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Vox y Cataluña se le van de las manos a Pedro Sánchez
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Vox y Cataluña se le van de las manos a Pedro Sánchez

El discurso de Sánchez contra Vox le refuerza y amenaza ya más al PSOE que al PP mientras que las concesiones a ERC y a Junts son 'insuficientes', pero el presidente llegará a 2027, con o sin Presupuestos, solo y con el PSOE hundido

Foto: Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)
Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)
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Sánchez está tratando de recomponer la mayoría de la investidura con prodigalidad en sus concesiones. Llegará a 2027 cueste lo que le (nos) cueste, incluso con el PSOE deshilachado en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. Su prioridad no es el partido que dirige (en realidad, reconvertido en una plataforma para su liderazgo personal) sino seguir en la Moncloa que para él resulta, metafóricamente, una auténtica trinchera. Sabe que sus socios no le van a expulsar, pero sí exprimir (más aún) y de manera brutal.

Al PNV le ha dado competencias exorbitantes; a ERC, un pacto de financiación que incluye la ordinalidad; a Podemos, el ‘trofeo’ de una regularización extraordinaria de inmigrantes que quizá le permita recuperar a Junts con una ley orgánica de delegación de transferencias en materia de inmigración; Bildu obtiene réditos (silentes y explícitos) de su asociación con el PSOE y Sumar está tan débil que bastante tiene con las nóminas que cobran sus ministros y la pléyade de cargos reclutada por ellos. El presidente cree que sería verosímil en estas condiciones presentar los Presupuestos de este año con posibilidades de éxito.

Sin embargo, acontecimientos adversos para él (para todos) se están cruzando en este plan de recuperación de la mayoría de la investidura. Pedro Sánchez ha abusado insensatamente del discurso del miedo ‘a la ultraderecha’ que es el núcleo del argumentario de la Moncloa y de Ferraz. Tanto lo ha repetido, y sigue haciéndolo, que Vox, más que disminuir las opciones del PP, que también, amenaza mucho más al buen fin de las listas del PSOE. Si en Extremadura, los de Abascal ya superaron a los socialistas en Badajoz (150.000 habitantes), Almendralejo (34.000 habitantes), Navalmoral (17.000 habitantes) y Almaraz (1.500 habitantes), en Aragón se manejan encuestas según las cuales Pilar Alegría y sus listas morderían el polvo ante los voxistas en pueblos grandes, y, atención, les sobrepasarían en la capital, Zaragoza (693.000 habitantes).

Un resultado como el que auguran las encuestas para el próximo domingo en aquella comunidad convertiría Aragón en la zona cero del sanchismo en la que el PP sería de largo la primera fuerza con un incremento de uno o dos escaños sobre los que obtuvo en mayo de 2023 (28) y Vox pasaría de siete a once o doce. Este escenario tendría toda la lógica por el impacto de las decisiones de Sánchez (siempre circulares porque empiezan y terminan en él) que sacrifican al partido a su proyecto personal. Sufriría así el PSOE el ‘síndrome de Mitterrand’ que, tras alentar y favorecer el robustecimiento de Le Pen, liquidó al Partido Socialista francés. El modelo de financiación autonómica pactado con Junqueras en plena precampaña aragonesa, el efectismo de la regularización de inmigrantes (500.000), imposible de implementar en apenas tres meses (entre julio y septiembre) y con requisitos laxos, la candidata, Pilar Alegría, como icono del Gobierno durante años en el ejercicio de su portavocía y el impacto en la velocidad ferroviaria entre Madrid y Zaragoza que es un nervio fundamental de la ciudad, no ofrecen margen para ningún optimismo en el PSOE.

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Es precisamente el discurso de los portavoces socialistas y del presidente, a los que no se les cae de la boca la impugnación de Vox, el que robustece su implantación porque en la medida en que la formación de Abascal se muestra más cerril más decisión muestran sus votantes, que aspiran a emitir la papeleta radical y antisanchista. De momento, los mítines de Abascal en Aragón están registrando asistencias multitudinarias y si tras Extremadura, la comunidad aragonesa propina otro varapalo al PSOE de parecidas características, la crisis, no solo de Sánchez, sino del partido se agudizará.

Pese a sus esfuerzos, el presidente no tiene claro que Cataluña se comporte como contrapeso a los fracasos gubernamentales. El desastre de Rodalies (competencia también de Renfe y Adif y, por lo tanto, responsabilidad directa de Óscar Puente) irrita, de nuevo, la piel más sensible del catalanismo en general y del independentismo en particular que considera el pésimo funcionamiento de las cercanías ferroviarias como un atentado a la movilidad general de Barcelona y de su área metropolitana con múltiples afectaciones sociales y económicas.

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Los accidentes de Adamuz y, allí sobre todo el de Gelida, se han interpuesto en el relato de la financiación autonómica pactada entre Sánchez y Junqueras. Y han ralentizado, aunque no frustrado, las conversaciones entre el PSC y ERC para que Salvador Illa disponga del primer presupuesto de la legislatura. Su ausencia por razones de salud que, afortunadamente el president de Generalitat está superando ya en su domicilio, se ha conjurado con los accidentes ferroviarios y con la reticencia de las organizaciones patronales y sociales de Barcelona que piden mucho más al nuevo modelo de financiación.

La arremetida contra el sistema concertado de los territorios forales vascos y de Navarra ("mientras se mantenga habrá tensión" ha declarado Sánchez Llibre) protagonizada por el empresariado barcelonés, indicaría que esa y otras instancias siguen aspirando a una Hacienda propia, a una recaudación universal de los impuestos y tributos en Cataluña y a la negociación de un cupo. Si lo tiene el País Vasco y la Comunidad Foral navarra, ¿por qué no Cataluña? De tal manera que Junts va a acumular más reclamaciones en su renegociación con el PSOE que una ley orgánica que delegue en la Generalitat las competencias de inmigración si Podemos, que ahora vuelve a dudar, permite ese enjuague. Los Presupuestos Generales del Estado ya no van a depender solo de esa delegación competencial -que el País Vasco se dispone a reclamar igualmente- sino también de una financiación que vaya más allá de la que han obtenido ERC y Junqueras, de muy difícil implementación legal. La debilidad de Sánchez sugiere, incluso al catalanismo no estrictamente separatista, forzar la máquina en un esprint final de legislatura en el que Cataluña obtenga un nuevo estatus financiero irreversible, con evidente mutación (confederal) del modelo territorial.

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Sánchez va a soportar esta tensión tanto cuando dure y llegará, con o sin Presupuestos, a 2027. Porque, a los problemas políticos se unen los procesos judiciales, gravísimos, que le conciernen y la duda sobre la regularidad de la financiación del PSOE. La seguridad de que Sánchez llegará al otoño de 2027 no se corresponde con otra: la de que el PSOE soporte el estrés constante y la erosión permanente a los que le somete su secretario general. De tal modo que su cita con las próximas elecciones generales será para lo que queda de la organización socialista un Waterloo, no muy diferente al que anega al sistema político español tras la huella de Sánchez, parecida, en términos históricos, a la de Atila.

Sánchez está tratando de recomponer la mayoría de la investidura con prodigalidad en sus concesiones. Llegará a 2027 cueste lo que le (nos) cueste, incluso con el PSOE deshilachado en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. Su prioridad no es el partido que dirige (en realidad, reconvertido en una plataforma para su liderazgo personal) sino seguir en la Moncloa que para él resulta, metafóricamente, una auténtica trinchera. Sabe que sus socios no le van a expulsar, pero sí exprimir (más aún) y de manera brutal.

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