La heroína era una mentirosa

No he visto a la jauría de Berlusconi ni a la de Lara pedir perdón ni rectificar ante la declaración de la auxiliar Teresa Romero de que mintió

Foto: Teresa romero y la médico de familia, llamadas hoy a un acto de conciliación
Teresa romero y la médico de familia, llamadas hoy a un acto de conciliación

No he visto a la jauría de Berlusconi ni a la de Lara pedir perdón ni rectificar ante la declaración de Teresa Romero de que mintió a todo Cristo cuando le dictaminaron que padecía el ébola, contagiada después de haber atendido a los dos religiosos a los que la enfermedad se los llevó al otro barrio. Esas jaurías se montaron una gran fiesta mediática (y falsa, pero daba audiencia) sobre la base de una mentira que también se llevó por delante a un responsable político sanitario y al mismo tiempo puso en tela de juicio todo el sistema de salud de un país que ha demostrado ser eficaz, competente y uno de los mejores del mundo.

En efecto. Ahora hemos sabido algunas cosas de la señora Romero y su marido Limón que deberían hacernos reflexionar a todos, incluidos los medios de comunicación y los fabricantes de noticias. Para que en el futuro no se produzcan gratuitamente inmensas bolas de intoxicación masiva como ha sido el caso. Porque, además de jugar con vidas y honras, la mentira esparcida de Teresa Romero pudo contaminar a miles de personas cuando se fue a la peluquería o a depilarse.

Según me confiesa en exclusiva Teresa Mesa Escolano, que fue amiga íntima y primera portavoz de Romero, cuando se conozca toda la verdad del caso el pueblo español “flipará”. Está escribiendo un libro titulado La otra cara del ébola, en el que relatará todas las mentiras que urdió el matrimonio, por ejemplo, cuando afirmó haber informado a la médico de familia sobre que había auxiliado como enfermera a los dos religiosos muertos, su nivel de temperatura y el resto de las andanzas de la infectada, incluso que sí se había tocado la cara con un guante.

“Eran conscientes, me describe Mesa, de que podían haber cometido un delito contra la seguridad pública y negaron hasta las evidencias… Tuve muy serias discusiones con él por estas cosas, pero pretendía explotar el asunto y la enorme fuerza mediática para sacar ventaja económica porque temía un ERE en su empresa…”.

Hay otros puntos también muy serios en relación con las andanzas de la familia Limón. Por ejemplo, que Romero se presenta voluntaria para atender a los religiosos infectados para conservar la plaza de auxiliar o que ella supiera que podía estar contaminada. ”La prueba es que el matrimonio dormía en habitaciones y camas separadas, utilizaba baños distintos y que ella le pidió a su hermano que no fuera a verla”.

El episodio no viene a cuento. O sí.

Salvar de la muerte a Teresa Romero nos costó dos millones de euros. Estamos como país y sociedad orgullosos de ello. Fue nuestra heroína y en cierto sentido lo sigue siendo. España le salvó la vida y España se merece, al menos, la verdad. De su propia boca. Aunque sea cobrando.   

Palo Alto
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