Las víctimas llaman a su puerta, señor Morenés

Zaida sufrió durante meses acoso sexual por parte de un teniente coronel y lo denunció decenas de veces a sus superiores, sin que nadie impidiera que el acoso persistiera. Hubo de llevarlo a los tribunales

Foto: El ministro de Defensa, Pedro Morenés. (EFE)
El ministro de Defensa, Pedro Morenés. (EFE)

Comentando anteanoche su vida con la hoy comandante Zaida Cantera, ella me recordaba una frase de Malala: “No cuento mi historia porque sea única, sino porque no lo es”, dijo la niña al recoger el Nobel. De igual modo, el de Zaida no es un caso aislado: estremece pensar cuántas más puede haber hoy en las Fuerzas Armadas. 

Ella sufrió durante meses acoso sexual por parte de un teniente coronel y lo denunció decenas de veces a sus superiores, sin que nadie impidiera que el acoso persistiera. Hubo de llevarlo a los tribunales. Ganó y consiguió que se condenara a su acosador. A continuación, en lugar de ofrecerle un lugar de honor en el Ejército de Tierra, donde hasta entonces se había desempeñado con brillantez, las propias estructuras militares la empezaron a perseguir profesionalmente: mobbing, se llama, o acoso laboral. 

Después de dar numerosos partes absurdos para intentar arrestarla, se fabricó contra ella el caso del “papelito”, consistente en atribuirle, a sabiendas de que era falso, haber modificado una fecha en un permiso, y por eso la acusaron de un delito de deslealtad, penado hasta con seis años de cárcel. Consiguió salir indemne de esa acusación desde el punto de vista jurídico, pero no desde el personal: Zaida ha pedido marcharse del Ejército porque no aguanta más, pero ahora se está retrasando su expediente: algunos no terminan de asumir que sea una mujer libre al fin. Ha pagado un alto precio en salud y perspectivas profesionales, como ella misma lo cuenta de forma descarnada en el programa de Jordi Évole #SalvadosZaida

Si ella ha padecido este martirio siendo oficial, ¿qué abusos de poder no padecerán las soldados que, con un simple “no” a sus superiores, se saben de patitas en la calle? ¿Cuántas como Zaida se habrán ido en estos años silenciosamente, apretando los dientes, para no padecer más humillaciones, acosos o abusos aún peoresnbsp;

¿Cuántas como Zaida se habrán ido en estos años silenciosamente para no padecer más humillaciones, acosos o abusos aún peores? 

Si alguien tiene dudas de que esto ocurre en las Fuerzas Armadas españolas, consideren este hecho: ha sucedido en todos los ejércitos del mundo. Les recomiendo ver el documental The Invisible War, acerca de las violaciones de mujeres militares en el Ejército de Estados Unidos. Es sencillamente estremecedor: al igual que Zaida, todas las víctimas se vieron doblemente ultrajadas cuando se decidieron a denunciar, porque el estamento militar trataba de ocultar los hechos o, en los peores casos, convertir a las víctimas en culpables. Se trata de un recurso tradicional para justificar la violencia sexual: decir que no se puede entrar en un ascensor con ellas, o que visten minifaldas demasiado cortas…

Queremos saber qué opina el ministro de todo esto. Cuando en noviembre de 2013 pedí su comparecencia en el Congreso para que contestara a esta cuestión, no se molestó en venir. Unos meses antes le había llamado por teléfono, hasta cinco veces, para que intercediera en defensa de Zaida, no se puso al teléfono ni me devolvió las llamadas. Sólo la vicepresidenta Sáenz de Santamaría se interesó por el caso. Ignoro si su interés no resultó suficiente, pues se tradujo apenas en una patética llamada de la subsecretaria de Defensa justificándose con lenguaje premioso, o tal vez presionó más, pero no consiguió nada. Esta segunda hipótesis resultaría muy preocupante: si toda una vicepresidenta del Gobierno no puede detener la persecución a una militar acosada, nos hallaríamos ante un problema de insubordinación del poder militar al poder civil

Son cuestiones que deben aclararse con urgencia. Desde el domingo, media España espera las explicaciones del ministro Morenés, pero éste ha cancelado su agenda. Parece ser que una enfermedad le hizo suspender ayer sus actos públicos, lo cual tiene bastante sentido: una actuación como la suya en el caso Zaida provocaría daños ulcerosos a cualquier persona con una mínima humanidad. 

En todo caso, para quien no sea capaz de dar explicaciones siempre quedaría la muy honrosa posibilidad de dimitir. Pero estoy segura de que Morenés comparecerá ante la sociedad para explicarse. El miércoles en el Pleno de control tiene una nueva oportunidad. Mejórese, señor ministro, las víctimas llaman impacientes a su puerta.

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