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Lo pésimo (el pacto fáustico) de Pedro Sánchez
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José Antonio Zarzalejos

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Lo pésimo (el pacto fáustico) de Pedro Sánchez

Ese entendimiento entre el PSOE y Bildu está en la raíz del mal de estos años de desgobierno de Sánchez porque ya no afecta a lo material sino a lo moral. Mantiene en la oscuridad a ese 'progresismo' de criterios éticos reversibles

Foto: Pedro Sánchez se reúne con Mertxe Aizpurua en Moncloa. (EFE/J.J. Guillen)
Pedro Sánchez se reúne con Mertxe Aizpurua en Moncloa. (EFE/J.J. Guillen)
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Mario Calabresi escribió en 2007 un escalofriante relato sobre el asesinato de su padre, Luigi, comisario de policía, baleado el 17 de mayo de 1972 en el portal de su casa en Milán por tres terroristas de extrema izquierda. El ensayo se publicó en España por Libros del Asteroide en 2023. Se titula Salir de la noche. Historia de mi familia y de otras víctimas del terrorismo. Todos aquellos que se han ocupado, padecido y enfrentado al terrorismo de ETA consideran este texto como uno de los más lúcidos para explicar cómo el progresismo ha tenido, y sigue teniendo en lugares como España, una relación miserable con los que o fueron criminales, o fueron sus cómplices.

Escribe Calabresi que "la disparidad de trato entre quien asesinó y quien fue asesinado es irreparable, se prolonga a lo largo de los años, agravada por el hecho de que quienes asesinaron entonces escriben memorias, son entrevistados en televisión, participan en algunas películas, ocupan puestos de responsabilidad, mientras que a la viuda de un agente nadie va a preguntarle cómo ha vivido desde entonces sin su marido, si tiene hijos que vivieron una infancia de orfandad, si el tiempo que ha pasado les ha cicatrizado las heridas, el pesar, el dolor" (página 97).

Todas las ‘Mertxes Aizpuruas’ llevan a la reflexión anterior del autor italiano cada vez que profieren en el Congreso de los Diputados protestas de democracia y libertad y denuncian el ‘fascismo’. Como ocurrió el pasado miércoles. Aunque, quizá, acreditada la maldad radical de este personaje y de otros como ella, la responsabilidad de la impostura no sea la suya sino de la vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, que se sintió en la necesidad de reclamar respeto a la ‘legitimidad’ de todos los diputados de la Cámara, como si el voto popular fuese la última ratio para emitir un juicio sobre la presencia y la intervención de la portavoz de Bildu diferente al que formuló la portavoz del PP: la tal señora produce repulsión.

Ese razonamiento mostrenco de la que pretende ser la próxima presidenta de la Junta de Andalucía resultaría de aplicación entonces a la legitimidad política de Josu Ternera (alias de José Antonio Urruticoetxea) que fue elegido parlamentario vasco en 1998 y formó parte de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara autonómica. Huyó en 2003 y fue detenido en 2019. Se le atribuye, entre otros crímenes, la matanza en el cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza en diciembre de 1987. Cuestión, señora Montero: ¿era también legítima la presencia de un terrorista como Ternera en el Parlamento de Vitoria?, ¿quedó absuelto de sus crímenes porque un determinado número de ciudadanos lo votase como su representante? Aizpurua es una piltrafa moral que enalteció a los ‘gudaris’ como el sanguinario Ternera y calificó de mero ‘objetivo’ a Santiago Oleaga, director financiero de El Diario Vasco de San Sebastián, asesinado el 24 de mayo de 2001, no hace tanto tiempo.

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La legitimidad como sinónimo de legalidad es una trampa moral en determinados casos. Puede darse una legitimidad formal que no coincide con la material. Este es el caso de Aizpurúa y de otros, en cuya trayectoria no se detecta rectificación moral sino perseverancia en el apoyo a terroristas que se hacen pasar por luchadores de la libertad. Por eso, en Salir de la noche, Mario Calabresi escribe que "los terroristas no han sido repudiados como asesinos, sino que, con demasiada frecuencia, se los describe como perdedores, personas que han luchado en una batalla por unos ideales que no han podido ganar. De esta manera, sin embargo, son ellos los que se convierten en modelos" (página 121).

