De la pobrecita Dolores Delgado que, dicen, es ministra
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Graciano Palomo

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De la pobrecita Dolores Delgado que, dicen, es ministra

El nivel técnico y la capacidad jurídica está completamente ausente de una ministra (teórica) que no manda y, además, sabe que no manda

Foto: La ministra de Justicia, Dolores Delgado. (EFE)
La ministra de Justicia, Dolores Delgado. (EFE)

A lo largo de mi ya dilatada vida profesional creía haber visto de todo. Pero la condición humana, respirando por su herida, siempre deja algo para el asombro y la incredulidad.

Lo acontecido en días pasados en relación con la defensa del juez Llarena ante una nueva perfidia perpetrada por un golpista –querella en mano que no llegará a parte alguna– y organizada por un exterrorista de ETA que incluso ha llegado a manipular un auto oficial del juez español, es uno de esos sucedidos paradigmáticos que arrojan luz sobre la auténtica catadura de un Gobierno que ha perdido la razón y las razones. Son varias las conclusiones que se pueden extraer del mismo.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con el ministro de Exteriores, Josep Borrell, en el Congreso. (EFE)

La primera que el nivel técnico y la capacidad jurídica está completamente ausente de una ministra (teórica) que no manda y, además, sabe que no manda. Todo el mundo sabe en la comunidad jurídica, mediática y política que 'la Lola' es un mero remedo del juez que fue sacado a patadas de la carrera por sus compañeros del Tribunal Supremo condenado nada menos que por prevaricación. La segunda, que el sectarismo lo envuelve todo y el icono prioritario. Oír a la teórica ministra Delgado hablar de “asunto particular” llenó de coraje y bochorno a gentes que visten sus togas por los pies, entre ellos, a Cándido Conde-Pumpido, que ya es decir.

Incomprensiblemente continúa habitando el caserón de San Bernardo, entre el detritus de su propia incompetencia y de su propio pasado que empieza en la cacería de Jaén al lado de Baltasar Garzón y termina en Llarena. Una ministra con un mínimo de respeto por sí misma hubiera recogido los bártulos 'magnis itineribus' después de la majestuosa desautorización producida. ¿Quién va a tomar en serio a esta señora a partir de ahora? Oír a Carmen Calvo hablar del 'ciudadano Llarena' para agradar a los que le han llevado a la poltrona puso de los nervios, por obvio, a las gentes más sensatas del PSOE quienes rápidamente convencieron a Sánchez del dislate. Cierto es que hacer cambiar de opinión al inquilino de la Moncloa resulta una de las cosas más fáciles que ahora mismo puedan perpetrarse en este cuarteado país.

"Oír a la teórica ministra hablar de “asunto particular” llenó de coraje y bochorno a gentes que visten sus togas por los pies"

Cuando se escriba con una cierta justeza la crónica sin urgencia de este tiempo se podrá tabular con objetividad la catadura del personaje. Tengo para mí que durará poco, pero mientras tanto nos dará a los cronistas ocasión para la risa y la chacota que tal y como están los tiempos tampoco viene mal.

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