El escandaloso escándalo de las universidades

Los mismos que se permiten dar clases de transparencia para los demás hacen y deshacen en sus predios sin que nadie les fiscalice pese a tirar con dinero público

Foto: El rector de la Complutense, Carlos Andradas. (EFE)
El rector de la Complutense, Carlos Andradas. (EFE)

Por fin, ha llegado un rector -Carlos Andradas, Universidad Complutense- que intenta racionalizar una situación insostenible y que aunque afecta a la mayor estructura universitaria de Europa (78.000 alumnos, 600 millones de presupuesto) es extrapolable al resto del cuerpo universitario de España. 

Escrito en román paladino: sobran universidades, sobran facultades, sobran departamentos. Solo en Madrid conviven 14 universidades en un pulso por quién se lleva los alumnos.

Naturalmente, el plan Andradas ha tenido reacción inmediata por parte de los llamados docentes invocando que perderán “visibilidad internacional” cuando la mayor parte de ellos no tienen ninguna. Curiosamente, algunos de estos docentes suelen escribir artículos en los medios de comunicación exigiendo transparencia y democracia para el resto de las instituciones cuando ellos en sus predios que nadie fiscaliza (aun viviendo del dinero público) hacen lo que les viene en gana en un ejercicio endogámico intolerable en los tiempos que corren. Muchos de ellos cobran una abultada nómina de los presupuestos públicos para trabajar fundamentalmente para empresas. Fue el caso, por ejemplo, de Juan Carlos Monedero, el gran inquisidor de todo y de todos, cuyo expediente disciplinario abierto por violar flagrantemente las leyes está por sustanciar en algo que suena ya a chacota. O más bien, enjuague y componenda porque sencillamente no se atreven a poner bridas al susodicho leviatán. ¡Una vergüenza! Máxime cuando se perpetra en sede universitaria. 

El plan Andradas podría ser histórico si consiguiera, al menos, aplicarse en un 50% de los objetivos fijados. Es perentorio revisar la forma de elección de profesores y su desarrollo profesional, amén de adecuar de una vez por todas los estudios al mundo del trabajo.

La reforma de la universidad es una de las necesidades más urgentes, que requiere un gran acuerdo nacional que nunca llega. Vamos a ver si por una vez los “controladores” son, por fin, “controlados”.

Palo Alto
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