Dos versiones del encierro de Sánchez en La Mareta
O está desanimado e indolente o prepara un plan para el resto de la legislatura, aunque su silencio y su ausencia en el plano nacional (incendios) e internacional (Ucrania) provocan desconcierto sobre lo que ocurre a Sánchez
Vista exterior de la residencia de La Mareta, donde el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, veranea. (EFE/Adriel Perdomo)
Los incendios en España han alcanzado este agosto una espectacular e intimidante agresividad. La política internacional se ha movilizado también este estío con una intensidad sin precedentes. Sin embargo, ni lo uno ni lo otro ha invitado a Pedro Sánchez a salir del encierro en La Mareta, pronunciarse presencialmente sobre lo que ocurre, ni, mucho menos, desplazarse a los escenarios más ardientes de nuestro país u ocupar un espacio, siquiera mediático, que le reivindique como un actor de cierta significación en Europa.
Su ausencia en los parajes que arden en pompa tendría que ver con una falta de reflejos consecuencia de su desgaste personal y político. Carecería Sánchez de capacidad de respuesta, estaría desanimado (nada de eso de ‘estoy fuerte’, ‘estoy bien’) y dejaría dolosamente que los presidentes autonómicos diesen la cara ante la voracidad del fuego estival. Ni siquiera habría movilizado a su vicepresidenta tercera, Sara Aagesen, que es la que ostenta las competencias en medio ambiente. Tampoco modera (¿querría hacerlo?) al ministro de Transportes, Óscar Puente que, en un comportamiento en deriva miserable, se dedica a postear frivolidades en un momento dramático para miles de afectados por las llamas. La Moncloa repite su repliegue competencial como en la DANA en Valencia en octubre del pasado año.
Inacción también de Sánchez ante su irrelevancia en los movimientos geopolíticos que conciernen a Europa en la guerra de Rusia y Ucrania y que en la cumbre Trump-Putin del viernes en Alaska alcanzarán su zenit. El presidente del Gobierno no ha sido convocado a las reuniones de líderes europeos del sábado pasado en Londres ni a la organizada hoy, virtual, por el canciller alemán Merz. Francia, Reino Unido, Polonia, Finlandia, Italia y la propia Alemania son ahora el núcleo duro europeo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, y de la Comisión, Ursula von der Leyen. Por los Estados Unidos, sigue dando la cara el vicepresidente Vance.
El propio Sánchez, y un pequeño sector de su entorno, estarían considerando como graves errores de política internacional su último viaje a China el pasado mes de abril, en una coyuntura delicada en la ‘guerra arancelaria’; su actitud en la cumbre de la OTAN en La Haya en el mes de junio y su gira latinoamericana en julio, a Chile, Brasil, Colombia, Uruguay y Paraguay durante la que se alineó con algunos de los presidentes más izquierdistas y proclives (es el caso de Lula, presente en mayo en el desfile de la victoria en Moscú) a Vladímir Putin. Pesarían también en esta ostensible marginación de Sánchez tanto la visita del fiscal general chino a García Ortiz y a Conde-Pumpido en julio pasado como los contratos gubernamentales con Huawei.
Esta versión que muestra un Sánchez deprimido, que no sale del recinto de La Mareta, que no se deja ver en los medios, es la pesimista sobre su estado anímico. Al que afectaría de forma severa las informaciones en goteo sobre las andanzas de Cerdán (y sus declaraciones protestando sobre su inocencia) y las inquietudes judiciales sobre su mujer, su hermano y el fiscal general del Estado. Preocuparían también al presidente los planes tácticos del Partido Popular y, en particular, la posibilidad de que varias comunidades autónomas bajo sus gobiernos adelanten las elecciones con expectativas de mantener, en unos casos, y obtener, en otros, mayorías absolutas.
Pero desde otros puestos de observación, también cercanos a Sánchez, prima otra versión. El presidente quiere hacerse ausente, dejar notar que se aparta para la reflexión sobre un plan de fortalecimiento del PSOE y del Gobierno a fin de abordar el resto de la legislatura. Se trataría de un paso atrás para tomar impulso, no para retroceder. Aunque el panorama no pueda presentar más dificultades de todo orden y el Gobierno haya perdido, incluso, capacidad de convicción, y a pesar de unos datos demoscópicos que le predicen, además de una severa derrota, la improbabilidad de que pueda remontarlos.
Sánchez, según esta tesis, seguiría tirando de su capacidad de resistencia que apuntalaría con la colaboración de Salvador Illa y el apoyo cerrado del PSC y los oficios internacionales de Zapatero para moverse en espacios alternativos al europeo del que ha sido, poco a poco, desalojado: ahí están los editoriales críticos y contundentes publicados por la revista The Economist y el diario The Times que llegó a denominarle ‘don Teflón’ y su pérdida de relevancia personal a pesar de que España por razones económicas y geoestratégicas podría jugar un papel más protagonista. Por fin, es seguro, que, de estar cogitando un plan, Sánchez tendrá que reajustar su Gabinete en el que cinco ministros deben ponerse ya a trabajar en serio en sus candidaturas autonómicas.
Cualquiera de las dos versiones barajadas tiene sentido, pero las dos se fundamentan en una circunstancia que erosiona más aún al presidente: se ha convertido en un personaje traslúcido (algo muy diferente a transparente), huidizo y escapista. Si en julio el presidente llevaba ya 377 días sin conceder una entrevista a un medio español, a 14 de agosto superan ya los 400. Demasiado silencio con un efecto desconcertante que alimenta, adicionalmente a las versiones expuestas, alguna otra mucho más problemática para el secretario general del PSOE. Recuerda, no obstante, el sociólogo José Luis Álvarez, que la especialidad del personaje es contrariar las expectativas que él mismo genera. Siendo eso cierto, también lo es que Sánchez está tocado. La incógnita está en conocer el cómo y el cuándo de su hundimiento.
Los incendios en España han alcanzado este agosto una espectacular e intimidante agresividad. La política internacional se ha movilizado también este estío con una intensidad sin precedentes. Sin embargo, ni lo uno ni lo otro ha invitado a Pedro Sánchez a salir del encierro en La Mareta, pronunciarse presencialmente sobre lo que ocurre, ni, mucho menos, desplazarse a los escenarios más ardientes de nuestro país u ocupar un espacio, siquiera mediático, que le reivindique como un actor de cierta significación en Europa.