La peor pesadilla

Se impone destruir a ese engendro surgido de las tinieblas del medievo con técnicas informáticas del siglo XXI que llamamos Estado Islámico

Foto: Los servicios de emergencia trasladan a un herido. (EFE)
Los servicios de emergencia trasladan a un herido. (EFE)

Es lo que aconteció anoche en París. Una masacre indiscriminada de más de un centenar de personas como usted y como yo que disfrutaban pacíficamente de la noche de un viernes primaveral en pleno otoño, en un descanso bien ganado tras una semana de trabajo. Varios atentados terroristas llevados a cabo en lugares diferentes, restaurantes, bares y una sala de fiestas no muy alejados entre sí, y ejecutados de forma simultánea. El partido de fútbol Francia-Alemania se vio afecto por el estallido de bombas cerca del Estadio de Francia mientras el presidente Hollande era evacuado y el público asistente, reunido sobre el césped, cantaba la Marsellesa. Ventajas de tener un himno nacional compartido y con letra.

 

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El presidente Hollande ya ha señalado al Estado Islámico (Daesh) como autor, que posteriormente ha reivindicado la autoría de los atentados. El Daesh es una escisión de Al Qaeda iniciada en 2003 en Iraq por Al Zarkaui, que poco más tarde sería muerto por un dron americano. Hoy ambas organizaciones están enfrentadas a muerte y separadas por profundas diferencias tanto ideológicas como tácticas hasta el punto de que el órgano oficial de la milicia siria Al Nusra, filial de Al Qaeda, anima públicamente al asesinato del líder del Daesh, el autoproclamado califa Al Bagdadi.

La milicia siria Al Nusra, filial de Al Qaeda, anima públicamente al asesinato del líder del Daesh (Estado Islámico), el autoproclamado califa Al Bagdadi

Al Qaeda era hasta ahora la mayor inspiradora de ataques terroristas en Occidente, al que culpa de mantener a dictadores árabes y de extender por el mundo un pernicioso laicismo y una influencia cultural impregnada de valores que poco o nada tienen que ver con el Islam. Hasta Al Qaeda cabe rastrear atentados recientes como el de la maratón de Boston o el llevado a cabo el pasado mes de enero contra la revista satírica Charlie Hebdo, en un lugar muy cercano a los atentados de ayer, y que provocó 12 muertos y la condena universal por lo que además implicaba de atentado contra la libertad de expresión. Igual que ocurrió en Copenhague o antes con el asesinato de cineasta holandés Theo Van Gogh, en una línea que remonta a la fatwa de Jomeini contra Salman Rushdie, acusado de blasfemia tras escribir "Versos Satánicos". Los mismos atentados de Nueva York y Washington de 2001 y de Madrid de 2004 muestran diferentes grados de relación con Al Qaeda.

Por contra, el Daesh despreciaba esta línea de acción y prefería concentrarse en la creación del reino de Dios en la tierra, la edificación de un Estado Islámico donde revivir la pureza y las costumbres del Islam primitivo, el de los tiempos del Profeta, regido por la ley islámica (Charía) y dirigido por un Califa que pretende tener potestad espiritual y temporal sobre todos los musulmanes del planeta. Según ellos, el Daesh acabará conquistando Estambul (la Roma de oriente) y después será derrotado y su sacrificio traerá el fin del mundo. El Estado Islámico ha aprovechado inteligentemente el vacío de poder provocado por la invasión americana de Iraq y las revueltas inducidas en Siria por las esperanzas de libertad alumbradas por la Primavera Árabe, para "liberar" un territorio similar a media España sobre el que ha impuesto su yugo y su peculiar visión del mundo que incluye desde la forma de vestir hasta restaurar prácticas antiguas como la crucifixión o la esclavitud. Sus fuentes de ingresos se basan en la venta de petróleo, los impuestos, el rescate por los cautivos que toman y la venta de las antigüedades que no destruyen.

