El derecho a decidir está en la sintaxis

El derecho a decidir lo concede, antes que nadie, la sintaxis. La fraseología del nacionalismo independentista deja traslucir su desconfianza en el ciudadano. La pregunta de

Foto: El presidente de la Generalitat, Artur Mas. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Artur Mas. (EFE)

El derecho a decidir lo concede, antes que nadie, la sintaxis. La fraseología del nacionalismo independentista deja traslucir su desconfianza en el ciudadano. La pregunta de esa consulta que nunca se celebrará es doble y dice así: “¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado? En caso afirmativo, ¿quiere que sea un Estado independiente?”.

“Estado”, acepción número cinco del Diccionario de la RAE: “País soberano, reconocido como tal en el orden internacional, asentado en un territorio determinado y dotado de órganos de gobierno propios”. O bien, en su definición número seis: “Forma de organización política, dotada de poder soberano e independiente, que integra la población de un territorio”.

En ambas queda claro que la independencia, es decir, la soberanía, es cualidad intrínseca de un territorio cuando se constituye como Estado. No se puede esperar mucho de la sintaxis de la Generalitat, pero resulta demasiado obvio que quiere camuflarlo para hurtar a los ciudadanos el requisito primordial ligado al derecho a decidir: que no lo manipulen a uno previamente. La utopía de Mas consistiría en que saliera la respuesta afirmativa a la primera pregunta, pero negativa a la segunda. Así podrían mantener el chantaje en ‘Madrit’: lo ven, lo ven, los catalanes nos sentimos “Estado” y por eso merecemos que nos paguen otra ronda. Y uno diría: ¿pero quién la paga? Pues el Estado, qué cosas. En esa ambigüedad, en esa cosa del seny se ha desenvuelto bien CiU durante lustros. El error político de Artur Mas fue olvidar la magia del poc a poc. La sintaxis como freno a acelerones viscerales.

La utopía de Mas consistiría en que saliera la respuesta afirmativa a la primera pregunta, pero negativa a la segunda. Así podrían mantener el chantaje en ‘Madrit’Un Estado sin independencia es el tipo de contradicción lógica más querida al nacionalismo. Una ambigüedad ininteligible que pueda ser interpretada a conveniencia, según vengan los presupuestos del Estado. El otro Estado, esto es. En el mejor de los casos, un Estado sin independencia es una triquiñuela como la que pergeñó el ínclito Ibarretxe al sugerir constituirse en “Estado libre asociado”. ¿Asociado a quién? Al Estado, el otro. Pensémoslo despacio. Eso equivale a preguntar a los catalanes: ¿quieren asociarse a España de igual a igual, sin que preguntemos al resto de España si quiere asociarse a ustedes? No comprende el independentismo que dos no se asocian si uno no quiere. Si ellos se independizaran, nosotros también.

Parece que todo quedará en un nuevo amago. Un nacionalista que conoce bien el percal me comentaba este jueves su predicción: Esquerra quiere salvar la cara con vistas a las elecciones municipales. La fecha anunciada para el referéndum es noviembre del año próximo. Hay margen para no celebrar la consulta y romper con CiU justo a tiempo de preparar la precampaña electoral. Se rompe la supuesta alianza proconsulta y todos salen favorecidos en las elecciones. A estas alturas es lo único que les preocupa.

 “El estilo es el hombre”, decía Buffon. Qué estilo más limpio el de una pregunta como esta: “¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado independiente?” Qué hombres más limpios si la hubieran formulado así. Al final, hasta la más casposa épica independentista se ha asustado de la claridad. 

Palabras en el Quicio
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