Los aledaños de Rajoy también escandalizan

Ni Jorge Moragas, ni Carmen Martínez Castro caen particularmente bien ni dentro ni fuera del PP. Ellos lo saben.“Son los pelotas” de los que habla Marhuenda y conducen a la confusión al jefe

Foto: Jorge Moragas y Mariano Rajoy. (Efe)
Jorge Moragas y Mariano Rajoy. (Efe)

Paco Marhuenda, que es mucho más largo y sustancioso de lo que podría colegirse de algunas de sus intervenciones televisivas, ha recordado que Jorge Moragas es Director del Gabinete de la Presidencia, un puesto absolutamente clave en cualquier administración “normal”. Por ejemplo, en EEUU el jefe del Gabinete de la Casa Blanca ejerce en una especie de primer ministro.

Acto seguido, el director del periódico de Planeta ha recordado que Moragas trabajó con Felipe González, José María Aznar y con el que se le ponga a tiro, verbigracia Pablo Iglesias (textual). ¡Para que luego digan que une más ser catalán que del Atlético de Madrid! ¡Y una leche!

La ambición y búsqueda de protagonismo en Moragas tiene su gracia, sin exagerar, aunque sus conmilitones lo lleven fatal. El Secretario de Estado tiene su aquel. Como también aprecio lo que vale a la Secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez Castro. Un hombre y una mujer que trabajan justo al lado del primer ministro. He traído a colación el ataque de Marhuenda al hombre que teóricamente tiene la llave del despacho de Mariano Rajoy (lo hizo, además, en sede comanche (La Sexta)- porque tengo información suficiente para poder afirmar que una de las partidas “del cambio” en el PP y en el Gobierno se juega, precisamente, en los aledaños, del presidente. Como no puede ser de otra forma.

Ni Moragas, ni Martínez Castro caen particularmente bien ni dentro ni fuera de esos predios. Ellos lo saben. En el PP hablan pestes; en el Gobierno, ni te cuento. “Son los pelotas” de los que habla Marhuenda y conducen a la confusión al comandante en jefe. Pero es que tampoco se llevan bien entre ellos, según parece y relata pormenorizadamente Antonio Martin Beaumont que de estos asuntos internos peperos dice saber un montón. Yo tengo alguna idea pero no me atrevería a decir tanto. Carmen hace lo que puede aunque tenga para mí que en ocasiones desprecia cuanto ignora.

Me hablan, por ejemplo, acerca de la creación de ese Comité de Emergencia (CE) que se haría en primera instancia con la política de comunicación (especialmente la relación directa con los editores) que Moragas ya llevó un día cuando estaban en la oposición y siempre ha sido su secreta ambición. Esa responsabilidad fue puesta por Mariano en las manos vicarias de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría. Hoy no viene a cuento describir aquí lo que se reparte también para la vicetodo, especialmente en el Grupo Parlamentario y en determinadas plantas de la Oficina Central, aunque supongo que ello no supone sorpresa alguna para doña Soraya y sus estajanovistas y muy valiosas (os) edecanes.

Las mismas fuentes subrayan que ese CE sería el responsable directo de llevar en volandas al presidente durante la campaña electoral por la reelección que ya ha comenzando.

Del jefazo catalán lo más suave que murmuran es que “va a lo suyo”, amparado en sus “ambiciones” y filtraciones por Alfonso de Senillosa, el amigo íntimo catalán que paso del negocio de las fotocopias a gogó a gran estadista. De Carmen, que podría ser una buena “jefa de prensa” sin más pretensiones, pero que no controla, ni imagina, ni construye, ni se moja por nadie. Sólo la “autoridad” presidencial ha conseguido que durante tres años y medio la gresca no se haya escenificado en la plaza del pueblo; pero el reparto de óbleas –a la forma sorda, claro- está a la orden del día y de las xacobeas por todas las espinillas.

Asuntos de braserillo que al pueblo llano no interesa aunque siempre se hagan esos ejercicios con pólvora del rey.

En el Partido Popular, en especial en las organizaciones periféricas, se cuece a fuego lento pero con mucha leña una larvada rebelión si las elecciones no llegan pronto y se salvan vidas y haciendas. Creen a pie juntillas que gran parte de los males que padece, por extensión, el centro derecha articulado en torno al PP viene de esos lares: el Gobierno y la inmovilidad e incompetencia de determinados personajes del cuartel general. Esperan como agua en mayo los “cambios” anunciados por el presidente. Si al final resulta una cosa poco practica y demasiado estéril en lugar de un Comité de Emergencia, lo que el jefe Rajoy va a necesitar de verdad es una chichonera de gran blindaje y un retiro apacible donde permitan fumar puros.

Normalmente, lo que hace un estadista avieso en estos casos es lo que tanto le cuesta hacer a Mariano: soltar lastre. Sencillamente.  

Palo Alto
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