De verdad, ¿hay salida para lo de Cataluña?

La pregunta del millón. ¿Qué salida hay de cara al futuro? No tengo ni la más remota idea

Foto: Mas y Baños en la segunda jornada del debate de investidura. (EFE)
Mas y Baños en la segunda jornada del debate de investidura. (EFE)

Creo, modestamente, que sobre el “problema catalán” está todo dicho. Y escrito.

La resolución de ruptura que la desquiciante –quizá también desquiciada- presidenta Forcadell ha remitido al secretario general de Naciones Unidas, al presidente de la Comisión Europea, al presidente del Parlamento Europeo y, de paso, al presidente del Gobierno Mariano Rajoy, ha sido archivada en todas las instancias en la carpeta de “irrelevante”.

Luego, el arrastre de Artur Mas -ahora disfrazado de rojo anarcaoide- mendigando como un pobrecito desasistido ante los 'sandalios' de la CUP pasará a la historia del detritus máximo de una institución tan señera y tan percibida como suya por la inmensa mayoría de los catalanes.

El resto de los españoles (y también de los catalanes) está hasta el mismísimo gorro del asunto, mientras las farmacias empiezan a no repartir medicamentos si el pago no es en cash. Hasta el mismísimo conde de Godó empieza a recular de manera manifiesta.

Tengo para mí que la CUP, ahora que su líder Antonio Baños se ha enfundado el terno de los días de fiesta, terminará por votar a su atribulado partenaire. Pero, ¿qué resuelve? Nada. Porque el Estado está determinado a no dejar pasar ni una. Cuando digo ni una digo ni una. Mariano Rajoy, con sus famosas premisas de reacción “proporcional” y “mesurada”, es consciente de que no tuvo que consentir aquel simulacro de referéndum. En política sí que una imagen vale más que un millón de declaraciones. El miedo a una reacción multitudinaria en la calle –especialmente si es violenta- atenaza a cualquier primer ministro en ejercicio. Pero es ahí donde se fraguan los estadistas.

Cuando el emperador Carlos transmitió el imperio a su hijo, ya le advirtió: “Tus mayores problemas en el interior de la península vendrán por Cataluña…”

Tanto el primer ministro como el jefe del Estado se tienen que andar con pies de plomo porque cualquier desliz puede dar al traste con todo. Los sediciosos van a continuar su camino salvo que se lo impidan los Mossos. Quizá esta fuerza debería estar ya bajo control del Ministerio del Interior, cosa que es pedida –me consta- por numerosos funcionarios del citado cuerpo autonómico.

La pregunta del millón. ¿Qué salida hay de cara al futuro? No tengo ni la más remota idea. Estos días, a propósito del agotador debate, me he releído algunos textos históricos que tienen que ver con Cataluña. Cuando el emperador Carlos transmitió el imperio a su hijo, que reinaría con el nombre de Felipe II, ya le advirtió: “Tus mayores problemas en el interior de la península vendrán por Cataluña…”. Literal. Y han pasado exactamente 459 años.

Palo Alto
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