La corona de la princesa de Girona

La Princesa apunta maneras y transmite sentimientos. Acto seguido alguien me espetará: ¡pero no es elegida! Elegida lo es, por el destino

Foto: La princesa Leonor en el acto de entrega de los Princesa de Girona. (EFE)
La princesa Leonor en el acto de entrega de los Princesa de Girona. (EFE)

Ignoro si veré el coronamiento de Leonor de Borbón como princesa de Girona. Desde luego, sus padres, se lo están currando. Acertaron, desde mi modesto punto de vista, en realizar el reciente viaje institucional a Cataluña, pese a las algaradas, la quema de banderas y retratos y las caceroladas varias.

Si se hubieran quedado cómodamente sentados en sus sofás de Somontes hubiera transmitido la Jefatura del Estado la misma sensación que hubo en España cuando su bisabuelo Alfonso XIII se largó a marchas forzadas a Cartagena, con nocturnidad y envolvimiento. En los discursos/lecciones que el rey Felipe dirige a su heredera siempre repite una palabra: "coraje". Y el que resiste gana, dicen, aunque no siempre.

La Princesa apunta maneras y transmite sentimientos. Acto seguido alguien me espetará: ¡pero no es elegida! Elegida lo es, por el destino. Ya he escrito en otras ocasiones, en esta misma columna, que frente a las pretensiones de los cortesanos, la Corona tendrá que venir obligada al refrendo del pueblo. Y otros me dirán, ya se hizo cuando se votó mayoritariamente la Constitución. Sí, eso fue hace cuarenta años y en circunstancias bien diferentes.

Tengo la impresión —fundamentada en datos— que la Casa del rey Felipe tiene su propio cuaderno de bitácora para pervivir y, desde luego, la actual Familia Real está desgañitándose por demostrar a los ciudadanos españoles de la actual hora de que sirven para algo. Básicamente, para mantener España como España, asunto nada baladí y, desde luego, nada fácil.

Por ahora, ya sabemos que Leonor, la princesa de los bellos ojos azules, es una políglota consumada, tiene desparpajo, naturalidad y apunta maneras. Debe saber también a estas alturas de su pubertad que una cosa es reinar y otra bien distinta gobernar. O lo que es lo mismo, representar que mandar.

Lo que ignoro es si con aquello será suficiente.

Palo Alto
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