La sociedad civil catalana sale de la clandestinidad
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Irene Lozano

Palabras en el Quicio

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La sociedad civil catalana sale de la clandestinidad

Llego con sigilo a Tarragona. Vengo a celebrar la Diada con miles de personas y a decirles que nada de lo catalán nos resulta ajeno. Sin

Foto:  Imagen de la senyera desplegada en el Anfiteatro de Tarragona. (EFE)
Imagen de la senyera desplegada en el Anfiteatro de Tarragona. (EFE)

Llego con sigilo a Tarragona. Vengo a celebrar la Diada con miles de personas y a decirles que nada de lo catalán nos resulta ajeno. Sin ruido: una diputada invitada por una plataforma ciudadana debe ser silenciosa. En Cataluña, la sociedad civil salió ayer de la clandestinidad. Fue un hito importante en su legitimación pública. Estar en las calles, sentirse mayoría. No es la primera vez que se intenta. Sí la primera que se consigue.

El acto está convocado en la rotonda del circo romano, en el corazón de la ciudad, entre el viejo anfiteatro y el circo de la Tarraco romana, patrimonio de la humanidad.

El sentido de Sociedad Civil Catalana (SCC) es rebelarse ciudadana y pacíficamente contra la anomalía catalana. ¿Cuál es la excepcionalidad? Que aquí el poder es el rebelde, o dice serlo. Lo cierto es que el poder, además del monopolio de la violencia, como es habitual, quiere arrebatar a los ciudadanos los derechos y la épica. Se hace desde el Palacio de la Generalitat, sobre los balances de las cuentas del 3%, la vieja extorsión de la patria nueva.

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Escucho al vicepresidente de SCC, Joaquim Coll, un discurso cívico, consciente de que es la libertad lo que está en juego. Más aún, es la ciudadanía: "No podíamos consentir que el único discurso que se escuchara en la Diada fuera el de la ruptura social". Coll lo explica con la dosis exacta de pasión y razón que hay que ponerle al momento. Josep Ramón Bosch, vicepresidente de SCC, añade: "No podemos permitir que una locura rompa este pueblo".

El nacionalismo ensalza todo aquello que anida en nuestro cerebro reptiliano y no pide ser razonado, sino galvanizado. No es condenable per se, no podemos negar que fuimos animales de manada. Resulta peligroso hacer de eso un proyecto político. Debemos esforzarnos por no parecernos a ellos. Eso es todo. Después de las palabras emocionantes de Coll toca una banda de jazz, mientras un grafitero dibuja sobre el escenario. No es fácil encontrar músicos que toquen en un acto de este tipo. Saben que el régimen les pasará factura.

Sociedad Civil Catalana triunfará porque aquí hay gentes de todo el espectro social y político: veo a gente de todos los partidos, a Alicia Sánchez-Camacho, a Matías Alonso, a Carme Chacón. Están nuestros afiliados y con ellos Ramón de Veciana, descendiente de los fundadores de los Mossos d'Esquadra y líder de UPyD, cosas del pluralismo real de la sociedad catalana.

Me saludan y agradecen que haya venido de Madrid. Pero discrepo: cuando uno no quiere sumarse al recuento oficial de patriotas catalanes puesto en marcha desde el poder, lo difícil es vivir aquí a diario. Venir a una fiesta como esta es un enorme placer. Saludo también a la diputada autonómica del PP María José García Cuevas, especialmente beligerante en favor del bilingüismo.

La consulta que pide Artur Mas –ya sólo para salvar su cuello de la guillotina de la historia– es contra catalanes como ella, como todos los que aquí se han reunido. Al soberanismo le molesta la identidad múltiple. Viven en el mundo global pero no han entendido nada. Por eso piden que su país se estreche, que no sea uno rico y con múltiples lenguas, sino monolingüe y pequeño; quieren ver las fronteras cuando suben al campanario.

Ayer en Tarragona estuvieron los catalanes que quieren ampliar su comunidad política, engrandecer la ciudadanía y no encanijarla. Coll lo explico muy bien: "Somos los que queremos el hermanamiento y la unión, miles de catalanes de espíritu libre". Se respiraba el pluralismo y la diversidad de identidades que no quieren ser asfixiadas por las banderas. Proponían recuperar el seny y me pareció adecuado. Ya hemos tenido demasiada rauxa.

Cuando cierran el acto con una proyección de la historia de Cataluña sobre las antiguas murallas, no me caben dudas de que aquí hay talento, creatividad e inteligencia. Habrán de apurarla hasta la última gota.

Sociedad Civil Catalana Alicia Sánchez Camacho Carme Chacón