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Begoña Gómez, la circunstancia de Pedro Sánchez
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José Antonio Zarzalejos

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Begoña Gómez, la circunstancia de Pedro Sánchez

Hay amores que matan y errores que rematan como los de Sánchez en el caso de Begoña Gómez y la imprudencia de olvidar su vulnerable reputación que, tras su furibundo ataque a Feijoo, quedó todavía peor parada por la réplica del popular

Foto: Pedro Sánchez y Begoña Gómez, en la cumbre de la ONU en Sevilla. (EFE)
Pedro Sánchez y Begoña Gómez, en la cumbre de la ONU en Sevilla. (EFE)
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Pedro Sánchez es el responsable directo de la dimensión que, por distintas razones, ha alcanzado en la conversación pública su esposa, Begoña Gómez Fernández. Una dimensión negativa. Cuando este periódico informó en febrero del pasado año acerca de los modos, al menos inapropiados, empleados por Gómez para conseguir financiación para sus actividades docentes, en vez de ofrecer, ella o quien fuese autorizado para hacerlo, una explicación, o una disculpa, o un reconocimiento de su improcedencia, la respuesta fue el denuesto, el insulto y una fracasada demanda de rectificación.

Y cuando se abrió una investigación para discernir la posible responsabilidad penal (por tráfico de influencias, por apropiación indebida, por corrupción en los negocios) de los comportamientos de la cónyuge del presidente, Pedro Sánchez no tuvo otra ocurrencia que la extravagante de suspender cinco días (abril de 2024) su agenda y sumirse en una aparente meditación sobre si le merecía la pena o no seguir al frente del Gobierno a la vista del ‘acoso y derribo’ que sufrían él, su mujer y su familia. Fue, ya lo sabemos, una estratagema para victimizarse, movilizar a los suyos, intimidar a los jueces y lanzar un plan contra ellos y contra los medios de comunicación críticos con su gestión y con el prevalimiento de Begoña Gómez para sostener económicamente sus actividades privadas.

Con aquella performance empezó el declive de Sánchez, tanto por el hecho en sí de que su mujer fuese investigada en un juzgado penal, cuanto porque con su excentricidad dio tres cuartos al pregonero, incluso en el ámbito internacional, a un asunto que pasó a ser ‘el caso Begoña’. Más le hubiese valido la discreción y el perfil bajo. Pero, además y tras cometer el error de su impostado retiro, utilizó a la Abogacía del Estado para, en su condición de presidente del Gobierno, querellarse por prevaricación contra el magistrado-juez Juan Carlos Peinado. Se trataba de que, admitida la querella por la Audiencia Provincial de Madrid, quedase apartado de la causa. No fue así y la querella se inadmitió como la que también interpuso la defensa letrada de su mujer. Error sobre error.

La situación procesal de Begoña Gómez no solo ha avanzado de manera preocupante para la calificación de sus conductas, sino que, además, han surgido implicaciones que las agravan. Por ejemplo, la imputación a Cristina Álvarez, su asistente personal, por tráfico de influencias y corrupción en los negocios al percibir un sueldo público por la prestación de servicios a los asuntos privados de Begoña Gómez. El juez también ha pedido al Supremo que investigue al ministro de Justicia, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, por presunta malversación y falso testimonio. La fiscalía europea se ha hecho cargo de la instrucción de los contratos adjudicados por Red.es al empresario Carlos Barrabés, al que ha imputado, en cuyo expediente constan las cartas de recomendación suscritas por la esposa del presidente del Gobierno. La competencia instructora de la fiscalía europea se debe a la naturaleza de los fondos afectados por las adjudicaciones presuntamente alteradas.

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Del de su esposa ha hecho Sánchez un asunto de Estado. Desde la mesa de la sala de prensa de la Moncloa se ha proclamado su inocencia: la causa contra Begoña Gómez respondía a intereses ocultos, a una suerte de lawfare, a una estrategia de presión de la 'derecha y la ultraderecha' y que no había caso. 'Quedará en nada'. Luego, Gómez ha sido jaleada en mítines del PSOE y hasta compareció como un personaje de culto, puro peronismo, en el 41º Congreso de la organización en Sevilla. Como escribió ayer aquí el sociólogo José Luis Álvarez, Sánchez ha "exhibido a su esposa al modo político norteamericano"

Ahí está el resultado de la porfía y el enorme eco que ha tenido, tiene y tendrá el caso. ¿Pudo evitarse? En buena medida, sí. Con discreción, con silencio, con una defensa procesal profesional y no política, con respeto al juez instructor, con comedimiento. Pero, como es habitual en Sánchez y en sus ministros, y en los portavoces de Ferraz y de los grupos parlamentarios del PSOE, se optó por considerar el caso de Begoña Gómez como una causa política, aplicándole, imprudentemente, un tratamiento agresivo, altanero, prepotente y, a la postre, mendaz.

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Escribió José Ortega y Gasset que las circunstancias forman parte del yo. Y Begoña Gómez es una circunstancia inescindible de la percepción social y política, real y emotiva, de Pedro Sánchez. Sin embargo, y hasta el pasado miércoles, el presidente del PP no quería en absoluto utilizar los temas familiares de Sánchez, incluido el de su esposa, en la dialéctica de la confrontación política. Por esa razón, la mujer del presidente del Gobierno no ha sido llamada a la comisión parlamentaria de investigación constituida en el Senado. Por esa razón tampoco se ha personado el PP en el procedimiento penal en el que se le investiga y solo reclamó a la oficina de conflictos de interés una investigación sobre la posibilidad de que Sánchez haya incurrido en uno al participar en la decisión de rescatar a Air Europa, compañía que también financió alguna de las actividades de Begoña Gómez. Como quiera que la tal oficina archivó la petición del PP, la justicia ha dictaminado que debe reabrir el procedimiento y proceder a la investigación que le requería el primer partido de la oposición.

Un ataque ad hominem, salvaje y falso contra Alberto Núñez Feijóo en la réplica a su intervención en el pleno del pasado miércoles, preparado a ciencia y a conciencia y leído por Pedro Sánchez con énfasis vengativo, hasta llegar a calificar al presidente del PP poco menos que de jefe del narcotráfico en Galicia, explica que el popular se plantase y le afease la naturaleza prostibularia de los negocios de su suegro, Sabiniano Gómez, de cuyos beneficios el presidente sería ‘partícipe a título lucrativo’. Él no replicó. Y el que lo hizo, el pobre Patxi López, empeoró las cosas. Pero Feijóo se sintió relevado del compromiso y lo dijo en la réplica: "he sido honesto con usted" (pinchar aquí para su lectura íntegra)

De nuevo, la imprudencia de Sánchez en la provocación, el exceso, la soberbia y la falta de sentido de la proporción ha llevado a sede institucional un asunto que, en el contexto de las grabaciones de Ábalos, Cerdán y Koldo, y la acusación de acoso sexual a Francisco Salazar, es abrasivo para su ya muy tocada reputación. Y para la de su esposa. Hay amores que matan; y errores que rematan.

Pedro Sánchez es el responsable directo de la dimensión que, por distintas razones, ha alcanzado en la conversación pública su esposa, Begoña Gómez Fernández. Una dimensión negativa. Cuando este periódico informó en febrero del pasado año acerca de los modos, al menos inapropiados, empleados por Gómez para conseguir financiación para sus actividades docentes, en vez de ofrecer, ella o quien fuese autorizado para hacerlo, una explicación, o una disculpa, o un reconocimiento de su improcedencia, la respuesta fue el denuesto, el insulto y una fracasada demanda de rectificación.

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