Pedro Sánchez tira confeti y la UE exige reformas
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Josep Martí Blanch

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Pedro Sánchez tira confeti y la UE exige reformas

En el ámbito de las reformas, hay que señalar forzosamente la del mercado laboral y la de las pensiones. Aquí, las costuras del Gobierno español es más que probable que acaben por crujir

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lleva días tirando confeti sobre la opinión pública española con la intención de que su optimismo, obligado en su caso, se comporte como un virus y acabe por infectarnos a todos. Confeti para que celebremos el principio del final (sic) de la pandemia gracias a la vacunación y más confeti para festejar la segunda modernización de la economía española (sic) a cuenta de los 140.000 millones de euros con los que ha de regar la Unión Europea el plan de recuperación económica del Ejecutivo. Y hasta aquí el 'je vois la vie en rose' del presidente.

A la espera de que se cumpla el compromiso del Ejecutivo de llegar a finales de agosto con el 70% de la población española ya vacunada, lo cierto es que sobre el plan de recuperación económica se ciernen algunos nubarrones que aún están por despejar y que explican los retrasos que va acumulando su aprobación en Consejo de Ministros para su remisión a las autoridades europeas.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el jefe del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Y es que los borradores remitidos a Bruselas no han pasado todavía la prueba del algodón. Prueba que en este caso equivale a mandar algo más que folios al peso o un PowerPoint reconvertido a Word y estirado con perífrasis. Que Bruselas sea prudente no quiere decir que vaya a tragarse cualquier documento que le remita el Gobierno, por muy bien acabada que esté su redacción. Lo que para el Gobierno español son últimos detalles, para los responsables comunitarios son verdaderos vacíos que hay que concretar, tanto en el capítulo de inversiones como en el de reformas.

Bruselas no quiere que las pensiones acaben siendo una operación de maquillaje para salvar el escollo de la opinión pública española

En el ámbito de las reformas, hay que señalar forzosamente la del mercado laboral y la de las pensiones. En estos dos ámbitos, las costuras del Gobierno español es más que probable que acaben por crujir. Lo que las autoridades comunitarias exigen y lo que el Gobierno ha prometido a los españoles no son exactamente la misma cosa. La flamante vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que sigue insistiendo en la derogación de la reforma laboral aprobada por el PP en 2012, no solo no va a poder salirse con la suya, sino que tendrá que empezar a pensar en cómo hacer frente a las exigencias europeas para que esa reforma ya lejana de los populares vaya todavía más lejos y en sentido inverso a lo prometido hasta ahora. El aviso lanzado en su día por el vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, exigiendo una reforma integral y ambiciosa del mercado laboral español no era una broma. Bruselas exige también mayor ambición a la reforma de las pensiones y no quiere que estas acaben siendo únicamente una operación de maquillaje para salvar el escollo de la opinión pública española.

Foto:  El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, comparece ante la comisión de seguimiento del Pacto de Toledo. (EFE)

En el capítulo de proyectos de inversión a financiar con el plan del Gobierno, las instituciones comunitarias exigen mucha más concreción. Presupuestos más detallados, partidas presupuestarias concretas, calendarios de ejecución y todo lo que se supone que uno ha de añadir siempre a un plan para el que pide dinero para darle una pátina de rigor a lo que propone.

En resumen, los retrasos son atribuibles a dos variables. La primera es la más fácil de eximir y se corresponde a la propia dificultad que supone la redacción de un plan tan ambicioso. La segunda, en cambio, es más que probable que responda únicamente a las contradicciones políticas que genera en el Gobierno la recepción de un manantial de dinero condicionado a la puesta en práctica de reformas que contradicen su discurso ideológico. Con la dilación por cuestiones políticas, conviene ser menos o nada comprensivo.

Foto: La vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño. (EFE)

Con los fondos europeos de reconstrucción, el Gobierno español quiso construir el discurso para consumo interno de que los 140.000 millones iban a llegar a cambio de nada. El ánimo con el que Bruselas ve el plan español en estos momentos —mucho trabajo aún por hacer y poca voluntad reformista— demuestra que no va a ser así.

Más allá de Bruselas, tampoco la coyuntura política interna de algunos países europeos ayuda a que el plan español pueda aprobarse sin exigencias. En particular, las elecciones alemanas de septiembre, sin Angela Merkel como candidata y su partido perdiendo apoyo popular, influyen en el ánimo sobre las condiciones a imponer a los países más beneficiados por el plan de rescate europeo, Italia y España.

Foto: Reunión del Tribunal Constitucional en Karlsruhe, Alemania. (EFE)

No hay que olvidar tampoco la reciente sentencia del Tribunal Supremo teutón, suspendiendo provisionalmente la ratificación del fondo de recuperación europeo de la UE que hay que entender bajo la misma lógica. Añadan, si quieren, que rescates tan particulares como el de la aerolínea Plus Ultra tampoco acaban de beneficiar a los intereses españoles a la hora de tratar asuntos económicos en Europa.

Al final del camino habrá dinero y Pedro Sánchez tendrá su plan aprobado, entre otras cosas porque es imprescindible que así sea. Pero habrá que esforzarse en los próximos días para explicar para qué queremos exactamente el dinero, añadir detalles sobre cómo vamos a gastarlo y, en especial, explicar qué vamos a poner de nuestra parte para merecerlo. Visto lo visto, quizá se nos ha ido la mano demasiado pronto con el confeti.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lleva días tirando confeti sobre la opinión pública española con la intención de que su optimismo, obligado en su caso, se comporte como un virus y acabe por infectarnos a todos. Confeti para que celebremos el principio del final (sic) de la pandemia gracias a la vacunación y más confeti para festejar la segunda modernización de la economía española (sic) a cuenta de los 140.000 millones de euros con los que ha de regar la Unión Europea el plan de recuperación económica del Ejecutivo. Y hasta aquí el 'je vois la vie en rose' del presidente.

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