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El 21-D del PSOE, la traición de Pedro Sánchez
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El 21-D del PSOE, la traición de Pedro Sánchez

Sánchez ha traicionado al legado histórico del PSOE, ha colocado un candidato esperpéntico en Extremadura y ha alentado a la derecha radical incluso a costa del voto socialista

Foto: El presidente del Gobierno en el acto de cierre de la campaña electoral extremeña. (EP/Javier Cintas)
El presidente del Gobierno en el acto de cierre de la campaña electoral extremeña. (EP/Javier Cintas)
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La falta de inteligencia política del presidente del Gobierno es inversamente proporcional a su desordenada ambición de poder. En "Romper así el calendario 2027 de Pedro Sánchez", entrada publicada en este blog el pasado 2 de octubre, se aventuraba que, de activar el Partido Popular un adelanto electoral en las autonomías que podía hacerlo (entre ellas Extremadura y Aragón), el Partido Socialista padecería un desplome de graves consecuencias. Porque desde hace casi dos años, los casos de corrupción y la rebelión posterior del feminismo troncal en el partido, así como los acuerdos leoninos con los independentistas catalanes y vascos, estaban depauperando ideológica y estratégicamente a la organización.

Pedro Sánchez, sin embargo, con el silencio cómplice o la aquiescencia aduladora de su entorno y aprovechando el vaciamiento orgánico del partido, ha llevado al PSOE a una debacle en el tradicional feudo extremeño, consumando una doble traición al socialismo español. La que viene perpetrando a su legado histórico desde 2018, y acusadamente desde julio de 2023, y el respaldo a la candidatura de un ínfimo político, procesado, Miguel Ángel Gallardo, presunto traficante de influencias en beneficio de David Sánchez. El único sentido de esa candidatura esperpéntica se explica por el interés del propio Sánchez de que su hermano quede aforado -a rebufo de Gallardo- ante el Tribunal Superior de Justicia de Extremadura, aplazando, además, la vista oral que la Audiencia Provincial de Badajoz había ya señalado para el próximo mes de mayo.

La privatización del partido por los estrictos intereses sanchistas, incluidos los familiares, secundados por esos peones de brega camorristas como Óscar Puente y Óscar López, entre otros- ha puesto de manifiesto que el socialismo español carece de una estructura partidaria digna de tal nombre porque la anterior al liderazgo de Sánchez ha sido absorbida y enajenada por su régimen iliberal y autocrático.

Será el aparato de agitación y propaganda de Ferraz y la Moncloa los que busquen paliativos a la traición del líder. Pero lo cierto es que el PSOE en Extremadura, y previsiblemente, en Andalucía, las comunidades que le aportaban un suelo consistente, se ha descalabrado, que el descalabro se repetirá el 8 de febrero en Aragón, también con una candidata, Pilar Alegría, cuyo principal mérito consiste en su adhesión incondicional al jefe, y que las expectativas son similares en Castilla y León. Un panorama en el que el tiempo, muy a diferencia de lo que vende Sánchez en sus performances, corre en su contra, de tal manera que resistir es tanto como prolongar la agonía.

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Pero la tercera traición de Sánchez, además de a su propio electorado y a la dignidad del socialismo con ese candidato mequetrefe (¿dimitirá?, ¿entregará el acta?), ha sido todavía de más hondura: Sánchez ha llevado a Vox a constituirse en una derecha radical al alza, drenando electores, incluso, de su propio espacio. Solo así se explican los resultados de ayer en Extremadura, en donde el Partido Popular suma más que las dos formaciones a su izquierda. Un dato que apela al fracaso, al alimón con el de Sánchez, de Yolanda Díaz, sin presencia ni suya ni de Sumar en los comicios de ayer. La vicepresidenta segunda puede darse por tan amortizada como la primera (María Jesús Montero) y como el mismísimo Sánchez.

Guardiola y Óscar Fernández, el candidato de Vox, están condenados a entenderse a la valenciana. Son como Thelma y Louise y el dilema es sencillo: suicidarse ambos y que los diputados autonómicos de Vox provoquen una repetición electoral rechazando con el PSOE y la extrema izquierda la investidura de la lideresa popular. Quien, como es tradicional en la trayectoria de su partido, comete errores en el último tramo de la campaña: rechazar el debate con el resto de los candidatos con excusas de mal pagador e insinuar torpemente la posibilidad de un ‘pucherazo’ en el voto por correo que, en realidad, no fue otra cosa que un delito común.

Por lo demás, ahora Sánchez queda a la espera de su entrevista con Oriol Junqueras para intentar montar un frente amplio y ‘plurinacional’ que, aunque no tenga recursos para ganar unas generales, le permita no concluir su vida política como un proscrito.

La falta de inteligencia política del presidente del Gobierno es inversamente proporcional a su desordenada ambición de poder. En "Romper así el calendario 2027 de Pedro Sánchez", entrada publicada en este blog el pasado 2 de octubre, se aventuraba que, de activar el Partido Popular un adelanto electoral en las autonomías que podía hacerlo (entre ellas Extremadura y Aragón), el Partido Socialista padecería un desplome de graves consecuencias. Porque desde hace casi dos años, los casos de corrupción y la rebelión posterior del feminismo troncal en el partido, así como los acuerdos leoninos con los independentistas catalanes y vascos, estaban depauperando ideológica y estratégicamente a la organización.

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