Lo del flirteo con C´s y bla, bla, bla

España es ese país en el que todo el mundo cree en las bondades de la libre competencia, salvo cuando se trata de UPyD y Ciutadans.

España es ese país en el que todo el mundo cree en las bondades de la libre competencia, salvo cuando se trata de UPyD y Ciutadans. En ese caso, deben fusionarse, pactar, coaligarse, en fin, lo que sea. Nadie aclara muy bien la fórmula: ¿como la del PSOE-PSC, que se encuentra en pleno naufragio? ¿Por la vía de hacer listas conjuntas, es decir, de repartir por cuotas un poder del que aún se carece para formar equipos que trabajen juntos en las instituciones?

Claro, claro, dicen algunos. El proyecto está clarísimo: UPyD y Ciutadans son carne de la misma carne. La idea descabellada es que creemos un monopolio de la regeneración y la unidad de España juntando UPyD con C's. Es decir, sumando dos cosas: por un lado, un partido que, poco a poco y con gran esfuerzo, ha ido levantándose en toda España, con la convicción de que crecer en una sola comunidad para luego irradiarse al resto de España era un error. Por otro lado, un partido catalán que ha seguido la estrategia contraria y que, por el momento, no es un partido sino un “movimiento” buscando amalgamas con partidos locales, regionales, etc. Son dos maneras opuestas de concebir el crecimiento; ambas legítimas, pero contrarias. Me sorprende que los analistas rigurosos no hayan caído en la cuenta y, con un buenismo que acostumbran a denostar, simplemente digan “que follen”, sugiriendo una forma de hacer política propia de la época de los Reyes Católicos.

La estrategia es pues, opuesta. Pero supongamos que el ideario sea compartido. Yo querría que, lejos de ser UPyD el único partido que hasta ahora lo ha defendido en toda España, se sumara no sólo Ciutadans, sino todos los demás. Ahora supongamos que eso ocurriera: si PP y PSOE se sumaran al discurso a favor de España y de la regeneración democrática (como, por cierto, harán antes o después), ¿debería también UPyD fundirse con ellos? Los más avispados señalan dos cosas. Una, que PP y PSOE no tienen credibilidad. Dos, que UPyD y Ciutadans somos algo “fresco”.

Si nosotros no hacemos performances ni ocultamos nuestro pasado es porque creemos en el medio plazo, no en el corto. Y eso nos impediría sumarnos a una alianza de partidos de extrema derecha xenófoba, como ha hecho C´s con Libertas en el pasadoCuántas veces me habrá pedido un jefe –cuando trabajaba en una redacción– que escribiera sobre cualquier cosa, pero un artículo “fresco”. Cuando yo arqueaba las cejas con cara de “¿podrías explicar eso un poco más?”, el redactor-jefe gesticulaba con los dedos hacia arriba, imitando el chisporroteo de las burbujas de Freixenet: algo dinámico, guapo y simpático. Sé perfectamente lo que en la jerga mediática significa “fresco”: que parezca nuevo, que suene diferente. No importa que verdaderamente lo sea, sino que lo aparente. Todo muy posmoderno, todo muy líquido. Los de UPyD, lamento la confusión, somos gente sólida. Desde luego, podemos estar equivocados, pero caminamos con pie corto y mirada larga, como dice mi querido Nacho Prendes. Esto significa, de manera ineludible, huir del cortoplacismo que está destruyendo la política y convirtiéndola en un apéndice del márquetin y los medios de comunicación.

Coincidir en un discurso “fresco” no es garantía de nada. Ahí está la presidenta andaluza, Susana Díaz, tan fresca, ungida con el aceite sagrado de “lo nuevo” en los medios sin haber soltado el lastre de los ERE.

La crisis de la política es una crisis de confianza. La gente ya no cree los discursos y espera hechos, porque ha habido muchos discursos frescos que se han mustiado enseguida. Por eso mismo, los cargos públicos de UPyD tratamos de hacer mucho y hablar poco. Mediáticamente es menos rentable, pero somos conscientes de que la confianza requiere de tiempo para construirse. Nosotros no tenemos prisa. Queremos que nos voten quienes día a día vean y valoren nuestro trabajo y nuestro comportamiento, no porque un redactor-jefe nos juzgue “frescos”.

