Resistencia Sánchez: la última trola

Mientras los de fuera ven las cosas con ese acendrado pesimismo tan históricamente español, los de dentro, todos subidos en coche oficial, creen que el pueblo llano les ama

Foto: Pedro Sánchez. (EFE)
Pedro Sánchez. (EFE)

Diversos portavoces (sic) que integran el "círculo interior" del presidente del Gobierno son muy optimistas cuando el cierzo golpea en los cristales de los despachos monclovitas a propósito de cualquier cosa.

Mientras los de fuera —que pagan impuestos a cambio de poco— ven las cosas con ese acendrado pesimismo tan históricamente español, los de dentro, todos subidos en coche oficial y cobrando lo que en la sociedad civil no recibirían, creen que el pueblo llano les ama. Se creen enviados del Altísimo para salvar a los depauperados contribuyentes. Piensan, entre otros(as) esto, las ministras de Transición Ecológica, Teresa Ribero y la de Industria, Reyes Maroto. Lo piensan incluso cuando esta misma semana y ante sus propias narices, la Asociación de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP) —que tienen sus intereses, pero ello no resulta necesariamente perverso— les dijo que sus anunciados planes de ley para el Cambio Climático pueden acabar con el progreso económico, comprometer los objetivos y acabar con la competitividad de España. Se lo argumentó, alejado de todo talibanismo, con datos fehacientes Luis Aires (BP), presidente del 'lobby'. Les trae al pairo.

Pues bien, un día es Gibraltar —no conozco en mi ya larga carrera como observador un ridículo internacional más profundo y una trola resentida producto de no haberse enterado de nada de lo que cocían los poderosos de Europa—, otro día la desaceleración económica; al minuto siguiente la afrenta secesionista permanente. Vendrían de inmediato las contradicciones pueriles dentro del PSOE y del Gabinete y con guinda una incompetencia técnica manifiesta en muchos aspectos de la gobernanza de la cuarta potencia europea.

Cuando esto se plantea de cara al futuro, la respuesta del argumentario es siempre la misma: desconocéis la capacidad de resistencia del presidente Sánchez. ¡Bien, Iván, bien, progresando…!

Finalmente, suele aderezar la fe en el líder inmarcesible con otra apostilla: "Y de la oposición, ¿qué dices, eh, qué dices?".

Quizá en lo último podríamos estar de acuerdo. Llegados a este punto no necesitamos a José Félix Tezanos para concluir con justeza por qué entre los españoles crece el pesimismo.

Palo Alto

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