PP: Hoguera de pasión

La marcha de la veterana Villalobos —no le ha ido mal al matrimonio Arriola casi cuarenta años chupando opíparamente de la piragua— no ha sido voluntaria en modo alguno

Foto: Pablo Casado en el pleno del Congreso. (EFE)
Pablo Casado en el pleno del Congreso. (EFE)

El Partido Popular, como organización histórica del centro-derecha, necesitaba y necesita un revulsivo para reencontrarse a sí mismo ante su propia razón de ser. Alguien desde dentro y desde la cúpula ha definido el momento como una "hoguera de pasión…".

Son muchas las asignaturas que el joven Casado tiene que aprobar al mismo tiempo. Administrar los egos y las ambiciones de los de antaño y de los que llegan aspirando. Todo ello con un hándicap añadido: que en la merienda que antes era en exclusiva ahora hay que repartir los churros y el colacao a tres.

La marcha de la veterana Villalobos —no le ha ido mal al matrimonio Arriola casi cuarenta años chupando opíparamente de la piragua— no ha sido voluntaria en modo alguno. Sabía que al igual que a su marido la nueva dirección quería poner cemento de por medio. Otros (as) con más cultura del mérito que ella ni fueron ministros, ni vicepresidentes del Congreso, ni 'ná' de 'ná'. El agradecimiento, ya se sabe, es mejunje de espíritus nobles.

Bien. Pablo Casado no lo tiene fácil. Tampoco imposible. Tiene que demostrar todavía muchas cosas, esencialmente en el orden interno. Gestionar lo añejo y lo nuevo; las fidelidades consagradas con los rictus y al mismo tiempo taponar los agujeros a derecha izquierda. Esto antes que nada. Si llegara al poder —hay un 50% del electorado que lo estima posible— tendría retos más decisivos e interesantes para el conjunto de la población.

—"¿Cómo definirías el 'statu quo' actual en el PP?", pregunto a un destacado dirigente.

—"¡El partido es hoy una hoguera de pasión!"

Ahí me quedo.

Palo Alto
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