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Abascal detesta a Feijóo y a Bad Bunny (Vox necesita más sanchismo)
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José Antonio Zarzalejos

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Abascal detesta a Feijóo y a Bad Bunny (Vox necesita más sanchismo)

Vox quiere dosis más altas de sanchismo. Como la de ayer en el Congreso, en cuyo pleno el presidente del Gobierno, apoyado especialmente por Bildu, sintetizó todas las razones por las que Abascal desea más Sánchez y menos Feijóo

Foto: El presidente de Vox, Santiago Abascal, en una sesión de control al Gobierno. (Europa Press/Eduardo Parra)
El presidente de Vox, Santiago Abascal, en una sesión de control al Gobierno. (Europa Press/Eduardo Parra)
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¿Es irresponsable Vox al cubrir de denuestos al Partido Popular y amagar con no llegar a acuerdos en Extremadura y Aragón? No, exactamente. Abascal se ha ido librando de todos los dirigentes del partido que entendieron su fundación como una versión de la derecha española conectada con una visión más radical -pero no irracional- que la de los populares, que es moderada. El ejemplo de estos errados cofundadores de Vox sería Iván Espinosa de los Monteros, despedido de la organización con cajas destempladas. Santiago Abascal quiere sustituir al PP como Le Pen consiguió sobrepasar al republicanismo francés o Meloni a cualquier rastro de la derecha democristiana. Aquí el objetivo no es otro que el ‘sorpaso’, un propósito que los partidos jóvenes (le ocurrió a Podemos con el PSOE y a Ciudadanos con el PP) en nuestro país no han conseguido, pero sí en otros europeos.

Me refería el director de un gran periódico regional que, en una comida de varios colegas con el presidente de Vox, este se ufanó de su mando férreo en el partido, de modo que los líderes autonómicos se atenían a su criterio sin rechistar. Lo cual debe ser cierto porque todos ellos, les fuera bien o mal, rompieron al unísono las coaliciones acordadas con el PP en Castilla y León, Aragón o Extremadura. Y solo han considerado preciso colaborar en Valencia porque jugar al oportunismo con la tragedia de la riada de octubre de 2024 les hubiera penalizado. Pero, quizá, la Comunidad Valenciana sea la excepción y no la regla.

Abascal, en consecuencia, tiene un plan. Ese plan es sustituir al PP, no colaborar con él desde la minoría. Y si hay que hacerlo, que sea con un equilibrio aritmético que permita en el futuro sobrepasarle. Los dirigentes de Vox, pero no la mayoría de sus votantes, detestan a Feijóo porque les evoca a Rajoy, aunque el líder popular esté diseñando ya un perfil diferente y propio. El gallego resultaría en su narrativa un cómplice de Sánchez, el líder de un partido ‘blando’ y colaboracionista y una excrecencia del bipartidismo. Es, con la adaptación adecuada, el discurso trumpista que ha absorbido la sesera a los republicanos estadounidenses y destrozado su viejo partido.

En conversación con un dirigente nada menor de Vox, logré algunas aclaraciones interesantes: Bad Bunny, por ejemplo, y su alarde de hispanidad y latinismo en el formidable espectáculo de la Super Bowl, sería un ‘quintacolumnista’ del multiculturalismo, un heraldo del ‘gran reemplazo’. Que la ‘performance’ haya sido una capitalización extraordinaria del idioma español carece de relevancia para el voxismo más identificado, al parecer, con la brutalidad de la ICE en la captura arbitraria de inmigrantes, precisamente hispanos, un 46% de los cuales votaron al político naranja y, se supone, no lo volverán a hacer.

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Pero Vox y Abascal necesitan más tiempo, que arraigue con mayor profundidad el cabreo y el desprecio ciudadano a las instituciones y a la política convencional, que haga metástasis explosiva la hostilidad al sistema constitucional. ¿Quién mejor para ejecutar esos propósitos que la continuidad de Pedro Sánchez? Nadie. La estrategia de Abascal se delata. Solo hay una manera de reducir al PP. Consiste en que Sánchez siga hundiendo al país para corresponsabilizar del desastre a los populares, tal y como hacen los portavoces del PSOE al atribuir a Feijóo el crecimiento de Vox. Hacen falta, pues, dosis más altas de sanchismo. Como la de ayer en el Congreso en cuyo pleno, el presidente del Gobierno, enajenado de cualquier responsabilidad en la tragedia de Adamuz y apoyado especialmente por Bildu, sintetizó todas las razones por las que Abascal desea más Sánchez y menos Feijóo. La capacidad de irritar, hasta a los suyos, es en Sánchez interminable y todo lo que frustre y enfade revierte en beneficio de Vox. Incluso aunque, como subrayó Felipe González el pasado martes, el presidente y el PSOE se hayan excedido en favorecer el crecimiento de los de Abascal, porque sí, muerde al PP, pero también al PSOE.

La ofuscación de amplios segmentos sociales de la derecha que impugnan al PP y se abrazan a Vox procura una sedación ideológica, una excitación emocional y una aversión al sistema que Abascal sigue necesitando hasta llegar a las elecciones generales, que es la estación de término de Sánchez. De nuevo convergen, en el antagonismo, los plazos del uno y del otro. Porque el socialista intentará aglutinar un bloque frentista que inducirá al electorado de la derecha a convertir a Abascal en la némesis del presidente. Incluirán ambos en sus programas el desmantelamiento de la Constitución (unos con la centralización territorial y los otros con la confederación) publicando la esquela de la transición.

Foto: sanchez-vox-monstruo-politica-1hms Opinión

La situación para los populares es laberíntica, de muy complicada salida. Ceder más allá de la proporcionalidad que Feijóo ofrece a Vox sería una opción destructiva del partido. Y no llegar a acuerdos de gobierno autonómicos como preludio de una reversión del sanchismo tras unas generales, un fracaso sistémico que trascendería a sus protagonistas. Son estos momentos en los que se comprobará algo que, ni analistas, ni votantes, ni quizás los propios interesados, han aclarado: si Vox es algo radicalmente diferente al PP y si el PP es algo radicalmente diferente a Vox, sin otra posibilidad que destruirse recíprocamente. La opción del voto en blanco, que Felipe González ha manejado como orfanato político, podría ser, entonces, un recurso paliativo. Aunque nos llevaría a la Divina comedia del inmortal Dante: abandonaremos ya toda esperanza de que España deje de ser la peor España, como lo es ahora.

¿Es irresponsable Vox al cubrir de denuestos al Partido Popular y amagar con no llegar a acuerdos en Extremadura y Aragón? No, exactamente. Abascal se ha ido librando de todos los dirigentes del partido que entendieron su fundación como una versión de la derecha española conectada con una visión más radical -pero no irracional- que la de los populares, que es moderada. El ejemplo de estos errados cofundadores de Vox sería Iván Espinosa de los Monteros, despedido de la organización con cajas destempladas. Santiago Abascal quiere sustituir al PP como Le Pen consiguió sobrepasar al republicanismo francés o Meloni a cualquier rastro de la derecha democristiana. Aquí el objetivo no es otro que el ‘sorpaso’, un propósito que los partidos jóvenes (le ocurrió a Podemos con el PSOE y a Ciudadanos con el PP) en nuestro país no han conseguido, pero sí en otros europeos.

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