Un lustro con el rey prudente / paciente

Tres de cuatro españoles –según citan las encuestas- aprueba la “gestión” del Rey durante los cinco años que ahora se cumplen

Foto: Los reyes Felipe y Letizia, en un desfile. (Limited Pictures)
Los reyes Felipe y Letizia, en un desfile. (Limited Pictures)

Dice Miquel Roca, padre de la Constitución y equidistante en su catalina frialdad congénita ante todo, incluida la institución, que lo mejor que podemos hacer por el rey Felipe es no hacerle la pelota.

¡Verdad! Hay que decir y decirle las cosas como son, o como las percibimos, porque si algo ha demostrado Felipe VI es que no se anda por las ramas y conoce a la perfección los errores de sus ancestros en materia grandísima de errores.

Cinco años del hijo de doña Sofía al frente del Estado y ciñendo la pesada corona han sido mejor máster que el recibido en Gorgetown. Imagino que ya venía aleccionado por sus progenitores y por su abuelo Juan –la tragedia histórica hecha hombrón- acerca de lo que podía esperarle y los retos que le caerían en su mesa de trabajo en Somontes. Supongo que nunca imaginó, por ejemplo, que tendría que hacer de la defensa del Reino que heredó cuestión de gabinete y que recibiría una España tan convulsa y cuarteada que hasta le costase trabajo proponer a las Cortes un candidato a primer ministro.

Tres de cuatro españoles –según citan las encuestas- aprueba la “gestión” del Rey durante los cinco años que ahora se cumplen. Es algo para lo que no se necesitan sondeos porque se puede percibir en la calle, y, muy especialmente, entre el pueblo llano. Viste el cargo, en el fondo y en las formas, con una dignidad y una solvencia que solo es producto de una preparación a fondo y desde el profundo conocimiento de la España actual sin despreciar un ápice que el hoy tuvo un ayer.

¡Lástima que las querellas intestinas le hayan privado de ofrecer mejores servicios al país en el exterior! Todo se andará porque aún peinando canas y con barba blanca le queda tiempo por delante si es que alguna vez en este cuarteado y reseco lar le damos un respiro para que venda en el mundo lo mucho que hay en el portfolio.

Entre los muchos 'inputs' que en estas horas se podrían exhibir del rey Felipe me quedo con uno: la serenidad con la que encaja desplantes y hasta desprecios. Sin pestañear, aunque tomando nota. Creo que al jefe del Estado le enseñaron desde su más tierna infancia a distinguir las voces de los ecos.

Ahora mismo en la Nación de la que se siente orgulloso los ecos son infinitamente más ensordecedores que las voces. Estas últimas acabarán por imponerse.

De su discurso en la entrega a 41 galardonados de la sociedad civil me quedo con esto: “Hacéis el bien, sin ruido…!

Palo Alto
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