Deglutir Navarra

Pese al acoso nacionalista e independentista vasco, al iniciarse la Transición y hasta hace poco, el constitucionalismo foralista representaba el 75%

Foto: Uxue Barkos tras las elecciones del 26-M
Uxue Barkos tras las elecciones del 26-M

Desde tiempo inmemorial el nacionalismo expansivo vasco ha intentado echar su zarpa en el viejo reino foral de Navarra que siempre tuvo su propia identidad, incluso desde el punto de vista histórico mucho más acendrado que la "España sin romanizar" como se refiere el historiador Sánchez-Albornoz para denominar al País Vasco.

¿Dónde estriba el "supremo interés" de los hijos (políticos) de Sabino Arana en el territorio foral? En su dimensión geográfica —la sola finca de Leyre (con su histórico monasterio) tiene más extensión que la provincia de Guipúzcoa, por ejemplo— y en la situación estratégica del territorio navarro. De modo y manera, que las ambiciones indisimuladas de los nacionalistas e independentistas vascos respecto al territorio foral por excelencia dentro de España no es algo nuevo. Lleva lustros, décadas y hasta siglos fraguándose de distintas formas y maneras. Con una muy especialmente: la educación desde la primera hora. Ya en las postrimerías del franquismo las ikastolas inundaron aquella comunidad no solo en el norte de la provincia sino también en la Ribera.

Aun así y pese al acoso nacionalista e independentista vasco, al iniciarse la Transición y hasta hace poco, el constitucionalismo foralista representaba el 75 por ciento y solo el 25 por ciento de ciudadanos navarros eran partidarios de la inmersión con las instituciones vascas. La irrupción de nuevos movimientos políticos y la meliflua llegada al poder de la señora Barkos trastocaron un 'statu quo' que ha servido fundamentalmente para 'euskaldunizar' un territorio que tiene identidad propia y cuyas señas han sido barridas desde el poder por un gobierno 'frankestein', aunque en honor a la verdad más que gobierno habría que decir "poder" en el sentido clásico del término.

Deglutir Navarra

El jefe de UPN, Javier Esparza, que representa a Navarra Suma, la coalición que ha ganado las recientes elecciones en aquella tierra, ha hecho un inteligente requiebro que retrata a Pedro Sánchez y su PSOE. Apoyo tu investidura, pero deja que se constituya un gobierno foral que es lo que han decidido una mayoría de navarros. La jugada ha sido política y estratégicamente interesante, aunque el envite estaba destinado de antemano al fracaso. Pero al menos los navarros y el resto de los españoles ya sabemos lo que vale la palabra de Sánchez y de su paladina "constitucionalista", la vicepresidenta Calvo.

Navarra, tierra que conozco muy bien después de pasar allí los mejores cinco años de mi vida, son palabras mayores; lo que algún cursi podría denominar una "cuestión de Estado". Cualquier error puede resultar letal.

Palo Alto
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