Sánchez se hace moño

En el imparable y veloz proceso de "podemización" del presidente solo resta que cambie sus caros y bien cortados trajes de marca por las inexportables vestimentas de su coaligado

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el vicepresidente Pablo Iglesias (d). (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el vicepresidente Pablo Iglesias (d). (EFE)

Tengo para mí que el jefe del Gobierno, tan ocupado de sí mismo, no se ha parado a pensar en determinados procederes que son salidas para hoy y atolladeros para mañana. Su escasez de lecturas históricas —recomiendo vivamente 'La velada de Benicarló' del que fue jefe de 'Izquierda Republicana' y luego presidente de la II República—, lo llevó desde el inicio mismo de su liderazgo a girar abruptamente sobre principios básicos de la coherencia más elemental. Lo mismo da arre que so, insomnio que placidez en brazos de Morfeo, seguridad jurídica elemental que arbitrariedad, ofrecer caviar y no dar pan.

Cierto es que tiene la virtualidad —hasta ahora— de engañar a muchos sobre casi todo, y personalmente —solo personalmente— no le ha ido mal. Iván Redondo, tan presente, debería recordarle que tan solo es un hombre y, muy especialmente, que la 'baraka' lo mismo que se presenta en un barrio desaparece de otro.

Lo anterior viene a cuento porque fue oído en boca del señor presidente, hace menos de cien horas, que su coaligado Iglesias goza de "toda mi confianza" cuando no se puede encontrar ni un solo español informado que a estas alturas no se haya hecho idea acerca de las andanzas económicas y otros procederes diarios del 'conducator' de Podemos.

Unos callan, otros niegan la mayor y otros se mesan los cabellos. Ese es el gran problema, que el PSOE está silente, amordazado, atemorizado...

Cierto es que Pedro Sánchez dijo —todavía no hace un año— que su querido socio representaba todo lo que abominaba —dictadura, cartillas de racionamiento, control de jueces, policías, fiscales y periodistas— y lo del sueño ya está descrito.

He preguntado a otrora importantes dirigentes socialistas —el PSOE gobernó antes de Sánchez durante 22 años—, el mismo partido que hizo cosas extraordinarias en beneficio de los españoles (ingreso en la UCD, internacionalización de la economía productiva, modernización del aparato del Estado) sobre si piensan que una mayoría de los militantes y votantes socialistas se mimetizan con el jefe supremo de Podemos. Unos callan, otros niegan la mayor y otros se mesan los cabellos. Ese es el gran problema, que el PSOE está silente, amordazado, atemorizado, acojonado ante el caudillo que salió de la cancha de baloncesto del Ramiro de Maeztu.

Una palabra sincera es eterna. Una mentira no dura más que un instante, aunque perviva un día más

Tengo para mí que el PSOE quedará libre cuando Sánchez abandone el poder por voluntad de los ciudadanos en mayoría, como el Partido Popular en Extremadura cuando José Antonio Monago de la mano de Iván Redondo fue derrotado estrepitosamente por Guillermo Fernández Vara. Lo que resultó y resulta sorprendente es que el expresidente que no supo administrar sus viajes a la entrañable Canarias siga comandando al PP en ese territorio.

En el imparable y veloz proceso de "podemización" del señor jefe de Gobierno solo resta que cambie sus caros y bien cortados trajes de marca por las inexportables vestimentas de las que hace gala su coaligado. Esto, en cualquier caso, es lo baladí.

Una palabra sincera es eterna. Una mentira no dura más que un instante, aunque perviva un día más.

Palo Alto
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