El nuevo año

Mucho me temo que el mundo no está mejor que hace un año porque los riesgos han aumentado desde los puntos de vista político, económico o de seguridad

Foto: Donald Trump y Vladimir Putin. (Reuters)
Donald Trump y Vladimir Putin. (Reuters)

Mucho me temo que el mundo no está mejor que hace un año porque los riesgos han aumentado desde los puntos de vista político, económico o de seguridad, y tampoco hemos mejorado en conducta ética.

En política, la impredecibilidad de Trump y el nacionalismo de Putin me parecen los dos riesgos más evidentes para el mundo. Trump sorprende a propios y extraños con sus ocurrencias impulsivas y con sus mentiras compulsivas. Miente más que habla según un pormenorizado estudio de 'The Washington Post'. Pero Trump es consecuencia de un sistema liberal que ha desamparado a millones de ciudadanos que sienten su nivel de vida amenazando y que están dispuestos a creer que es por culpa de los inmigrantes, algo que también está en la raíz de los nacionalismos y de los populismos que crecen en Europa, tanto de derechas como de izquierdas originados en el descontento y en el miedo.

Trump no es su causa pero su comportamiento los impulsa y anima. En política exterior Trump desconfía de sus aliados, aborrece las organizaciones internacionales y ha abandonado el multilateralismo que ha sido la seña de identidad de la diplomacia norteamericana desde la 2 GM. Donald Trump parece renunciar a las responsabilidades globales y como consecuencia la imagen y la credibilidad norteamericanas en el mundo han quedado muy dañadas tras estos dos primeros años de su “America, First”.

Por su parte, Putin ha hecho del nacionalismo su bandera y está dispuesto a recuperar las glorias y la influencia mundial que un día tuvo la Unión Soviética, cuya desaparición él considera un terrible desastre para Rusia. A lomos de esta ambición, Putin pretende la creación de un glacis de seguridad en torno de sus fronteras por el expeditivo método de extenderlas... de momento a costa de Ucrania, a la que ya ha arrebatado Crimea mientras desestabiliza sus provincias orientales (Lugansk y Donetsk) y quizás apunte ya a Georgia. lo del estrecho de Kerch es muy grave. También busca recuperar posiciones en Oriente Medio donde está aprovechando hábilmente el repliegue norteamericano para extender su influencia, vender armas y erigirse en protector de Bachar al Assad. La creciente utilización de elementos de guerra cibernética por parte de Rusia (y de China) es otro motivo de preocupación para occidente.

Xi Jinping parece que abandona la moderación de Deng en política exterior al mismo tiempo que el liderazgo colectivo en favor de su culto personal

El tercero en discordia es Xi Jinping, que parece dispuesto a abandonar la moderación de Deng en política exterior al mismo tiempo que el liderazgo colectivo en favor de su culto personal. China está en pleno crecimiento económico (mientras la economía norteamericana se ha multiplicado por 7,5 desde 1970, la china lo ha hecho 75 veces) y muy pronto desbancará a los EEUU como primera economía mundial ...aunque la diferencia en renta per cápita siga siendo abismal.


Las apetencias de China, su militarización y su expansionismo por el Mar del Sur de China, que es una vía comercial de importancia estratégica, preocupan y hacen a algunos augurar una inevitable guerra futura con los EEUU en cumplimiento de la llamada “paradoja de Tucídides”. Pero si eso es mera especulación por ahora, no lo es el acercamiento entre Putin y Xi para enfrentar a los Estados Unidos, que ambos perciben como una potencia hostil, por encima de sus diferentes y a veces conflictivos intereses.

Mientras, la Unión Europea sigue desaparecida como actor importante del escenario internacional, a pesar de su peso económico y comercial, debido a debilidades internas que no parece capaz de solucionar a pesar de tímidos progresos en Defensa o en el área económica, mientras se ha detenido la convergencia entre el norte y el sur, Merkel se retira, Macron pierde popularidad a chorros, el Reino Unido no sabe cómo salir del lío del Brexit, Italia se hace a la vez populista y nacionalista y crecen los regímenes iliberales en Polonia, Hungría, Austria, Eslovaquia... Y en España se enquista el problema catalán por falta de sintonía entre los partidos constitucionalistas y eso lleva agua al molino de Vox.

