Otro conflicto a la vista

Parece que la situación global en Oriente Medio debería tender a la calma, y sin embargo no es así porque se mantienen viejos focos de conflicto y aparecen otros nuevos

Foto: Una captura de vídeo muestra un lanzamisiles sirio en el objetivo de mira durante un bombardeo israelí en un lugar sin precisar en Siria. (EFE)
Una captura de vídeo muestra un lanzamisiles sirio en el objetivo de mira durante un bombardeo israelí en un lugar sin precisar en Siria. (EFE)

Una vez derrotado el Estado Islámico, que aún mantiene algunas pequeñas bolsas de resistencia en Siria e Irak, parece que la situación global en Oriente Medio debería tender a la calma, y sin embargo no es así porque se mantienen viejos focos de conflicto y aparecen otros nuevos.

Como la 'olvidada' guerra de Yemen, donde, tras una revuelta tribal con apoyo de Irán contra el presidente legítimo, la posterior intervención de Arabia Saudí y de Emiratos Árabes Unidos está produciendo una terrible crisis humanitaria en uno de los países más pobres y feudales del planeta. La actual ofensiva aliada sobre el puerto de Hodeida por donde los rebeldes houtis reciben comida (y armas iraníes) puede desatar una hambruna que es ya lo único que le falta a ese desgraciado país. Y por si fuera poco, Al Qaeda aprovecha el vacío de poder y se adueña allí de amplios territorios, algo que no presagia nada bueno.

En Irak se han celebrado elecciones que han dado la victoria a un clérigo chií, fiero opositor de la invasión norteamericana y reconvertido hoy en populista nacionalista al frente de una coalicion transversal con chiíes, sunníes y comunistas. Moqtada al Sadr no gusta ni en Washington ni en Teherán, y no gobernará... pero puede decidir que lo haga una lista pronorteamericana o una lista proiraní, con consecuencias muy diferentes. Y es en Irak donde Irán puede vengarse más fácilmente de la denuncia del acuerdo nuclear y de la reimposición de sanciones por Donald Trump.

En Siria no se ve salida al conflicto porque hay allí demasiados países interfiriendo con intereses muy diferentes. El país necesita reconciliación, que cesen los combates y se desarmen las milicias, que se retiren las tropas extranjeras, garantizar su integridad territorial, medidas de confianza, garantías para las minorías, una nueva constitución, elecciones... Casi nada. Y Rusia, EEUU, Turquía e Irán, principales actores en ese conflicto, simplemente no se ponen de acuerdo sobre cómo hacerlo mientras el país se desangra y más de la mitad de sus ciudadanos se han visto obligados por la guerra a abandonar sus hogares o a buscar refugio en el extranjero (cinco millones), provocando en Europa los problemas bien sabidos.

La retirada norteamericana ha provocado un vacío en Oriente Medio y otros lugares del planeta que otros intentan rellenar, como hacen tres viejos imperios que vuelven a la vida y se reencuentran de nuevo en esa atormentada región: Rusia, Persia y Turquía, que en el pasado se enfrentaron de forma cruenta, hasta una docena de veces el imperio zarista y el otomano (casi siempre con ventaja para San Petersburgo) como consecuencia del expansionismo ruso hacia los 'mares cálidos' del sur, mientras turcos y persas lograron un acomodo hace 200 años tras desangrarse mutuamente durante otros 300.

Hoy, Rusia busca en Oriente Medio prestigio, bases militares y comercio que le permitan sortear las sanciones impuestas por su anexión de Crimea y su comportamiento en Ucrania. Turquía construye bases en Qatar, Ormuz y Mogadiscio, ya en el Cuerno de África, y se está labrando una zona de seguridad de 20 km. de anchura dentro de Siria a lo largo de su frontera para controlar las incursiones kurdas en su territorio y el apoyo al PKK. E Irán, la antigua Persia, aprovecha a sus aliados chiíes en Líbano, Irak, Yemen, Bahréin y Palestina para extender su influencia, que es particularmente ambiciosa en Siria, hasta llegar a convertirse en incómoda tanto para sus socios en Damasco y Moscú como para sus rivales en Ankara, Washington y Tel Aviv. Todos coinciden de manera más o menos abierta en que hay que frenar a Irán, y lograr que países tan diferentes se pongan de acuerdo en algo es ya en sí un hecho notable.

En medio de este escenario conflictivo, el ambiente se ha caldeado en los últimos tiempos tanto en torno a Israel con los palestinos como entre Israel e Irán. Con los palestinos, ha saltado la chispa porque la situación humanitaria de Gaza es insostenible (43% de desempleo, 98% del agua potable contaminada, falta de comida y de medicinas, electricidad unas pocas horas al día...) por culpa tanto del bloqueo israelí como del desacuerdo entre Hamás, que domina Gaza, y la Autoridad Nacional Palestina, que lo hace en Cisjordania. Mientras los israelíes celebraban hace unos días con alborozo el 70 aniversario de la creación del Estado de Israel en 1948, los palestinos conmemoraban la Naqba o tragedia que hace los mismos 70 años les expulsó de sus tierras (el 70% de los gazatíes son refugiados que perdieron entonces sus hogares).