El líder del Estado Íslámico, Abu Bakr al Bagdadi
El líder del Estado Íslámico, Abu Bakr al Bagdadi

Mientras Al Qaeda, bajo el liderazgo poco carismático de Al Zawahiri, sucesor de Bin Laden, parece algo anticuada y a la defensiva aunque manteniendo sus franquicias allí donde las tenía (Iraq, Siria, Península Arábiga, Magreb, Somalia), los jóvenes se sienten hoy más atraídos por la violencia, la acción y el sentido de pertenencia y de dignidad que les ofrece el Daesh y que resulta muy atractivo para gentes inadaptadas o marginadas a las que la vida ofrece pocas posibilidades. Por eso se extiende hasta Libia, donde tiene una base territorial cerca de Bengazi, y hasta Nigeria donde el Boko Haram ha prestado juramento de lealtad al califa. El atractivo del Estado Islámico es grande también para  jóvenes de segunda o tercera generación de familias musulmanas emigradas a Europa y con graves crisis de identidad y las Fuerzas de Seguridad de nuestros países no paran de desarticular redes de reclutamiento. Hay que tener en cuenta que el Daesh puede tener una visión medieval del mundo pero utiliza con gran maestría las redes sociales y sus videos incorporan las últimas técnicas y referencias subliminales a los videojuegos de mayor difusión entre su clientela-objetivo. Gracias a ello se calcula que recluta unos 3000 combatientes mensualmente lo que le permite reponer con comodidad las bajas que sufre. Algunos de estos jóvenes, hombres pero también algunas mujeres, proceden de Europa y regresan luego muy radicalizados y con un entrenamiento militar que les convierte en terribles máquinas de matar.

Hollande ha dicho que los atentados de ayer "se organizaron en el exterior, con cómplices internos". Algo parecido sucedió en Madrid donde la inspiración del propio Osama Bin Laden animó a un grupo autóctono con incrustaciones de combatientes que habían huido de la represión marroquí posterior a los atentados de Casablanca de un año antes. Estas células locales de gente aparentemente bien integradas son las más difíciles de detectar, como sucede con los llamados "lobos solitarios" que últimamente parecen ceder el lugar a células suficientemente  coordinadas entre si como para ser capaces de actuar simultáneamente en varios lugares diferentes. Pesadillas con diferentes grados de intensidad y que plantean problemas evidentes de seguridad con vistas a la Cumbre sobre el Clima que está convocada a fin de mes en París con asistencia de más de un centenar de jefes de Estado y de Gobierno. Otra pesadilla para los responsables de la seguridad gala.

Es probable que el Daesh haya cambiado de estrategia últimamente para buscar objetivos fuera del campo sirio-iraquí entre aquellos países que le bombardean

Es muy probable que el Daesh haya cambiado de estrategia últimamente para buscar objetivos fuera del campo de batalla sirio-iraquí entre aquellos países que le atacan físicamente y le bombardean. Eso explicaría los sangrientos atentados contra los pacíficos manifestantes kurdos de Ankara, contra la mezquita chiíta de Hizbollah en Líbano, contra el avión ruso sobre el desierto de Sinaí (si se confirma que fue destruido por una bomba en su interior) y por los actuales ataques de París. Turquía, Hizbollah, Rusia y Francia son muy activos en la lucha contra el Estado Islámico. Pero no son los únicos.

Si el 11-S todos éramos americanos, el 11-M éramos madrileños y todos éramos Charlie el pasado enero, es el momento de sentirnos todos parisinos. Les ha tocado a ellos como podía habernos tocado a cualquiera de nosotros porque lo intentan y son constantes los atentados en embrión o en proyecto que detectan y desarticulan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Y cuando alguno no se descubre, sucede lo que ayer en París. En una sociedad libre es imposible vigilarlo todo todo el tiempo porque se convertiría en un estado policiaco. Hoy se impone nuestra solidaridad con nuestros hermanos franceses atacados por la crueldad sin sentido del terrorismo, mientras extremamos nuestras propias medidas de vigilancia enfrentando el viejo reto de conciliar la defensa del estado y la seguridad ciudadana con el respeto de los derechos y libertades individuales.

La base no puede ser otra que mejorar la coordinación interna de todos los que luchan contra el terrorismo y la cooperación internacional con los países amigos. Al terrorismo hay que derrotarlo fuera porque si lo esperamos dentro aumentan las posibilidades de llegar tarde y por eso se impone destruir a ese engendro surgido de las tinieblas del medievo con técnicas informáticas del siglo XXI que llamamos Estado Islámico, algo que es tarea de todos pues a todos amenaza la sinrazón del terrorismo nihilista. Y si alguien piensa que esto a España le queda lejos, que recuerde el 11-M o que mire en un mapa dónde se encuentra Libia.

[Vea el álbum: Las imágenes de un mundo conmocionado]

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