La gran amenaza: elecciones y al 40% (PSOE)

Sánchez, que ha tenido la habilidad de reducir a Podemos a su estado natural y persigue la liquidación de los podemitas como organización, se siente fuerte, pero menos

Foto: Pedro Sánchez en el Círculo de Economía de Sitges. (EFE)
Pedro Sánchez en el Círculo de Economía de Sitges. (EFE)

Iván Redondo impuso su criterio —como siempre— y, finalmente, compareció su teórico jefe, que es el candidato designado por el Monarca para optar de nuevo a la presidencia del Gobierno. Perorata llena de obviedades ("es un honor"; "es una responsabilidad", ¡faltaría más, oiga!)

Sánchez, que ha tenido la habilidad de reducir a Podemos a su estado natural y persigue la liquidación de los podemitas como organización, se siente fuerte, pero menos. El amo de la situación (que lo es), pero sin entrar en detalles porque al final 123 diputados son lo que representan. Eso sin entrar en la consideración de que los problemas que tiene planteados España son de tal magnitud —más de un billón de deuda larga, la mitad de España se muere ya de sed, el déficit de las pensiones tiene de los nervios a los contables, la permanencia del Estado sufre acosos día sí y noche también; todavía hay más de tres millones de desempleados, etc…— que se necesitaría un gobierno de amplio espectro y representación para poder siquiera echar el diente a los mismos.

Una cosa son los "braserillos" tan divertidos como esperpénticos que a diario ofrece la mediocre vida política española y otra bien distinta los planteamientos serios y rigurosos para plantar cara al leviatán. Hay una evidente "emergencia nacional" en muchos de estos problemas que reclama mayorías amplias, estables y a cuatro años vista. Egos y ambiciones al margen que, por lo demás, son legítimos.

Calculadora en mano, Sánchez no lo tiene tan fácil (aunque al final lo conseguirá) para ser investido. Si no lo consiguiera, sus edecanes mediáticos ya están manoseando la repetición de elecciones y, entonces, dicen que el PSOE se iría al 40 por ciento de los votos y asunto terminado. No me lo creo. Pero como amenaza está bien.

Ahora, pretender que el principal partido de la oposición se abstenga —sin más— en la investidura y, por ende, en la formación del nuevo gobierno, parece un mal chiste redactado con fuertes vapores etílicos.

Palo Alto
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