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España, sumida en la "crisis de la verdad"
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José Antonio Zarzalejos

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España, sumida en la "crisis de la verdad"

"La crisis de la verdad se extiende cuando la sociedad se desintegra en agrupaciones o tribus entre las cuales ya no es posible ningún entendimiento, ninguna designación vinculante de las cosas"

Foto: El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/José Manuel Pedrosa)
El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/José Manuel Pedrosa)
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El Gobierno está intentando cambiar la conversación pública que gira en torno a la crisis institucional y a la económica. Le perjudica. Procura instalar al país en lo que se denomina “crisis de la verdad” mediante el protagonismo artificial de cuestiones de orden secundario que distraigan la atención sobre aquellas que son esenciales y que conciernen a su competencia y acierto políticos y gestores.

Porque, por relevante que pueda ser una baja médica específica para las mujeres laboralmente activas con menstruaciones invalidantes, que, además, financiará el Estado y no las empresas, resulta poco realista intentar que el debate social gire en torno a las panfletarias parrafadas de la ministra de Igualdad, Irene Montero, en detrimento de la galopante crisis económica que empeora paso a paso.

Foto: La periodista y escritora feminista, Gloria Steinem. (EFE/Eloy Alonso) Opinión

La agenda pública de preocupaciones tiene que ver con realidades —no con virtualidades— que son urgentes, perentorias. En lo institucional, la crisis del Centro Nacional de Inteligencia es decisiva y no ha hecho sino empezar tanto por los compromisos que ha asumido el presidente del Gobierno de comparecer en el Congreso y de entrevistarse con Pere Aragonés como por las consecuencias internacionales de este caso que todavía no se han manifestado en toda su virulencia.

La galerna del CNI remite, además, a la propia estabilidad del Ejecutivo, lo mismo que la operación clandestina de alterar sustancialmente las relaciones con Marruecos. Sin olvidar que el programa legislativo gubernamental es materialmente inviable por la colisión con sus aliados parlamentarios, lo que a Sánchez le hace más precisa la colaboración del PP.

Foto: El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. (EFE/Lavandeira)

Al tiempo, las encuestas hunden las posibilidades del PSOE en las próximas elecciones andaluzas que, sin haber comenzado la campaña electoral, han destrozado la credibilidad de la izquierda denominada Por Andalucía. La gran cuestión política es que Pedro Sánchez ha entrado en una situación similar a la de Rodríguez Zapatero en la legislatura 2008-2011. Así lo explicó el sociólogo José Luis Álvarez en su libro ' Los presidentes españoles' (editorial Cid):

Autodestrucción, aunque en menor medida que la del presidente Aznar, fue también la de Rodríguez Zapatero, cuando tras una acumulación sistemática de poder dentro del PSOE en su primera legislatura como presidente, relativamente mayor incluso que la de González, fue incapaz de percibir que la crisis económica era un problema de gravedad muy superior a los retos que hasta entonces tan bien había solventado con su espléndida agilidad táctica” (página 167).

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Juan Carlos Hidalgo) Opinión

El párrafo anterior podría haberlo escrito nuestro autor referido a Pedro Sánchez porque encierra las claves de su fracaso: un inmenso poder en el PSOE, una gran agilidad táctica y una colosal crisis económica. Esa es la verdad que los relatos ‘ad hoc’ tratan de ocultar.

La inflación se sitúa en el 8,3%, ayer la Unión Europea rebajó al 4% el crecimiento del PIB para este año descabalando las previsiones presupuestarias, el análisis de las cifras de empleo (y desempleo) hay que examinarlas con un rigor preocupante porque las horas trabajadas disminuyen y la productividad se resiente, las medidas del decreto ley anticrisis no están funcionando, el otro decreto ley que abaratará el recibo de la luz y beneficiará a la industria por el tope del precio del gas está pendiente de aplicarse a que la Comisión Europea dé su visto bueno, lo que no será tan inmediato como parece.

Además, el pacto de rentas ni está ni se le espera porque los agentes sociales —empresarios y sindicatos— no se ponen de acuerdo y el Gobierno no lo está incentivando sea por temor a no conseguirlo, sea por no ofrecer la sensación de que el país ha de hacer sacrificios a todos los niveles en atención a las malas expectativas sociales y económicas que se ciernen en nuestro horizonte.

Foto: El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños. (EFE/Rodrigo Jiménez) Opinión

Sin embargo, el presidente del Gobierno no parece comprender la gravedad de la coyuntura. Sus discursos son triunfalistas, eluden los datos que invitan a la preocupación, sortean la realidad apelando a los logros “progresistas” de la coalición y convierte sus comparecencias en representaciones estomagantes de autocomplacencia.

“La crisis de la verdad se extiende cuando la sociedad se desintegra en agrupaciones o tribus entre las cuales ya no es posible ningún entendimiento, ninguna designación vinculante de las cosas. En la crisis de la verdad, se pierde el mundo común, incluso el lenguaje común. La verdad es un regulador social, una idea reguladora de la sociedad”.

Quien esto escribe es un filósofo de reconocimiento prácticamente mundial, el coreano Byung-Chul Han, cuyo ensayo titulado ‘ Infocracia’ (editorial Taurus) está siendo una referencia para la mejor interpretación de los signos sociales, políticos, tecnológicos y económicos de nuestro tiempo. La cita anterior es genérica, pero se ajusta a nuestro país a la perfección. En general, todo el capítulo de este libro titulado 'La crisis de la verdad' (páginas 71 a 92) ayuda a comprender la irrealidad/la mentira en la que se quiere sumergir a la sociedad española.

El Gobierno está intentando cambiar la conversación pública que gira en torno a la crisis institucional y a la económica. Le perjudica. Procura instalar al país en lo que se denomina “crisis de la verdad” mediante el protagonismo artificial de cuestiones de orden secundario que distraigan la atención sobre aquellas que son esenciales y que conciernen a su competencia y acierto políticos y gestores.

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