El cerebro 'pijo' del quilombo catalán

Hace algún tiempo, poco antes de que estallara el "lío" (Rajoy 'dixit') catalán, recibí una invitación a través de un editor amigo de origen italiano, para almorzar con un tal David Madí

Foto: El exdirigente de CDC y empresario, David Madí. (EFE)
El exdirigente de CDC y empresario, David Madí. (EFE)

Hace algún tiempo, poco antes de que estallara el "lío" (Rajoy 'dixit') catalán, recibí una invitación, a través de un editor amigo de origen italiano, para almorzar con un tal David Madí, que me recibió obsequioso en un imponente despacho de la Endesa catalana.

Tenía algunas referencias 'ad hominem' del entonces relativamente desconocido muchacho de la alta burguesía catalana con ancestros industriales cuya familia se había hecho rica vendiendo al resto de los españoles sus productos 'aftershave' para caballeros. Pude sacar la conclusión tras una larga sobremesa de que Madí le había prometido a Artur Mas convertirle llegado el momento en el 'Kennedy catalán'.

Nada me ha extrañado, en efecto, ver su nombre entre los detenidos durante la semana que agoniza por utilizar dinero público para mantener el sueño equinoccial de Puigdemont, sobrero del nonato Kennedy de la Tramontana.

Madí siempre soñó, como su abuelo multimillonario, en mandar en un pequeño Estado de nuevo cuño en el que España no tuviera largos brazos para que esa burguesía acaudalada gracias al mercado español operara en un territorio de 30.000 kilómetros cuadrados a su antojo. Sobre la base de un poder netamente de derechas y pijo.

Madí fue el estratega de Artur Mas cuando este, presidente de la Generalitat, cogió el AVE y se plantó ante Mariano Rajoy para pedirle dinero, mucho dinero que sabía no se lo podía dar, so pena de poner en marcha un 'procés' que en los años siguientes supondría la quiebra de lo que los burgueses catalanes consideraban ya como un "Estado fallido". Lo cierto es que todavía no había entrado en 'default'; tan solo era cuestión de esperar al otoño del 2020.

De aquellos polvos inconclusos surgió la realidad que hoy sufren, pagan y padecen 43 millones de ciudadanos que otean el presente como una sola intención: sobrevivir.

Palo Alto
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