A Sánchez se le escurre el Estado entre los dedos

Por si fueran poca cosa las dos crisis fuertemente instaladas en un Estado agonizante, se une ahora la crisis institucional

Foto: El rey preside un consejo de ministros en el palacio de la Zarzuela, el pasado mes de febrero. (EFE)
El rey preside un consejo de ministros en el palacio de la Zarzuela, el pasado mes de febrero. (EFE)

Por si fueran poca cosa las dos crisis fuertemente instaladas en un Estado agonizante, se une ahora la crisis institucional que supone a propósito de la forma de gobierno (monarquía/república) que unos insensatos, ebrios de poder y de dinero, han abierto como forma de tapar sus vergüenzas inexportables.

La marcha del rey emérito le ha venido de perlas a Iglesias y sus cuates (declaraciones ante el juez del exabogado principal de Podemos, José Manuel Calvente —"tengo pruebas de sobresueldos en B, robos y espionaje para tapar infidelidades"—) para poner el foco en otras cuestiones que importan a los contribuyentes que pagan sus privilegios lo justo. No digo que no sea relevante todo lo que ocurre alrededor del que fue icono mundial durante cuarenta años. Y mucho menos que no se haya ganado la repulsa general por actuaciones impropias en un jefe de Estado en este caso a título de Rey.

Un somero vistazo al panorama patrio podría conducirnos directamente a la melancolía sino al desespero. El señor Sánchez lleva ya más de dos años en el poder y nada de lo que prometió cuando vino a regenerar el país se ha cumplido; ni más igualdad, ni mayor distribución de la riqueza, ni menos pobres, ni más limpieza. Más paro, más enchufados, corrupción sin destapar y más desgarro en España. Sin prestigio internacional alguno y a merced de sus socios parlamentarios donde cada cuerda busca su olla. Esta es la verdad adobada con hechos. Y la verdad es siempre la verdad.

Tras 25 meses con todo el poder en sus manos, que utiliza a conveniencia propia y de sus incondicionales deudos, todo alrededor de Sánchez se ha convertido en un "aplaudiómetro" interesado y en ocasiones obsceno. Lo importante es la propaganda, salir al paso mentira en ristre, la dedicación a construir un personaje y un escenario donde todo es huero, fútil, de segundos. Nada de lo que era sólido.

Pues bien, desde su retiro bokassiano de La Mareta —con unos gastos a costa del contribuyente que le convierten en el campeón en ese 'ranking' de entre todos los primeros ministros de la UE— podrá meditar estos días acerca de la grandiosa obra que le preside. Un Estado en almoneda; la nación que retorna al fuego de la pandemia, un país mano sobre mano con más de siete millones en el desempleo; un déficit y una deuda insostenibles, y. ahora, un debate estéril acerca de la forma de gobierno.

La pregunta vuelve a resonar en todos los rincones del país. ¿Este Gobierno, —cuarteado, sin la más mínima coherencia interna—, está en condiciones de enfrentar las tres gravísimas crisis que padecemos y pagamos?

Salgan a la calle y escuchen.

PD. ¿Gobierno ecologista? Vean los vagones de tren arrojados al río Sil (Ourense) por un gobierno con "agenda ecologista". Una enchufada de Sánchez, Pardo de Vera, máxima responsable de la empresa pública todavía no ha dicho por qué lo ha hecho. Quizá lo diga próximamente cuando encabece alguna manifestación ecologista. ¡Enternecedor!

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