Y así, mientras la embajada norteamericana se trasladaba a Jerusalén (violando el derecho internacional y las resoluciones de las Naciones Unidas), morían 61 palestinos que protestaban en Gaza por disparos del ejército israelí. ¡Triste celebración! La tensión es alta y se mantiene con esporádicas agresiones desde la Franja contra poblaciones israelíes cuyos habitantes tampoco pueden vivir en paz y tienen que correr con frecuencia a sus refugios, mientras los EEUU ya no son vistos como mediadores imparciales y esto paraliza aún más un proceso de paz que agoniza desde hace años. Para completar el cuadro, los palestinos pelean entre ellos y los israelíes siguen con sus políticas de colonización de territorios ajenos. Últimas encuestas revelan que los palestinos ven cada vez más difícil tener su propio Estado y que poco a poco ganan terreno los partidarios de vivir junto con los israelíes, aunque, eso sí, con los mismos derechos, lo que puede ser otro sueño imposible (en Jerusalén, los palestinos son el 38% de la población pero solo reciben el 12% de las prestaciones sociales) porque en ese supuesto se debilitaría el 'carácter judío' de Israel.

Pero donde más se está calentando el ambiente y es más alto el riesgo de que una chispa detone un conflicto incontrolable es entre Israel e Irán en territorio sirio, por la simple razón de que los objetivos de uno y otro son incompatibles y han entrado en línea de colisión. Irán quiere convertir a Siria en un Estado vasallo, tener allí bases militares, crear milicias chiíes leales (como Hizbulá en Líbano), y construir corredores por Irak que garanticen una comunicación fluida para sus tropas y pertrechos militares. Es lo que el líder supremo, Jamenei, llama “defensa avanzada”, que constituye una auténtica línea roja para Israel porque pone en peligro su propia supervivencia nacional. Y eso es algo que Tel Aviv nunca va a permitir.

Por su parte, los objetivos de Israel en Siria son evitar que el conflicto se desborde e implique a la meseta del Golán, que es territorio sirio conquistado por Israel en 1973 y anexionado luego (hay ahora una ofensiva diplomática israelí para que Trump también reconozca esa anexión que nadie más acepta); impedir que Irán se asiente en Siria y que tenga allí bases militares o milicias, y no dejar que Irán controle vías de suministro de armas destinadas a su archienemigo Hizbulá.

Son estrategias irreconciliables. Y mientras Israel procura implicar a Washington en su lucha, Irán trata de conseguir el apoyo de Rusia. Pero Washington y Moscú no quieren verse arrastrados a una confrontación mayor en un país menor por intereses ajenos, y además ambos coinciden en ver con desconfianza el espectacular aumento de influencia de Irán en toda la región, aunque Rusia le considere un aliado y Washington esté empeñado en una cruzada sin cuartel contra la República Islámica, como muestra su reciente denuncia unilateral del Acuerdo Nuclear.

Lo que Trump quiere es nada menos que provocar un colapso económico, que desemboque en un levantamiento que acabe con el régimen de los ayatolás, como públicamente han reconocido su secretario de Estado, Mike Pompeo, y su consejero de Seguridad Nacional, John Bolton. De hecho, ya ha habido varios enfrentamientos directos entre Israel e Irán en Siria, incluidos ataques con drones y misiles de un lado y de otro, y si se desbordan, la situación podría complicarse mucho y arrastrar a otros países. Por eso, Moscú acaba de prohibir a los iraníes operar en el sur de Siria cerca de las fronteras de Israel. Pero Tel Aviv no se fía y afirma haber detectado elementos de la prestigiosa División Ad Radwan de Hizbulá entre las tropas sirias que llevan a cabo la actual ofensiva contra Deraa y Kuneitra, muy cerca del Golán ocupado.

Las espadas siguen en alto y nada altera el problema de fondo de esas dos estrategias irreconciliables que se enfrentan en territorio sirio

En plena reimposición de sanciones a Irán por parte de los Estados Unidos, a Teherán no le interesa en estos momentos aumentar la tensión y enajenarse a los europeos y otros países que son contrarios a la decisión unilateral norteamericana, y por eso trata de rebajar su perfil en Siria. Pero no hay que engañarse, porque las espadas siguen en alto y nada altera el problema de fondo de esas dos estrategias irreconciliables que se enfrentan en territorio sirio.

Y es que no hay situación mala que no sea susceptible de empeorar.

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