El día después: la 'auctóritas' de Sánchez

Sánchez ha demostrado ser un dirigente marrullero y con tics de incapacidades básicas. Un dirigente al que la sola mención de su tesis, le desquicia

Foto: Pedro Sánchez este jueves en Barcelona en uno de sus últimos actos de campaña. (EFE)
Pedro Sánchez este jueves en Barcelona en uno de sus últimos actos de campaña. (EFE)

No soy tan dado como otros a sacar conclusiones escatológicas de los debates políticos, máxime si se trata a cuatro bandas y donde todo se volatiliza a mayor velocidad que el éter en una sociedad completamente líquida.

Lo único que se ha podido sacar a ciencia cierta de los dos debates, en el último mucho más que en el primero es que el de Atresmedia (con sus cosas) fue un monumento profesional y libre en una lección para aquellos que viven cómodamente del erario público sin tener que preocuparse de levantar una noticia. Esto es, Vicente Vallés frente al inexportable chico (por tantas cosas) que dice ser de Pontevedra.

Aquello en lo formal. En las cuestiones de fondo, ahí están para la historia política reciente los procederes y pareceres (¡si fueran de cosecha propia todavía tuvieran algún valor!) de un tal Sánchez que, además, llevaba vitola en la solapa de primer ministro. Después de haber visto lo que vieron diez millones de españoles se comprende que Sánchez intentara escaparse como gatito escaldado de confrontarse con el resto de sus colegas que aspiran legítimamente a sentarse en el sillón que pescó en una moción de censura sobre la que no se ha escrito todavía lo que se debería.

Es muy posible —incluso probable— que cuando usted lea este post Sánchez pudiera contar ya los votos y la combinación parlamentaria para seguir viviendo a costa del contribuyente. Si así fuera nada habría que objetar, salvo que se pudiera demostrar que su empleado, el muchacho bien pagado de Correos, hubiera perpetrado algún desmán.

Después de haber visto lo que vieron diez millones de españoles se comprende que Sánchez intentara escaparse como gatito escaldado

Insisto: se aceptaría la decisión soberana del soberano pueblo español y punto. La democracia, incuestionable, es el gobierno de la mayoría con el respeto a la minoría. Punto. Sánchez, a partir de ese momento, volvería a ser mi presidente. Punto.

Ahora bien, también es un ejercicio democrático poder decir sin que le manden a uno a un gulag que, observado en sus procederes y visto cómo se ha conducido en los debates, tendrá la 'potestas', sin duda, pero le faltará la 'auctóritas' que es tan esencial como el primer ingrediente.

Sánchez ha demostrado, en efecto, ser un dirigente marrullero y con tics de incapacidades básicas. Un dirigente al que la sola mención de su tesis, le desquicia; un jefe de gobierno inútil para salir del atolladero cuando se le plantean cuestiones tan sencillas como si indultará a los golpistas catalanes o si dimitirá cuando la justicia diga lo que tenga a bien acerca del inmenso robo que supusieron los ERE andaluces.

¡Puede que gobiernes, Sánchez! Después, es decir, ahora, tendrás que convencernos de que los mereces.

Palo Alto
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