Rey: ofensiva 'in crescendo'

La virtualidad de la actual ofensiva contra la Monarquía -da igual lo que haga el matrimonio real-es que ahora se hace desde las instituciones

Foto: El rey Felipe firma el libro de honor tras su participación en el acto del 40 aniversario del Tribunal Constitucional celebrado este lunes. (EFE)
El rey Felipe firma el libro de honor tras su participación en el acto del 40 aniversario del Tribunal Constitucional celebrado este lunes. (EFE)

Se veía venir. Los avatares del Emérito a propósito de la avispada Corinna son el “leiv motiv” perfecto para poner en jaque la institución. Ironías de la vida, un rey y su amante resultan la coartada perfecta para que los enemigos acérrimos de lo que aquel presentó corran con hoz y martillo al asalto de La Zarzuela.

¿Debe un hijo pagar por los errores de su padre? ¿Debe etiquetarse a Iglesias como “frapero” porque su padre militó en aquella organización que asesinó funcionarios? Parece evidente, que aunque la justicia no ponga ningún coto a la actuación del emérito Juan Carlos I, lo que se está dilucidando aquí y ahora es cómo va a pasar a la Historia un Borbón que al suceder a Franco puso la directa hacia la democratización de España y la integración de la nación justamente donde de nunca hubiera haber salido: Europa y las democracias liberales occidentales. Tengo para mí que esto es lo que realmente preocupa al marido de la reina Sofía.

¿Afecta, desde el punto de vista de credibilidad y opinión pública que no legal ni “político”, los procederes de Juan Carlos a don Felipe? Naturalmente que sí. Los muchos libros publicados sobre los cuarenta años de reinado anterior recogen, porque cierto es, que el padre le decía continuamente al hijo: “Felipe, esto es muy duro, un puesto que debes ganarte cada día…”. Le faltó añadir que, además, tendría que cargar con la herencia del ancestro.

La virtualidad de la actual ofensiva contra la Monarquía -da igual lo que haga el matrimonio real-es que ahora se hace desde las instituciones; ahí está la última invención de una tal Gloria Elizo (Podemos) que desde su pedestal en la Mesa del Congreso le ha pedido al titular de la Corona que coja el hatillo y se exilie. O desde la entente gubernamental donde no hay día donde no se cuestione la mera existencia de la actual forma de gobierno y Estado.

Estos políticos -cuyos opíparos sueldos y demás prebendas se nutren de los impuestos ciudadanos- están en la creencia de que el asunto de marras es lo que más preocupa a los españoles. Viven en el realismo mágico. Claro que hay que depurar todas las responsabilidades de cualquier tipo del Emérito, pero un poco de mesura y sentido común no vendría mal en estos tiempos donde caminamos directos hacia los más de seis millones de parados y el puñetero virus chino no da respiro.

Escrito lo anterior subrayar que, analizada la cuestión con una cierta perspectiva, el rey Felipe, cuyo exquisito comportamiento constitucional muy pocos ponen en duda, tiene toda la legitimidad para acompañar al pueblo español en su larga y penosa marcha hacia el futuro.

Y llegado el momento, lo he escrito muchas veces, poner la Corona a refrendo de los ciudadanos y de la nación a los que ha venido a servir. No tener, visto lo comprobado, otra salida.

Palo Alto
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