El alegato de Joaquín Sabina

El autor de 'Leningrado' se ha ido de gira a Chile y ha dicho algunas cosas que llaman la atención, sobre todo en un tipo esencialmente de izquierdas y militante (o ex) comunista

Foto: Joaquín Sabina en un momento del VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, en Argentina. (EFE)
Joaquín Sabina en un momento del VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, en Argentina. (EFE)

No todo son disparates en la viña ibérica. Joaquín Sabina, que como los caldos de la Ribera del Duero mejora con el paso del tiempo, se ha ido de gira a Chile y le ha dicho a 'The Clinic' cuatro cosas que llaman la atención en un tipo esencialmente de izquierdas y militante (o ex) comunista.

Lean: "Las revoluciones envejecen peor que las personas… Ahí está la Cuba castrista, que fue nuestro icono de juventud, en lo que ha quedado… O la Venezuela de Maduro, el país más rico de América Latina, donde lo único que hay es hambre y represión… Es imposible seguir defendiendo esto".

El autor de 'Leningrado' —la canción amarga por lo que representó la URSS de miseria y dictadura—, espíritu libre, antes y ahora, no tiene reparo alguno en ir directo al corazón: "Podemos sigue apoyando a Maduro y la revolución bolivariana… No lo comprendo…". En su caritativa bondad se olvida de algo obvio: quien paga, manda, amigo Sabina.

Decepciones las tenemos todos, sin duda. Ninguna ideología agrupa toda la verdad, ni toda la razón y mucho menos toda la justicia. Pero la Historia si ofrece razones sobre la superioridad moral y la justeza realista. El Muro de Berlín no fue derribado por los batallones acorazados de la OTAN, ni por los Marines estadounidenses. Lo derribaron las manos del pueblo, ladrillo a ladrillo, la piqueta de personas esclavizadas por la Stasi (esa que tanto admira Monedero), mota a mota. Modestamente, yo conocía el régimen de Andropov y Chernenko y también los años más duros de Fidel en la Cuba comunista. Siempre recordé una frase de Felipe González cuando todavía no había inaugurado su posterior larga era de poder: "Prefiero morir de una cuchillada en el Metro de Nueva York que pasar cien años en la Unión Soviética".

Soy consciente que al otro lado del Muro no todo es perfecto. No hay "Fin de la Historia", querido Francis Fukuyama.

Ahí me quedo. Por hoy.

Palo Alto
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