¿Elecciones en marzo?

Si un pacto que lograra mayoría absoluta y un Gobierno en coalición con PP y PSOE no fueran posible, parece claro que iríamos a unos nuevos comicios en primavera

Foto: Los cuatro principales candidatos a la Presidencia del Gobierno
Los cuatro principales candidatos a la Presidencia del Gobierno

Todos los sondeos no pueden estar equivocados; todas las encuestas no pueden estar manipuladas; todos los expertos no pueden ser unos chorroborros. Es verdad que hay mucha intoxicación y alguna manipulación pero también bastante de verdad en lo que se avanza en las expectativas de investigación sociológica.

Si ello fuera así -escaño arriba escaño abajo- estaríamos, en efecto, ante un nuevo escenario nunca contemplado desde la restauración democrática. El centroderecha articulando sus sufragios alrededor de un cariacontecido y desgastado PP no lograría superar la barrera de los 120 diputados, claramente insuficiente para enfrentar cuatro años de dificultad extrema y con un país cogido con pinzas y no sólo en lo relativo a la situación económica, que también.

Ni siquiera –según esos sondeos- con la aquiescencia de Ciudadanos, que se puede mimetizar en el silencio y la abstención, alcanzaría para sustanciar una mayoría parlamentaria sólida y contundente de cara a enfrentar lo que necesariamente hay que llevar a cabo: sajar en la compleja e insostenible hojarasca del Estado sus administraciones y sus ineficacias. Cataluña y su “problema” continúa estando ahí, no hay que olvidarlo.

Tampoco –insisto, siempre según los estudios de prospectiva 'avant match'- desde la izquierda se podrá articular una alternativa de poder con la que presentarse no sólo ante el pueblo español sino con la fuerza suficiente en Bruselas y las instituciones internacionales (de las que dependemos totalmente) para decirles alto y claro que aquí está España. ¡Mal asunto!

Si España no fuera un país que todavía sufre los corolarios de la Guerra Civil lo lógico, lo natural, lo deseable sería un gran acuerdo entre el PP y PSOE

Estoy convencido, en cualquier caso, de que el PSOE del tan denostado Pedro Sánchez se situaría en el segundo lugar del ránking en la noche/madrugada del 20 al 21 de diciembre. Si España no fuera un país sureño que todavía sufre en sus vísceras los corolarios de la Guerra Civil y en el que la división entre izquierda y derecha se puede describir en trincheras, lo lógico, lo natural, lo deseable sería un gran acuerdo entre el PP y PSOE. Esto es lo que hacen en las grandes potencias del mundo libre. No puedo entender que en nuestro país, cuarenta años después de la restauración democrática, sea impensable. Pero lo es. ¿Qué maldición histórica nos ha caído?

El abofeteado presidente Rajoy ha dicho que está dispuesto a ello, eso sí, siempre que Sánchez sea arrojado por el piso más alto de Ferraz. Están pensando en Susana Díaz, con la que mantiene una cierta sintonía y, además, tienen poderosos amigos comunes que persiguen algún tipo de acuerdo.
Si esto y lo anterior no fuera posible parece claro que iríamos a unas nuevas elecciones en primavera con el consiguiente desgaste para la “casta” ofreciendo gratis bocanadas de aire limpio y fresco a los llamados emergentes. No es eso lo preocupante.

Lo realmente angustioso es que el pueblo llano, al que todo el mundo ha invocado estos días, sufriría en sus carnes los efectos de un carajal político que empieza a aborrecer.

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Palo Alto
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