El Agamenón trasquilado en versión española

Los jóvenes (aunque no todos) componentes de ese movimiento que denominaron Syriza en la histórica Grecia creyeron que podían lanzar la jabalina más alto y largo que nadie

Foto: El primer ministro griego, Alexis Tsipras. (Reuters)
El primer ministro griego, Alexis Tsipras. (Reuters)

La fuga hacia adelante del hasta hace unas horas primer ministro griego, Alexis Tsipras, que el 25 de enero se presentaba urbi et orbi como redentor de la “vieja y caduca Europa” (sic) viene a confirmar lo que cualquier y mínimo sentido común había previsto: una derrota en toda la regla.

Pero lo sustancial del caso, que se puede extrapolar a otros países sureños de la UE, no es, a mi entender, el fácil argumento ad hominem bajo el apellido Tsipras. No. Sería algo más profundo el objeto de análisis. Los jóvenes (aunque no todos) componentes de ese movimiento que denominaron Syriza en la histórica Grecia creyeron que podían lanzar la jabalina más alto y largo que nadie; creyeron ingenua y estultamente que podían dar lecciones al resto del universo -por el simple hecho de ser de la estirpe helena- de cómo no cuadrar las matemáticas y, además, hacerlo con chulería. En siete meses se ha demostrado que se habían instalado entre los vapores etílicos.

La conclusión que se puede extraer es clara: nada que no sea sostenido por la realidad aguanta el tiempo. Punto. Y nada que pueda perdurar sin coherencia. La experiencia política viene a demostrar que son precisamente aquellos que llegan anunciando a los cuatro vientos que no van a dejar piedra sobre piedra los que, cuando alcanzan el poder, resultan gatitos escaldados que lo único que cambian son a sí mismos. La superioridad de la reforma sobre la ruptura es algo que ni siquiera hay que demostrar.

Comprendo la inquietud de Jaime Pastor, uno de los fundadores de Podemos, ante lo que está ocurriendo en Grecia. Se mimetizaron tanto con el gran Alexis que ahora hay que recoger el carrete sin demasiada coherencia.

Ni siquiera se han enterado de que el mundo se ha quedado tan pequeño que sólo información y libertad -que a la postre es lo mismo- pueden salvarnos.

En esas estamos, mis queridos amigos.

Palo Alto
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