El emérito, el Rey y la esposa de este
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Graciano Palomo

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El emérito, el Rey y la esposa de este

Si el rey Juan Carlos ha metido la mano en la caja de las comisiones que se la corten. No hay más. Con un juicio justo como corresponde a cualquier ciudadano que se precie

placeholder Foto: Videoconferencia de los Reyes. (EFE)
Videoconferencia de los Reyes. (EFE)

Lo primero es antes que nada. Si el rey Juan Carlos ha metido la mano en la caja de las comisiones que se la corten. No hay más. Con un juicio justo como corresponde a cualquier ciudadano que se precie como tal y que esté amparado, teóricamente, bajo el manto de un Estado de derecho.

Viene luego el juicio político que Podemos y los independentistas catalanes y vascos escenifican ya en el Parlamento. Tampoco pondría yo reparo alguno. Ello, en primera instancia, obligaría al jefe del Gobierno en ejercicio a retratarse de una vez por todas en un asunto esencial como es la forma de Estado y de Gobierno. El ministro de Justicia, juez que fue juez, dicen, aunque toda su carrera ha estado presidida por el puño y la rosa, deslizó el pasado miércoles en sede parlamentaria que estamos en "periodo constituyente" en respuesta a la CUP y a otras instancias nada instaladas en la moderación y el centrismo. Se hizo un lío a tal propósito, quizá deliberadamente porque, ya es decir, luce formas educadas y un raciocinio mínimamente deglutible.

El rey Felipe no ha disfrutado de media hora de tranquilidad desde que hace un lustro la corona engalanó su testa. Por asuntos domésticos —Urdagarin/Infanta, el padre, los desplantes de la Reina— y por temas de Estado, a saber: Cataluña, ausencia de gobierno durante largos meses, ruptura de la agenda internacional, el acoso constante con desprecios y desplantes por parte de la extrema izquierda.

Con un juicio justo como corresponde a cualquier ciudadano y que esté amparado, teóricamente, bajo el manto de un Estado de Derecho

En un contexto radicalmente agresivo contra lo que representa, Felipe VI se ha cobijado bajo el manto constitucional que le protege y, que me conste, ni un solo aspaviento más llamativo que otro, ni un rictus para el desdén, ni una mueca para la afrenta. Con serenidad descriptible y templanza marinera. Irónicamente, la persona que testó la Corona le dijo un día de muchas horas que el trabajo de Rey "había que currárselo hora a hora, día a día y año a año…". ¡Manda huevos!

Viene luego lo de la reina Letizia, cooptada por Alfredo Urdaci para transportarlo a la gloria mediática, y que, al fin y a la postre —ella tan admiradora de Lula da Silva— ha quedado para guiar los pasos de dos adolescentes de postal que han hecho más por la popularidad de la Monarquía que todas las 'inside' palaciegas reales o inventadas.

placeholder Varios momentos de los Reyes de España en familia. (Getty/Limited Pictures/Reuteurs)
Varios momentos de los Reyes de España en familia. (Getty/Limited Pictures/Reuteurs)


A lo largo de estos años, he podido escuchar a supuestas amigas de la Reina presumir de la relación con la inquilina del palacio de Somontes. Algunas de ellas, muy de moda mediática estos días en el imperio deleznable de Berlusconi en España. Siempre creí, por buena voluntad, no por informes 'ad hoc', que doña Letizia es persona inteligente, amén de puntillosa y perfeccionista. Lo de la información se le supone, máxime si afecta a su persona… ¡Allá ella!

Tal y como están las cosas creo que más tarde que pronto, la Institución tendrá que ser sometida a refrendo. Hoy, desde luego, esa inmensa mayoría de españoles templados, que abominan del guerracivilismo y algo han leído de lo que sucedió en este inmenso y feroz país, se aferrarían al rey Felipe como un clavo enrojecido.

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