¿En qué se traduce todo esto? En llevar a Bankia a los tribunales; denunciar la estafa de las preferentes; no aceptar coches oficiales u otras prebendas; no entrar en el pacto para repartir las cuotas del Consejo del Poder Judicial o de RTVE. Se traduce en trabajar con rigor; en poner hechos allí donde otros ponen promesas, se traduce en construir propuestas allí donde otros partidos ponen palabrería; en trabajar 60 enmiendas donde otros hacen una performance para ganarse una foto. En celebrar primarias de verdad, sin avales. Creo que si algo caracteriza a la gente de UPyD, al menos a la que yo conozco, es la seriedad moral con que asumen su responsabilidad pública. Seriedad moral en la vida pública, tal como lo explicó Tony Judt, significa que lo que hacemos sea coherente con lo que decimos. Si estuviéramos propugnando otra forma de hacer política y, al tiempo, buscando el protagonismo barato de una foto o el crecimiento rápido con alianzas estrambóticas, estaríamos siendo incoherentes.

Nosotros no queremos tratos con corruptos o excorruptos, francamente. A menudo nos acusan de no tener pasado, cuando en realidad quieren decir que nuestro pasado es de personas honestas, entre otras cosas, porque no damos cabida a gente tan dudosaNo tengo ningunas ganas de criticar a Albert Rivera. Es más, escribí a favor de él al principio. Luego supe que había ocultado su militancia en Nuevas Generaciones. Y no me molestó que hubiera pertenecido al PP, sino que con su actitud aceptaba ese principio tan extendido en política, según el cual la mentira es perdonable si proporciona réditos políticos. Esto no es nada fresco. Si nosotros no hacemos performances ni ocultamos nuestro pasado es porque creemos en el medio plazo, no en el corto. Y eso nos impediría sumarnos a una alianza de partidos de extrema derecha xenófoba, como ha hecho C's con Libertas en el pasado. Cuando lo comento con amigos cercanos a C’s me dicen: sí, sí, es que eran unos inexpertos, han cometido muchos errores. En 2009 encabezaron una coalición de partidos regionales que representan el particularismo del que UPyD abomina. En aquella alianza también estaba el PSDE, partido del famoso Tamayo, el del 'tamayazo', y José Luis Balbás. Nosotros no queremos tratos con corruptos o excorruptos, francamente. A menudo nos acusan de no tener pasado, cuando en realidad quieren decir que nuestro pasado es de personas honestas, entre otras cosas, porque no damos cabida a gente tan dudosa.

En las generales de 2011, C's no se presentó finalmente, peo estuvo explorando una alianza con el Partido Regionalista de Cantabria del señor Revilla. Regionalista quiere decir “hermano pequeño del nacionalismo”. Allá ellos con sus decisiones, para mí no es la forma adecuada de crecer en votos. ¿Otro pecadillo de juventud? Bien, aceptemos que así sea. Si se han equivocado tantas veces en el pasado, ¿cómo pensar que aciertan ahora cuando piden por enésima vez la alianza con UPyD? Yo creo que vuelven a errar. De hecho, ya han firmado un acuerdo con partidos locales como Unión de Ciudadanos Independientes (de Illescas) o Ciudadanos de Cádiz. Y vuelven a aceptar la colaboración de gente dudosa como Fuster Fabra, abogado de cuatro de los mossos procesados por la muerte de Juan Andrés Benítez en el Raval y cercano a Fuerza Nueva.

No critico a Ciutadans por tomar estas decisiones. Pero ni me trago la supuesta ingenuidad de Albert Rivera cuando afirma en televisión –siempre es en televisión– no entender por qué UPyD no quiere pactar con él ni me trago a esos tertulianos de memoria selectiva que olvidan de súbito el pasado de C's, escaso y enjundioso como su presente. Para terminar, una cuestión formal: este artículo es mío, lo firmo yo y me hago responsable de lo que en él se afirma. Rosa Díez ni siquiera sabe que lo escribo. En esto también somos diferentes.

Palabras en el Quicio
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