La bomba Ausbanc estalla en el corazón del Supremo

Tengo la impresión de que si se aplicara la justicia ética -nunca mejor dicho- a este asunto concreto algunas cabezas tendrían que estar ya colgadas de una pica

Foto: El presidente de la Asociación de Usuarios de Servicios Bancarios (Ausbanc), Luis Pineda. (EFE)
El presidente de la Asociación de Usuarios de Servicios Bancarios (Ausbanc), Luis Pineda. (EFE)

Casi al filo de la medianoche del pasado martes, Javier López, presidente de Credit Services, tiraba en el 'El Cascabel' de Antonio Jiménez una bomba con efectos inmediatos cuya onda expansiva llegaba instantáneamente al corazón mismo del Tribunal Supremo y, por ende, del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).

López ha sido el único presuntamente “extorsionado” por Pineda que se atrevió a denunciar al susodicho y, al mismo tiempo, a correlacionar al organizador de cursos con togados que luego firmaban sentencias teóricamente favorables al que pagaba.

Yo integraba el equipo periodístico de 'El Cascabel' esa noche y, por ello, puedo escribir y escribo que las declaraciones de López, acusando sin citar concretamente a un magistrado del Supremo, corrieron de inmediato como la pólvora hasta instalarse en Las Salesas. El 'canguis' en las horas posteriores fue más que descriptible. De repente, el temible poder judicial iba rodando por las escaleras del palacio de la plaza de París como en su tiempo la corona de Fernando VII pasaba de mano en mano como si fuera una baratija.

A mi móvil llegó unas horas después una información terrible de 'Xornal de Galicia' titulada “Pineda utiliza a jueces y magistrados como si fuesen sus camareros…” aportando pruebas de ello: desde el Twitter del propio Pineda a fotos de los Foros en los que el jefe de Ausbanc exhibía su poderío ante los togados, todo ello regado con dinero de Caja Rural de la tierra. No es la primera vez en la que el mencionado diario sigue la pista al presidiario y su red de contactos judiciales. No tiene reparo alguno en denunciar que el magistrado Rafael Fernández Valverde, de la Sala Tercera del Tribunal Supremo, “come, merienda y tiene relaciones económicas con Luis Pineda", titula textualmente.

 

“Están acojonaditos”, me dice a su vez el vengador y perseguidor cuasioficial de varios jueces que abrevan en la más alta instancia judicial del Estado. Desde el “escándalo Garzón”, cuando mandaba cartas agradecidas al fenecido Emilio Botín por la pasta que le endiñaba por sus cursos en Nueva York, no se había visto un escándalo de tamaña naturaleza. Ya lo dice Raimundo Prado, portavoz de la moderada Francisco de Vitoria: yo no iría. Porque, estima el citado el juez desde la más pura lógica que quien ama el peligro en él perece. O Salvador Viada (Asociación Profesional de Fiscales) que alerta, incluso, del peligro innato que conlleva asistir a cacerías (Bermejo, ¿cómo van tus gasolineras en Ávila?), palcos y demás festejos por la patilla.

Tengo la impresión de que si se aplicara la justicia ética -nunca mejor dicho- a este asunto concreto algunas cabezas tendrían que estar ya colgadas de una pica.

¡Pineda, tío, cómo te lo habías montado y la que has montado!       

Palo Alto
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