Cuando la derecha no gobernará jamás

Hubo un tiempo en que yo me creí que don Pablo era el más limpio de todos los dirigentes que habitaron este país desde Chindasvinto

Foto: El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, asiste a la sesión de control en el Senado. (EFE)
El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, asiste a la sesión de control en el Senado. (EFE)

Me llamó poderosamente la atención la afirmación en el Congreso de un político de oficio 'full time'. Pero no ha merecido la consideración mediática, para nada. Pablo Iglesias, encorajinado ante García Egea, rodeado ya por los múltiples escándalos que le señalan y otros que parecen están por venir, dijo aquello de que "las derechas nunca van a gobernar este país, y usted, señor Casado, jamás será presidente del Gobierno…".

¿Baladronada? ¿Exabrupto? ¿Fantasía política al estilo Dina? Puede que "las derechas" no gobiernen nunca España —ya lo hicieron durante 15 años, ocho con mayoría absoluta— como tampoco lo hacen en Cuba o Venezuela. No creo que se refiera a esos referentes una persona tan democrática y excelsamente cultivada como Iglesias… Me imagino que estaba pensando en que "las derechas" —qué distinción/clasificación tan antigua después de la caída del Muro— nunca sumarán los 176 diputados que la actual norma establece para que un candidato a primer ministro consiga la investidura.


Hubo un tiempo en que yo me creí que don Pablo era el más limpio de todos los dirigentes que habitaron este país desde Chindasvinto. Hubo otro en el que pensé que como decía que él acabaría con los "reservados" de un plumazo, "la gente" nos íbamos a enterar de todos los aspectos limpios que alumbran a un ser excepcional; por ejemplo, de qué se financiaban los partidos y cómo. Luego, vino otra etapa en la que me creí que solo cobraría lo que percibe un trabajador de sueldo medio y, un poco más adelante, que seguiría con su vida normal en su barrio de toda la vida.

Me creí que los periodistas podríamos difundir informaciones veraces y contrastadas sin temor a que la nueva guillotina cayera sobre nuestros cuellos; también que éramos libres para opinar sobre la base de esa realidad fehaciente. Y, finalmente, también caí en la ingenuidad que las "cloacas" solo viraban en una sola dirección.

De modo y manera, queridos amigos, que después de comprobado lo visto, ¿por qué habría de creerme su perogrullada de que "las derechas" —¡qué pobreza analítica en la modernidad del siglo XXI!—no gobernarán jamás?

Palo Alto
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