escaños a los 25 de los socialistas, aunque el fallecido José María Benegas pudo serlo en 1986: el PSE aventajó entonces con 19 escaños al PNV, que se quedó en 17. Pero la presidencia la ocupó Ardanza y Jáuregui la vicepresidencia. Ese fue uno de los episodios más extraños de la política vasca contemporánea.

Ahora las cosas han cambiado y en el nacionalismo vasco se registra fatiga de materiales. A sus dirigentes les faltan reflejos y resetearse. EH Bildu es la segunda fuerza política y la opción de demasiados ciudadanos que ya han olvidado lo que fue ETA y sus fechorías. La elección de Eneko Andueza (Éibar, 1979) como nuevo secretario general del PSE —95% de votos en las primarias le respaldaron— va a cambiar el signo de los acontecimientos porque llega ligerísimo de equipaje.

placeholder El nuevo secretario general del PSE-EE, Eneko Andueza. (EFE/Javier Zorrilla)
El nuevo secretario general del PSE-EE, Eneko Andueza. (EFE/Javier Zorrilla)

En el socialismo vasco existe la convicción de que la vieja política vasca rutinaria, hipocritona y mercantil necesita un giro. Andueza, consagrado el domingo pasado en el congreso del PSE con la presencia de Pedro Sánchez en Bilbao, será el político que a medio plazo vaya a un tripartito. Hace falta que pase un tiempo y que EH Bildu consume dos giros: mostrar un poco más de beligerancia sobre lo que fue ETA y practicar un izquierdismo al estilo del de ERC. Los 'abertzales' radicales ya están cumpliendo la segunda condición y, así, Rufián se muestra como el portavoz de los diputados de EH Bildu. Renegar de la banda terrorista no lo harán hasta que no transcurran unas cuantas generaciones. Pero si Sánchez no ha sido escrupuloso en ese aspecto, Eneko Andueza tampoco tiene razones para serlo.

El voto a los presupuestos estatales de los cinco escaños de la coalición que dirige Otegi —siguiendo el camino de los republicanos— es tanto de apoyo al Gobierno como contra la hegemonía del PNV, de la que están cansados amplios sectores del socialismo vasco que quieren imitar al secretario general del PSOE y su sistema de alianzas en Madrid. El futuro Gobierno de Euskadi será un tripartito. A punto estuvo de serlo en julio de 2020: a la suma de EH Bildu (21), PSE (10) y Elkarrekin Podemos (6) le faltó un escaño para la mayoría absoluta.

Foto: El portavoz parlamentario de ERC, Gabriel Rufián, y la portavoz de Bildu, Mertxe Aizpurua. (EFE)

En cuanto madure EH Bildu, y a poco que aguante la izquierda que pueda pergeñar Yolanda Díaz en Euskadi, el PNV se va a la oposición, porque está descontado que restarle poder es entrar en una necesaria nueva fase tanto en Vitoria como en el Congreso de los Diputados. En el País Vasco, el matrimonio PNV-PSE se está agostando y los socialistas han apostado por un joven guipuzcoano que no tiene huella en la conciencia de los años de plomo y está poseído por el espíritu de los tiempos, que es el de la disrupción.

Los 'jelkides' lo presienten y están preocupados, pero no saben qué hacer. Primer acto: Otegi y Sánchez ya son socios en la investidura y en los presupuestos para cuya aprobación, desde este martes, no son necesarios los seis votos del grupo de Aitor Esteban. Republicanos y 'abertzales' radicales, con la aquiescencia de Pedro Sánchez, están haciendo la cama a los nacionalistas vascos. La operación para tumbar al PNV ha comenzado.

El Partido Nacionalista Vasco es de derechas y conservador. Con marchamo democristiano. Su fundación en 1895 por Sabino de Arana y Goiri se hizo al grito de “¡Dios y leyes viejas!” y el conjuro sacrificial de “Bizkaia para Dios”. No le gustó al PNV la República —se ausentó en el Pacto de San Sebastián de 1930— y parlamentó en Pamplona con el 'director' de la sublevación de 1936 que fue el general Mola, aunque no llegó a un acuerdo. Era vaticanista y los republicanos anarcos quemaban iglesias. Pero Franco los cohibía. Así que una parte de la actual Euskadi se quedó bajo el control de los franquistas y otra bajo el de los nacionalistas, que llegaron a enviar al Gobierno de la República al navarro Manuel de Irujo para que se ocupara de la cartera de Justicia.

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