Puñales por la espalda en el PNV y Junts (sobre las derechas sanchistas)
Ni el PNV ni Junts, cuyas batallas internas les debilitan frente a sus adversarios, Otegi y Orriols, estarán en el nuevo Pacto de San Sebastián que las izquierdas españolas firmarán a no mucho tardar
El Parlamento vasco acoge el pleno para aprobar los Presupuestos para 2026. (EP)
Se está conformando el ‘frente amplio’, popular y ‘plurinacional’ como avanzaba este periódico el pasado viernes. Ha comenzado por la izquierda radical, extrema izquierda o izquierda a la izquierda del PSOE: Izquierda Unida, Más Madrid, Comunes y lo que queda de Sumar. Pronto el PSC y ERC sellarán una más estrecha vinculación luego de que Pedro Sánchez asegure a Oriol Junqueras en su próxima entrevista en la Moncloa la ejecución de lo esencial del acuerdo sobre la financiación singular de Cataluña que ya ha pergeñado María Jesús Montero en el último intento de presentar y aprobar los Presupuestos Generales del Estado para 2026, algo que, aunque verosímil, parece demasiado improbable.
Mientras tanto, Bildu sigue obteniendo contrapartidas a su fidelidad al Gobierno en asuntos que nutren su discurso izquierdista: Sánchez ordenó que la prórroga del llamado ‘escudo social’ (entre otras medidas, prohibición de desahucios) se atribuyese, al menos en parte, a los de Otegi. Ese real decreto-ley, trufado con otros contenidos (incremento de las pensiones, por ejemplo), deberá ser convalidado por el Congreso y no es seguro que la Cámara lo haga.
Fuera de la ecuación del frente amplio, popular y ‘plurinacional’ que liderará en unas futuras elecciones Pedro Sánchez, queda la vicepresidenta Yolanda Díaz cuyo fracaso es ‘inapelable’. No repetirá como candidata de una organización, Sumar, que sería un ingrediente más de la cohesión electoral de la extrema izquierda y cuya dilución es condición sine qua non para que Podemos aceptase incorporarse a la plataforma.
¿Qué está ocurriendo con los partidos de derechas, pero, no obstante, sanchistas? En el PNV continúa la batalla interna que se inició con la elección de Aitor Esteban como presidente del EBB, ejecutiva nacional del partido. Su enfrentamiento con Andoni Ortuzar, su predecesor, y una parte de la organización en Vizcaya, es explícito: Esteban ha expresado sin tapujos el ‘desasosiego’ de algunos sectores nacionalistas por el nombramiento de Ortuzar como consejero de Movistar (incomprensiblemente, unas semanas antes fue contratado como asesor externo de una ‘big four’ de la que ha salido por el conflicto de intereses que conllevaba), mientras la vieja guardia bizkaitarra representada por el veterano Iñaki Anasagasti ha venteado su mala relación con Aitor Esteban y su distanciamiento con el lendakari Pradales, al que reprocha no conocer el partido. Al tiempo, el que fuera portavoz parlamentario del PNV ha arremetido contra Zapatero por su relación con Venezuela, un país que acoge a una nutrida colonia vasca desde la época del exilio tras la guerra civil. Por si fuera poco, el PNV de Guipúzcoa ofrece síntomas de un renovado enfrentamiento con el de Vizcaya y con el propio Gobierno vasco al no secundar la iniciativa reindustrializadora en la comunidad (denominada ‘de arraigo’). Los puñales por la espalda en el nacionalismo vasco se los clavan unos y otros de manera históricamente cíclica, pero la vinculación del partido con un progresismo como el de Sánchez, tan extraño a las bases mesocráticas del PNV, y la disputa electoral e ideológica con Bildu, coalición favorecida por el presidente del Gobierno, introducen un debate adicional entre los militantes y los cuadros peneuvistas en una evidente crisis de identidad, agudizada por dos dirigentes -Esteban y Pradales- cuya trazabilidad en la cúspide del partido también provoca alguna perplejidad.
El PNV sigue vinculado a Sánchez por dos razones: el cobro de las facturas giradas a propósito de su investidura, algunas pendientes de abono, y la emulación con Bildu. Pero esa colaboración no tiene futuro si se pone en marcha un frente amplio, popular, incompatible con la idiosincrasia del electorado nacionalista cuyo origen, por oculto que ahora esté, es democristiano. El eje identitario se debilita en el nacionalismo del PNV y está incrementándose el otro, burgués y conservador. La pelea interna, además, conduce necesariamente a un reposicionamiento del partido durante el próximo año para afrontar unas elecciones generales en las que Bildu, al contar con una creciente representaciónen Navarra, supera de largo las expectativas de los jetzales.
A pesar del pacto de Bruselas, todavía incumplido según el arqueo de los dirigentes de Junts que se sienten engañados, el partido de Puigdemont tampoco estará en el frente izquierdista que está diseñando Sánchez con Junqueras y Otegi, que contará probablemente con Gabriel Rufián en la línea de lo que aquí advertía Josep Martí Blanch. Lo que le ocurre al PNV con Bildu, a Junts le sucede con Aliança Catalana, cuya sombra es alargada sobre el independentismo de la organización de Puigdemont en la que el desacuerdo sobre la estrategia a seguir es evidente. La ruptura (veremos si constante) de Junts con el PSOE tiene que ver con la competición interna por el voto secesionista, pero también con el modelo social, fiscal, laboral y empresarial que ha ido implementando Pedro Sánchez, cuyo rechazo se expresa mucho más a través del empresariado en Foment del Treball y en el Cercle d’Economía que desde las filas del partido (aunque ambas entidades respaldan la condonación de deuda y el nuevo modelo de financiación de la Generalitat)
También en Junts se clavan unos a otros puñales por la espalda como en el nacionalismo vasco porque ambas entidades viven una contradicción inquietante: quieren el rédito del pacto con Sánchez, pero notan la resistencia de sus electorados a sus políticas y el peligro del aventurerismo del secretario general del PSOE, que parece dispuesto —más todavía— a seguir rompiendo el estatus quo que en Cataluña y el País Vasco tiene una inercia en muchos aspectos irreversible.
En términos ideológicos, las derechas nacionalistas vasca y catalana, ayuntadas con Sánchez y sus extremismos, son una anomalía en el conjunto del izquierdismo desatado en España y por eso tenderá a corregirse. Ni el PNV ni Junts, cuyas batallas internas les debilitan frente a sus adversarios, Otegi y Orriols, estarán en el nuevo Pacto de San Sebastián que las izquierdas españolas firmarán a no mucho tardar. Si la alternativa se concreta en un gobierno entre el PP y Vox, esas derechas que en el bipartidismo y el sanchismo tuvieron y tienen un papel determinante podrían perderlo. Tempus fugit, que decían los latinos.
Se está conformando el ‘frente amplio’, popular y ‘plurinacional’ como avanzaba este periódico el pasado viernes. Ha comenzado por la izquierda radical, extrema izquierda o izquierda a la izquierda del PSOE: Izquierda Unida, Más Madrid, Comunes y lo que queda de Sumar. Pronto el PSC y ERC sellarán una más estrecha vinculación luego de que Pedro Sánchez asegure a Oriol Junqueras en su próxima entrevista en la Moncloa la ejecución de lo esencial del acuerdo sobre la financiación singular de Cataluña que ya ha pergeñado María Jesús Montero en el último intento de presentar y aprobar los Presupuestos Generales del Estado para 2026, algo que, aunque verosímil, parece demasiado improbable.