Cuando Montoro mandó a Wert literalmente a paseo

El 6 de febrero José Ignacio Wert buscó en una pausa del Consejo de Ministros, con una cierta urgencia, al de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro

Foto: El ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, charla con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. (Efe)
El ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, charla con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. (Efe)

El día anterior a la última gala de los Premios Goya, es decir, el viernes 6 de febrero, mientras los ministros tomaban un coffe break tras la sesión del Consejo, el titular de Educación, Cultura y Deportes, José Ignacio Wert, buscaba con una cierta urgencia al de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, quien, como suelen decir algunos, es el puto amo de la barraca.   

Wert estaba preocupado porque al día siguiente había comprometido su presencia, junto con la de su inseparable Montserrat Gomendio, en el aquelarre de la muchachada del cine, una parte de la cual sigue instalada en la inmarcesible ‘ceja’ zapateril.

Resumiendo: Wert pidió a Montoro que le autorizara a anunciar que el IVA -madre de todas las desgracias para el cine patrio, según Macho y sus conmilitones- se reduciría. Cristóbal, que está casi tan divertido como al principio de legislatura, le miró de arriba abajo al protegido de Pedro Arriola, esbozó una sonrisa típica made in Montoro, se ajustó las lentes y contesto:

-¡Pero vamos a ver! Primero el IVA no se modifica y en segundo lugar el IVA no se modifica. Si acepto su presión, al minuto siguiente tendría cola del resto de los sectores para lo mismo. Lo siento mucho, ¡no!

Algunos colegas del Gabinete que se encontraban alrededor casi se descarallan de risa pero reprimieron la chacota. Wert no es precisamente el personaje más popular entre todos ellos pero en estos casos suele funcionar la solidaridad interministerial.

Una de las escasas ventajas del ministro de Educación es que así como resulta un tipo inaguantable para los que tiene abajo ante los que suele desplegar todo su enorme capacidad para zaherir y tocar pelotas, sin embargo, se cuadra en primer tiempo de saludo sin que se le mueva un solo pelo de la cabeza cuando reconoce a un superior delante.

La ventaja de Montoro es que a estas alturas de la peli (nunca mejor dicho) ya le han dicho de todo, le han puesto a escurrir y su cuota de ego la tiene bien cubierta.

Por lo demás, González Macho supo reconducir incluso las salidas de tono de Pedro Almodóvar que su hermano Agustín remienda luego en privado con los jefazos de RTVE, es decir, el Gobierno que, al fin y a la postre, son los que pagan buena parte de sus esperpénticas aventuras cinematográficas.

¡Vivir para ver!

Palo Alto
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