La UE sigue desaparecida como actor importante del escenario internacional, a pesar de su peso económico, debido a debilidades internas

Se diría que lo peor de la crisis economía y financiera de 2008 ha quedado atrás y que comienza una recuperación plena de fragilidades potenciales como la gigantesca burbuja comercial (la relación entre bienes producidos y comercio era de 1 a 6 en 1970 y ahora es de 1 a 150) o la de la construcción en China, que por su tamaño nos podría afectar a todos. En 2018 ha aumentado el proteccionismo impulsado por los EEUU y las guerras comerciales con Europa y especialmente con China. Todo esto, como ya han denunciado la OMC (que sigue sin reformarse) y la propia OCDE amenaza la recuperación y el crecimiento de la economía mundial en un contexto multipolar dominado por desconfianzas, elevación de barreras de todo tipo y un fortalecimiento del dólar que crea problemas en economías emergentes como Argentina o Turquía.

En el plano de la seguridad, el cambio climático amenaza el futuro del planeta y de los que lo habitamos y exige un esfuerzo concertado que se logró con dificultad en la Conferencia de París y que se ha reiterado con la boca chica en Katowice a pesar del desenganche norteamericano o brasileño, mientras China afirma combatirlo pero sigue contaminando con el carbón que quema. Y a este paso y si no se toman medidas más drásticas, la temperatura subirá hasta tres grados de aquí a fin de siglo con gravísimos desórdenes atmosféricos, subida del nivel de las aguas y emigrantes ecológicos.

Otro problema de seguridad es el que plantea el terrorismo internacional que parece haber experimentado un retroceso aunque el reciente atentado navideño en Estrasburgo muestra que está lejos de haber desaparecido. Sin olvidar que la tensión crece entre los EEUU y China y entre los EEUU y Rusia hasta el punto de poner en peligro la continuidad del Tratado NIF (misiles de rango intermedio) y volver a hablarse de “clima de guerra fría” en el mundo. No hay que olvidar que en 2020 finaliza el vigente Tratado START sobre misiles estratégicos y que por el momento no hay conversaciones para su prórroga o modificación. Putin ha dicho en su mensaje de fin de año que esta situación eleva el riesgo de una guerra nuclear, pero lo que ya está con nosotros es la utilización de instrumentos de guerra cibernética como instrumento de política exterior por parte de algunos países y eso va a más.

El principal problema ético es el de la desigualdad entre los seres humanos, algo que ha contribuido a aumentar el liberalismo desregulado

En el plano ético, me parece que el principal problema es el de la desigualdad entre los seres humanos, algo que desgraciadamente ha contribuido a aumentar el liberalismo desregulado de los últimos años y que explica fenómenos como los actuales disturbios de los “chalecos amarillos” en Francia. A escala mundial se estima que unos 125 millones de personas salen anualmente de la pobreza para integrarse en la clase media. Sobre todo en Asía. Y eso significa que la globalización funciona y que el mundo está mejor que nunca en términos generales, e igual indican los índices de enfermedades, guerras y muertes violentas. Pero aún así si usted tiene 2.220 euros en su cuenta corriente, pertenece al 50% más rico de la humanidad, o -dicho de otra forma- el 1% más rico de la Humanidad posee tanta riqueza como los 4.000 millones de personas más pobres.

Esto es profundamente injusto y augura, entre otras cosas, enormes migraciones en un futuro muy próximo porque en los próximos 30 años Europa perderá población y África crecerá en 1.300 millones de personas... Y mientras esto ocurre el mensaje que transmiten los poderosos es que está bien lo que a mí me conviene. No otra cosa ha dicho Trump tras el asesinato de Khashoggi. Fea moral. Estos no son problemas desconocidos o que nos vayan a pillar por sorpresa, aunque otros aparecerán que sí que lo harán. El nuevo año no se diferenciará de los que le han precedido en su capacidad para sorprendernos. Ojalá sepamos responder adecuadamente a los nuevos retos.

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