Hora de poner coto a la "industria política"

¿Acaso una superinflación de cargos públicos significa mejor y más eficaz gestión de los intereses del pueblo?

Foto: El director del Gabinete del presidente del Gobierno, Iván Redondo. (EFE)
El director del Gabinete del presidente del Gobierno, Iván Redondo. (EFE)

Los españoles asisten entre atónitos y asustados ante el colosal detritus sanitario y social que amenaza con sepultarlos. Los que se han ido por el virus de Wuhan (más de 50.000) han dejado a sus deudos no solo llorosos y compungidos, sino sumidos en un pesimismo histórico que alerta sobre lo que se avecina.

Uno de los excesos que el insustituible sistema democrático viene cometiendo desde la Transición es lo que se ha venido en denominar "industria política", esto es, vivir de la representación, en unos casos, y en otros del aprovechamiento de los instalados en el poder para vivir de la "política". Empieza a ser un clamor entre la sociedad civil ese exceso. España tiene uno de los modelos institucionales más obscenos al respecto. Mientras 16 millones de españoles trabajan y pagan impuestos en el sector privado, hay casi 18 millones inactivos. Y se calcula que 300.000 personas viven directamente y a título "político" de las cinco administraciones que los sufridos contribuyentes amamantan con sus impuestos. Países mucho más poderosos que España —Alemania, sin ir más lejos, cuenta con 100.000 cargos público/políticos— gestionan mejor y más austeramente lo "público" frente al descomunal aparato endogámico y clientelar instalados por estos lares. Países con unas cuentas públicas infinitamente en mejor estado que las españolas han pegado un tajo monumental a su "industria política"… Desde Italia a Suecia, hasta Holanda o Finlandia pasando por Dinamarca.

"El pueblo llano está harto de este panorama. Aunque no reacciona virulentamente en las calles, existe un malestar descriptible"

¿Acaso una superinflación de cargos públicos significa mejor y más eficaz gestión de los intereses del pueblo? Me gustaría saber la opinión real de los administradores ante la colosal montaña de administradores. Dicen que estamos ante una crisis económica/social sin precedentes en España desde la Guerra Civil. Los mejores tabuladores de grandes dígitos ya avanzan que la caída del PIB puede llegar al 20/25 por ciento y los más pesimistas lo establecen en el 30 por ciento. Esto, en román paladino, no significa otra cosa que desempleo, más pobreza y desesperación. Frente a esa realidad que se sustancia a toda prisa —1.100.000.000 nuevos desempleados en el último mes—, la nómina de los "políticos" sigue al alza como si fueran una "casta" voraz que ha incorporado a aquellos que dijeron venir a combatir situaciones insostenibles.

El pueblo llano está harto de este panorama. Aunque no reacciona virulentamente en las calles —gobierna la izquierda y cuenta con organizaciones sociales domesticadas—, existe un malestar descriptible que, quizá, pudiera estallar en determinados momentos de la pandemia social.

Como no parecen dispuestos a cambiar, pudiera resultar que tal y como pasó en el 15-M, utilizado por algunos no para poner coto a los desvaríos sino para alcanzar el poder, los ciudadanos sientan la tentación de gritar… ¡hasta aquí llegó el agua!

Con nuestros impuestos, no.

Palo Alto
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