Los cien mil millones que han volado

¿Tan ocupado está el señor Sánchez y sus asesores que no han tenido tiempo de leer siquiera los informes del Banco de España que alertan de la fuga de dinero?

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)

He leído hasta en dos ocasiones la literalidad del discurso pronunciado -en forma de programa de gobierno- por Pedro Sánchez ante la Cámara soberana del Congreso. Es un ejercicio de voluntarismo y buenismo político producto de las circunstancias, que son las que realmente presiden la difícil y aberrante coyuntura política que surgió del 20-D.

Criticar es lo más fácil, máxime cuando un aspirante a primer ministro se ve en la obligación de dar satisfacción a todos ante la ausencia de la propia soberanía. Pero hay cosas que no son masticables desde la mera óptica del sentido común. Verbigracia. En la página 20 de su leído discurso, y después de afirmar que bajará el déficit público al 3 por ciento (2017) y al 1 (2019) tras aumentar considerablemente (unos 60.000 millones) el dinero destinado a mantener el llamado estado del bienestar, subraya que recaudará una millonada (no cuantificada) mediante una nueva Oficina Nacional del Control Fiscal de las Grandes Fortunas (ONCGF) mientras reducirá ostensiblemente las rentas del trabajo.

¿Quién en su sano juicio puede poner siquiera un pero a este ejercicio de reparto? Yo no, desde luego. Entre otras cosas porque constato que no me afecta. Pero, demonio, que engañar debe ser un delito.

¿Tan ocupado está el señor Sánchez y sus asesores (sobre todo, asesores) en construirse una banqueta para encaramarse al poder que no han tenido tiempo de leer siquiera los informes del Banco de España que alertan de la fuga de dinero procedentes del ahorro en una real cifra no inferior a los cien mil millones de euros? Legalmente, oiga, legalmente.

Sólo un desinformado o un corazón inerme es capaz de creerse que va a esquilmar a los “ricos” cuando ellos –los Ortega, los Botín, los Entrecanales, los Bufrau, los Barceló, etc- han puesto el jurdó a recaudo de vaivenes bolivarianos o sueños caribeños. ¡Por favor, señores! Un poco de respeto al respetable.

Juan March, aquél del que dijo Indalecio Prieto que o la República acababa con él o él con la República, fue el último pirata del Mediterráneo, sí, pero el que enseñó el camino a los “ricos” de los que habla el señor Sánchez. Pues bien, los herederos de March han señalado en sus mapas el camino de la fuga. Pero Pedro, Pablo y Alberto no se enteran.

La mayor parte de los ciudadanos seremos pobres, que lo somos, pero tontos de baba para creernos cuentos ferraztianos, no.

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Palo Alto
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