Este salto mortal es el que protagoniza el ‘progresismo’ en el Gobierno que, para mayor escarnio colectivo, y con absoluto olvido de la amnistía de 1977, marida con los legatarios del terrorismo para ‘recordar’ el franquismo que Sánchez sirve en bandeja obsequiosamente a EH Bildu, grupo con él pactó la ley de memoria democrática. Olvida, o no lo sabe nuestro muy inculto presidente que la banda ETA nunca fue antifranquista, sino antiespañola. Mientras vivió el dictador asesinó al 4% de sus víctimas. El resto, hasta más de 850 las ‘ejecutó’ en plena democracia constitucional y mientras el País Vasco disfrutaba del único Estatuto de Autonomía de su, en parte, inventada historia.

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La contrapartida que Pedro Sánchez, y Montero et alii, satisfacen a Bildu, Otegi y las Aizpuruas (muchas en el País Vasco donde sigue el enaltecimiento de los terroristas) es la más valiosa de todas las posibles: la ‘respetabilidad’ de su presencia en la democracia española que es tóxica para nuestro sistema político. Ese entendimiento entre el PSOE y Bildu está en la raíz del mal de estos años de desgobierno de Sánchez porque ya no afecta a lo material sino a lo moral. Mantiene en la oscuridad a ese ‘progresismo’ de criterios éticos reversibles.

Calabresi en su Salir de la oscuridad advierte de un aspecto de la cuestión que viene muy a cuento: "los medios de comunicación tienen una particular responsabilidad. Los periódicos y las cadenas de televisión no tienen demasiados escrúpulos a la hora de poner el foco sobre los terroristas, de facilitarles el acceso al escenario, incluso cuando es manifiestamente inoportuno. Pero lo más molesto y peligroso son las entrevistas estándar: cuando los terroristas hablan, casi nunca se recuerdan sus crímenes y sus responsabilidades algo que resulta inaceptable, en especial si se los interpela para abordar, precisamente, los años de plomo" (página 121).

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Por fin, y como si Salir de la noche fuese un relato para españoles, el autor escribe: "de los antiguos terroristas yo me esperaría el silencio, la capacidad de mantenerse algo al margen, al menos para no reabrir continuamente las heridas. Pero lo cierto es que los condenados a ‘cadena perpetua’ hemos sido nosotros" (página 92). Porque el debate no son las víctimas sino el derecho de los terroristas "a rehacer sus vidas, a reinsertarse, a poder expresar sus ideas. Ya han pagado…ahora tienen derecho a vivir como los demás" (página 91).

Las inmoralidades de Sánchez son benignas, incluida la de pactar con ese Puigdemont que le trae a mal traer, si se comparan con la relación con Bildu que es la peor, pésima. En el acuerdo con los bildutarras el presidente ha perdido, no solo legitimidad democrática, sino también cualquier umbral de dignidad. Ha sido su pacto fáustico. Lo que se entiende por ‘pactar con el diablo’.

Mario Calabresi escribió en 2007 un escalofriante relato sobre el asesinato de su padre, Luigi, comisario de policía, baleado el 17 de mayo de 1972 en el portal de su casa en Milán por tres terroristas de extrema izquierda. El ensayo se publicó en España por Libros del Asteroide en 2023. Se titula Salir de la noche. Historia de mi familia y de otras víctimas del terrorismo. Todos aquellos que se han ocupado, padecido y enfrentado al terrorismo de ETA consideran este texto como uno de los más lúcidos para explicar cómo el progresismo ha tenido, y sigue teniendo en lugares como España, una relación miserable con los que o fueron criminales, o fueron sus cómplices.

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