Cuando Celia vio a Pablo, se lanzó a la yugular y volvió a ser leona
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Graciano Palomo

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Cuando Celia vio a Pablo, se lanzó a la yugular y volvió a ser leona

Villalobos había dicho que no conocía al jefe de Podemos. Dicho y hecho. Aquí doña Celia, aquí don Pablo. Este se presentó como próximo presidente del gobierno y ¡zas! la leona entró a saco

placeholder Foto: Villalobos e Iglesias en el Congreso.
Villalobos e Iglesias en el Congreso.

Alfredo Menéndez, director de 'Las Mañanas' de Radio Nacional de España (RNE), nos había convocado para el jueves 3 en el hemiciclo del Congreso de los Diputados a las 8,30 horas en punto. No sabíamos Menéndez y sus analistas que íbamos a asistir en vivo, al lado y en directo, a uno de los debates políticos más espontáneos y limpios del curso.

No habíamos terminado de entrevistar a la leona malagueña -tan directa, tan marujona, tan reivindicativa y tan como es ella en el más puro 'Villalobos style'- cuando un tropel de cámaras de televisión y edecanes de Pablo Iglesias irrumpieron en el histórico salón de Plenos donde estábamos retransmitiendo a toda España y medio mundo.

Villalobos nos había dicho que no conocía personalmente al jefe de Podemos. Dicho y hecho. Aquí doña Celia, aquí don Pablo. Este se presentó de inmediato como próximo presidente del gobierno y ¡zas! la leona entró a saco. El espectáculo eran grandioso, formidable e incluso hasta entrañable.

- ¡No te consiento que digas que mi partido es corrupto…Pablo! Llevo 30 años de política y mi mochila está llena de honradez…¡A ver qué te crees! Ya tendremos ocasión de tomar un café cuando estés por aquí.

-¡Sí, gin tonic a 2 euros!, le espetó el líder de la coleta.

Asistíamos atónitos al espectáculo que en el fondo venía a enfrentar dos concepciones distintas de entender España.

-¡Si vas a venir aquí, Pablo, te recomiendo que dejes la demagogia fuera de esta casa! Ya verás tú cuando te salgan corruptos en tu partido…!

Luego vino la entrevista formal a Iglesias Turrión. Pero ya era indiferente. Poco a poco las bancadas se fueron poblando de ciudadanos que aprovecharon las jornadas en las que se permite al pueblo llano inundar el Congreso para sentarse en los escaños. En el fondo, a Pablo le importaba una higa las preguntas de los periodistas de RNE. Como maestro en el arte de la escena y de las imágenes pidió ver el escaño del presidente del gobierno y se sentó todo orondo. Detrás venían “mis ministros”. ¡Con un par!

Luego observé otra cosa que me llamó poderosamente la atención. Mientras algunas señoras entradas en años gritaban ¡Pablo, presidente! otro grupo de jóvenes vociferaban ¡fuera, fuera, fuera!

Fue una mañana diferente y si se me apura hasta el mundo al revés.

¡La que se avecina!

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